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Pollos tratados con antibióticos para humanos podrían ser causa de una nueva pandemia

Luisondome

Sede Central de Superdrob en Karczew. Polonia

Según publica hoy The Bureau of Investigative Journalism, el gigante cárnico polaco SuperDrob suministra productos avícolas congelados a algunos de los supermercados más grandes del Reino Unido, incluidos Lidl, Asda e Islandia. Pero, en 2020, fue una de las dos empresas relacionadas con un brote mortal de salmonella.

Al menos cuatro personas murieron y cientos más fueron envenenadas. Pero lo que nadie sabía entonces era que la carne no estaba contaminada únicamente con salmonella.

Al analizar el código genético de las muestras, demostramos, por primera vez, que parte de la carne de SuperDrob contaminada también contenía variantes de superbacterias de salmonella (gérmenes resistentes a múltiples medicamentos).

reporteros Andrew Wasley (izquierda) y Misbah Khan (derecha) recogiendo muestras en granjas polacas.acas.

Desde que expusimos por primera vez a SuperDrob, nuestras investigaciones sobre este escándalo han continuado. Y tres meses después, descubrimos que el gobierno del Reino Unido permitió que las empresas responsables siguieran suministrando carne contaminada a los principales supermercados, incluso después de que sus productos estuvieran relacionados con docenas de hospitalizaciones.

George Eustice, entonces ministro de Medio Ambiente, decidió no imponer restricciones a los proveedores responsables, tras constatar “una mejora significativa” en la situación.

Y, sin embargo, uno de ellos, SuperDrob, siguió produciendo pollos enfermos durante meses después de esta decisión, exponiendo a los consumidores a graves riesgos.

También descubrimos que los jefes de seguridad alimentaria y salud pública no informaron a los médicos (ni al gobierno polaco) que la salmonella era resistente a los antibióticos, dejándolos en la ignorancia sobre el alcance total de los riesgos.

Sin esta información, los tratamientos para las víctimas del brote podrían ser limitados. Junto con ITV News y The Guardian, nuestra investigación original descubrió que SuperDrob había comprado pollo de granjas utilizando medicamentos clasificados como "críticamente importantes" para la salud humana.

Aunque la mayor parte de las Resistencias Asociadas a los Antimicrobianos (RAM) se asocia con el uso de agentes antibacterianos en humanos, estimaciones entregadas por The Alliance to Save Our Antibiotics indican que el 66% de los antibióticos en el mundo se administran en animales de granja.


El uso excesivo de estos medicamentos aumenta el riesgo de futuros brotes de enfermedades potencialmente mortales entre los consumidores. La práctica no es considerada como ilegal, sin embargo, los científicos destacan que dicho procedimiento supone riesgos sobre la inmunidad a los antibióticos que pueden desarrollar bacterias potencialmente letales, lo que significa que los medicamentos ya no sean efectivos para tratar infecciones humanas.

Conocidas como “superbacterias”, las bacterias resistentes a los antibióticos son una amenaza creciente para la salud humana. De acuerdo con un estudio publicado por la revista The Lancet a principios del año pasado, este tipo de bacterias son responsables de la muerte de 1.2 millones de personas al año.

Según los autores del estudio, en menos de tres décadas, las superbacterias acabarán con la vida de 10 millones de personas cada año, es decir, tres veces más de las defunciones estimadas alrededor de la pandemia por covid-19 en 2020.

Para reducir el riesgo de brotes de superbacterias, la Unión Europea (UE) endureció las leyes sobre el uso de antibióticos en animales de granja. Sin embargo, la práctica en Polonia, el mayor productor de carne de aves de corral en Europa, parece ir a la alza. A decir de los datos publicados por la BIJ, las ventas de fluoroquinolonas se han incrementado en más de un 70% en aquel país. SuperDob es considerado uno de los principales productores avícolas en Polonia que genera más del 50% de sus ingresos gracias a las exportaciones de sus productos a otros mercados europeos.

SuperDrob dijo que los medicamentos estaban en uso, pero negó cualquier uso excesivo por parte de la empresa o sus proveedores. Dijo que todas sus políticas cumplen con los requisitos legales de la UE y Polonia y que muchas son incluso más estrictas que los requisitos actuales.

SuperDrob suministra productos avícolas congelados a algunos de los supermercados más populares del Reino Unido

La UKHSA, la agencia renovada a cargo de la salud pública en el Reino Unido, dijo que estaba “entre las primeras en Europa en detectar e investigar estos brotes de Salmonella Enteritidis relacionados con productos de pollo. Agregó que la salmonella generalmente no requiere tratamiento con antibióticos y que "no era una práctica estándar" para alertar a otros países sobre los casos.

Pero los abogados de seguridad alimentaria Michelle Victor y Andrew Jackson, de la firma Leigh Day, describieron el episodio como profundamente preocupante. "Indicó importantes fallos en las salvaguardias a todos los niveles, con la consecuencia de que cientos, si no miles, de personas han sufrido enfermedades y lesiones", dijeron.

Steve Nash, un activista cuya hija murió después de comer carne contaminada en otro brote de enfermedad, criticó la decisión de seguir importando pollo polaco a pesar de los riesgos conocidos.

"Este brote de salmonella podría haberse detenido antes si los departamentos gubernamentales pertinentes hubieran tomado las medidas adecuadas", afirmó.

El problema no ha desaparecido. Desde que nuestra historia original salió a la luz en junio, se han descubierto en toda la UE docenas más de envíos de carne contaminada procedente de Polonia.

Los consumidores ahora están pidiendo a Asda, Lidl e Islandia que dejen de abastecerse de pollo de SuperDrob de inmediato, y una petición lanzada en respuesta a nuestros hallazgos ya ha atraído a casi 40.000 partidarios . 


Imagen de encabezado: Oliver Kemp para TBIJ

Reporteros: Misbah Khan y Andrew Wasley

Productora de Impacto: Grace Murray

Editor de Medio Ambiente: Rob Soutar

Montaje: Franz Wild

Editor de producción: Alex Hess

Verificador de hechos: Lucy Nash

Traducción: L. Domenech

Nuestros informes sobre la resistencia a los antimicrobianos son parte de nuestro proyecto Medio Ambiente, que cuenta con varios financiadores. Ninguno de nuestros financiadores tiene ninguna influencia sobre nuestras decisiones editoriales o nuestra producción.

Estamos consumiendo pescado contaminado por los residuos electrónicos que enviamos a África

Vertedero de chatarra electrónica procedente de Europa y Norteamérica en el barrio de Agbogbloshie, en Acra (Ghana). Shutterstock / Aline Tong
Alba Ardura Gutiérrez, Universidad de Oviedo

¿Quién no tiene un móvil, una tableta e, incluso, un coche eléctrico? ¿Quién no se queja cuando sus aparatos electrónicos comienzan a cargar peor y a disminuir la durabilidad de sus baterías? ¿Cada cuánto tiempo cambiamos nuestros dispositivos electrónicos?

Pero ¿quién sabe cómo y de dónde proceden los materiales necesarios para fabricar esas baterías? ¿Quién sabe qué pasa con los dispositivos que tiramos?

Los dispositivos electrónicos que todos y todas tenemos son una mezcla compleja de cientos de materiales. Entre los que se encuentran metales pesados como plomo, mercurio o cadmio.

Para que se hagan una idea, un teléfono móvil tiene entre 500 y 1 000 compuestos diferentes. Además, hay que saber que la obtención de estos materiales pone en riesgo la salud de los trabajadores y las trabajadoras que extraen los metales en las minas y fabrican los productos. Y al final de su vida útil, si esos materiales no son tratados adecuadamente, las sustancias peligrosas que contienen pueden contaminar el medio ambiente y afectar a la salud de las personas.

El círculo vicioso de los dispositivos electrónicos

La mayoría de los metales necesarios para la producción de dispositivos electrónicos son extraídos en minas de países en vías de desarrollo, como África. Una vez obtenidos, son comprados por grandes empresas asiáticas para producir los componentes de los aparatos electrónicos.

Finalmente, los teléfonos inteligentes, tabletas y coches eléctricos producidos serán vendidos en todo el mundo. Aunque la mayoría de los consumidores vivirán en países desarrollados, como los de América del Norte y Europa.

Pero esto no es todo. Cuando nuestros dispositivos electrónicos ya están obsoletos y su batería no dura lo suficiente, el viaje de los metales pesados que comenzó en las minas africanas termina con el envío de nuestra basura electrónica de nuevo al continente africano.

Los países ricos pagarán a los países pobres por hacerse cargo de su basura, siendo una parte importante de su economía. Pero causando un gran problema medioambiental, ya que el reciclaje en estas zonas no está lo suficientemente desarrollado.

El caso del vertedero de Ghana

A modo de ejemplo, en Ghana, país de África occidental, está uno de los vertederos de residuos electrónicos más grandes del mundo, y recibe principalmente desechos electrónicos europeos. En este vertedero, la basura tecnológica se acumula para ser posteriormente quemada.

Esos desechos pueden empezar a descomponerse, produciendo gases que van a la atmósfera y líquidos que penetrarán en la tierra. Su quema también emitirá gases peligrosos que pasan a la atmósfera. Estudios previos ya han demostrado que el vertedero de desechos electrónicos de Ghana causa una contaminación importante del suelo y la atmósfera por metales pesados.

Sin embargo, las poblaciones locales desconocen los problemas ambientales que producen estos desechos electrónicos, respirando esos gases y consumiendo los recursos naturales de los alrededores. No existe ningún control sanitario previo.

Vertedero de chatarra electrónica procedente de Europa y Norteamérica en el barrio de Agbogbloshie, en Acra (Ghana). Shutterstock / Aline Tong

La contaminación regresa a Europa

La vuelta de la basura electrónica europea a los países africanos cierra un círculo que es un claro ejemplo de la política global actual: el primer mundo extrae lo que necesita y devuelve lo que ya no quiere.

El enorme coste ambiental de los metales necesarios para saciar la necesidad cada vez mayor de dispositivos eléctricos y electrónicos en países desarrollados lo están pagando los países productores y receptores de desechos en África. Mientras tanto, los estados europeos se benefician de los nuevos aparatos y el transporte ecológico sin carbono gracias a los automóviles eléctricos que llevan minerales africanos en sus baterías.

Pero quizás ese círculo no sea perfecto y esta contaminación esté llegando a los ciudadanos europeos. Los productos del mar podrían ser un posible vector de contaminación por metales pesados entre África y Europa.

Los metales pesados producidos en áreas mineras y en vertederos de desechos electrónicos llegan a las aguas costeras a través de ríos y riachuelos y se acumulan en los sedimentos marinos. Desde allí, entrarán en la cadena trófica a través del plancton. Luego pasarán a los peces que consumen ese plancton para, finalmente, terminar en los grandes depredadores.

La acumulación de estos metales contaminantes dependerá de las especies, dependiendo de su nivel trófico, su historia de vida y sus hábitos de alimentación.

El círculo de los contaminantes electrónicos. FAO / Modificado de Garcia-Vazquez et al., 2021

Atunes con altos niveles de metales pesados

Un ejemplo de pescado altamente depredador que acumula metales pesados es el atún. Este pescado no es aconsejable para niños y mujeres embarazadas debido al alto contenido en mercurio que puede presentar. La presencia de metales en estos peces depende de la especie, el sexo y la zona en la que se desarrolle.

El pescado capturado en aguas africanas entra en el comercio mundial y se puede vender en cualquier lugar, apareciendo en el mercado europeo. Los acuerdos de asociación de pesca sostenible de la Unión Europea permiten a los barcos de la Unión capturar atún mientras migra a lo largo de las aguas africanas. Por tanto, si la contaminación africana por metales pesados llega al atún en mar abierto a través de las plumas de los ríos y la cadena trófica, Europa podría estar consumiendo la contaminación por metales pesados a través de la ingesta de especies marinas capturadas en aguas africanas.

Mapa de zonas de pesca de la UE en costas de otros países
Hay 12 acuerdos de asociación de pesca sostenible en vigor entre la UE y países del océano Atlántico, Pacifico e Índico. UE

¿Qué obtendríamos si analizásemos atunes procedentes de diferentes zonas de pesca y comercializados en España? ¿Estarían los metales extraídos en minas africanas, presentes en los desechos electrónicos, concentrados en atunes procedentes de aguas africanas?

La respuesta es sí. Los resultado de un estudio que hemos publicado recientemente muestran concentraciones más altas de todos los metales analizados en atunes capturados en aguas africanas, sobre todo de mercurio y plomo.

Además, las concentraciones de metales en los atunes están relacionadas con las concentraciones encontradas en las aguas donde fueron capturados, mostrando que los peces están incorporando los metales presentes en el ambiente en el que viven.

¿Qué podemos hacer?

Ahora que sabemos que el océano nos devuelve todo lo que le enviamos, y que puede estar dañando nuestra salud, ¿qué podemos hacer?

Estos son algunos ejemplos de vías de actuación:

  1. Estudiar en profundidad cómo pasa la contaminación por metales de los ríos y la tierra al mar.

  2. Estudiar en profundidad cómo se acumulan estos metales en la cadena trófica marina.

  3. Estudiar el riesgo de ingestión de metales pesados a través del consumo de productos del mar contaminados con metales procedentes de la minería y la basura electrónica.

  4. Educar en un consumo responsable de aparatos electrónicos, dando a conocer la procedencia y el tratamiento de los residuos derivados.

  5. Trabajar hacia la mejora en el tratamiento de desechos electrónicos en los países productores e importadores.The Conversation

Alba Ardura Gutiérrez, Investigadora posdoctoral en el Área de Genética, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Las abejas indican la presencia de microplásticos en el medio ambiente


Abejas urbanas en una colmena. Asociación Danesa de Apicultores, Author provided
Carlos Edo, Universidad de Alcalá; Francisca Fernández Piñas, Universidad Autónoma de Madrid y Roberto Rosal, Universidad de Alcalá

Los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico de entre 5 milímetros y 1 micrómetro (el tamaño de una bacteria). Puede que ya le resulten familiares por los numerosos informes que alertan de su presencia en el medio ambiente.

Recientes investigaciones muestran la alta capacidad de estos fragmentos para alcanzar los diferentes compartimentos ambientales: los océanos, los ríos, los suelos y el aire. Es tanta la movilidad de los microplásticos que hasta se han encontrado en lugares remotos del Ártico o de la Antártida.

Gracias a la colaboración entre las Universidades de Alcalá, Autónoma de Madrid y de Almería con la Asociación Danesa de Apicultores, hemos evaluado la capacidad de las abejas para recoger, por adherencia, microplásticos en sus viajes diarios. La asociación danesa cuenta con más de 6 000 apicultores y tiene la ventaja de desarrollar apicultura de zonas urbanas.

El estudio aporta la primera evidencia de cómo las abejas (y otros insectos) entran en contacto con estos materiales, que por supuesto acaban en el interior de las colmenas. Hasta ahora se había investigado principalmente si había plástico en la miel o qué pasaba con los polinizadores que se exponían a alguno de estos polímeros.

La ubicuidad y persistencia de este tipo de residuos los convierten en un problema global sin que exista una idea clara de cómo se transfieren de un medio a otro. Además, aún se desconocen en gran medida sus efectos sobre el medio ambiente y la salud de las personas.

Microplásticos de origen marino. Carledcu / Flickr

Microplásticos en el aire

De todos los medios explorados, el aire es el más desconocido en cuanto a la presencia de microplásticos. La mayoría de los estudios publicados hasta la fecha investigan los materiales que se depositan en el suelo utilizando muestreadores específicos.

Recientemente, hemos demostrado la presencia de materiales a gran altura sobre el cielo de Madrid. Sabemos, por lo tanto, que los microplásticos tienen la capacidad de alcanzar grandes altitudes.

Una vez han ascendido lo suficiente, el movimiento de las masas de aire mueve los microplásticos de una zona a otra. La movilidad es mayor cuanto menor sea el tamaño de las partículas.

Si bien parece que el aire es una pieza clave en la distribución de los microplásticos, todavía no está claro cómo se producen los desplazamientos, el origen de estos plásticos ni si su flujo tiene una determinada temporalidad.

Las abejas como biomonitores

Las abejas de la miel (Apis mellifera) son excelentes biomonitores de diversos contaminantes. Gracias a ellas, se pueden monitorizar los productos veterinarios usados por los apicultores para su cuidado, los pesticidas de origen agrícola y otros contaminantes presentes en su radio de exploración. Estos controles garantizan que la calidad de los productos como la miel, la cera y el polen sea óptima.

Las principales ventajas de las abejas como bioindicadores son la sensibilidad que tienen a los tóxicos, su alta tasa de reproducción y su amplio radio de acción. Sus largos vuelos, de hasta 14 km, les permiten recorrer zonas inaccesibles para el hombre.

Abeja recolectando polen.
Abeja recolectando polen. Shenandoah National Park / Flickr

Una investigación novedosa

Para llevar a cabo nuestro último estudio, fijamos primero un protocolo y recolectamos una serie de muestras de las abejas durante la pasada primavera. Después, evaluamos la presencia de los microplásticos que llegaron fijados a los insectos en una serie de colmenas situadas en diecinueve localizaciones de Copenhague y alrededores.

Localización de los puntos de muestreo. Fotografía de los autores, Author provided

En sus desplazamientos en búsqueda de néctar y flores, las abejas retienen en sus cuerpos las fibras y fragmentos de plástico que estén presentes en el aire debido a interacciones electrostáticas entre sus cuerpos y los microplásticos.

La cantidad de plástico que se encuentre en cada colmenar, cuyos individuos comparten área de vuelo, constituye una medida de la cantidad de estos materiales en el entorno.

Detalle de micropartículas de diversos materiales adheridas a distintas partes de la abeja. Science of The Total Environment, Author provided

Microplásticos en todas las colmenas

Hemos detectado microplásticos de diversas formas y colores, tanto fibras como fragmentos, en todas las localizaciones muestreadas. La mayor cantidad de plásticos, como era de esperar, se ha encontrado en las zonas urbanas. Sin embargo, en las regiones suburbanas e incluso en las rurales también se han encontrado cantidades destacables. Proceden de zonas urbanas próximas, que son la fuente principal de esta contaminación.

En nuestro trabajo, hemos identificado trece polímeros sintéticos diferentes entre los que destacan las fibras de poliéster. La contaminación por fibras sintéticas es un problema común y señala directamente al uso de materiales sintéticos como fuente importante de microplásticos en el medio ambiente.

Otros plásticos como el polietileno o el cloruro de polivinilo aparecieron con frecuencia en las muestras junto con materiales de algodón o lana que han sufrido algún tipo de tratamiento para su uso textil (la presencia de colorantes y otros aditivos químicos también es motivo de contaminación).

Aspecto de los microplásticos encontrados adheridos al cuerpo de las abejas. Science of the Total Environment, Author provided

La actividad humana, fuente de microplásticos

En este estudio pionero, demostramos la presencia de microplásticos y otros materiales antropogénicos adheridos al cuerpo de las abejas. Esto las hace útiles como biomonitores de la presencia de estos materiales en la naturaleza.

Este enfoque abre un abanico de posibilidades para futuros estudios. Gracias a esta especie, podemos llegar a conocer más sobre la dispersión de los plásticos desde los núcleos urbanos, las variaciones geográficas y temporales de esas dispersiones, y cómo la presencia de microplásticos cambia con el perfil sociodemográfico de las zona estudiadas.

Por otra parte, no hay que olvidar que la situación óptima debería ser la poca o nula detección de microplásticos y esto está lejos de ocurrir. La contaminación por microplásticos está asociada a la actividad humana y mientras utilicemos polímeros sintéticos será necesario establecer programas de vigilancia y monitorización.

El uso de biomonitores permite obtener datos de lugares muy dispares con una inversión limitada. De esta forma, las abejas pueden contribuir a mejorar la gestión de nuestros residuos plásticos.The Conversation

Carlos Edo, Estudiante de Doctorado en Hidrología y Gestión de los Recursos Hídricos. Departamento de Química Analítica, Química Física e Ingeniería Química, Universidad de Alcalá; Francisca Fernández Piñas, Catedrática de Biología, Universidad Autónoma de Madrid y Roberto Rosal, Catedrático de Ingeniería Química, Universidad de Alcalá

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

¿Se puede transmitir la covid-19 a través de los alimentos?

 

Shutterstock / FamVeld
Saioa Gómez Zorita, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

El origen del coronavirus responsable de la covid-19 no está claro. Probablemente un animal actuó como reservorio (quizá un murciélago) e infectó a otros (como pangolines, cerdos y roedores), que actuaron como hospedadores secundarios. Estos entraron en contacto con al menos una persona, puede que a través de su consumo, y la infectaron. Cuando la enfermedad pasa de un animal a un humano hablamos de una enfermedad zoonótica.

Aunque la primera infección se produjera de este modo, en la actualidad no existe evidencia suficiente para alarmar a la población sobre el riesgo de contagiarse por consumir alimentos contaminados. Al menos, no en nuestra sociedad. Los coronavirus necesitan un hospedador (animal o humano) para crecer y no se desarrollan en los alimentos. Efectivamente, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha indicado que actualmente no existen pruebas de que los alimentos planteen un riesgo para la salud pública en relación con la covid-19. Hasta la fecha, no se ha notificado transmisión de covid-19 a través del consumo de alimentos.

Por otra parte, la experiencia previa de brotes de otros coronavirus afines al SARS-CoV-2, como el responsable del SARS y el del MERS, nos muestra que no se produjo transmisión a través del consumo de alimentos.

Pese a ello, dado que el riesgo cero no existe, habría que tener en cuenta lo siguiente:

  1. Evitar la ingesta de animales exóticos o salvajes como los murciélagos, las civetas o los pangolines.

  2. Extremar las precauciones con carne de mamíferos o aves procedentes de instalaciones en las que haya habido focos de infección.

  3. Impedir la contaminación de los alimentos, o los envases en los que se encuentran, a través de las gotitas respiratorias de una persona infectada (al hablar, toser, estornudar).

  4. Evitar la contaminación cruzada de alimentos. Por ejemplo, por una limpieza no adecuada de los recipientes donde se han almacenado o de los utensilios previamente utilizados con los animales muertos/no cocinados.

Consejos prácticos:

En relación con la seguridad de los alimentos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado recomendaciones para la prevención, que también incluyen asesoramiento sobre el mantenimiento de buenas prácticas higiénicas durante la preparación y la manipulación de los alimentos.

  1. Limpieza frecuente de manos preferiblemente con agua y jabón, en su defecto con una solución hidroalcohólica.

  2. No tocarse la cara o el pelo y posteriormente, sin lavarse las manos, manipular alimentos.

  3. Los trabajadores que manipulen alimentos deberán utilizar mascarilla.

  4. Lavar la fruta y verdura con abundante agua, frotando los alimentos o bien sumergirlas durante 5 minutos en agua potable con 1 cucharita de postre de lejía (4,5 ml) por cada 3 litros de agua y acláralas después con abundante agua corriente.

  5. Cocinar los alimentos adecuadamente (evitar que estén crudos), ya que otras técnicas como la refrigeración o la congelación no solo no eliminan el virus sino que prolongan su supervivencia (el virus aguanta más tiempo en congelación que a temperatura ambiente). El cocinado de los alimentos sería suficiente para matar los virus. Un tratamiento con calor que suponga al menos 30 minutos a 60 °C es efectivo en el caso del SARS.The Conversation

Saioa Gómez Zorita, Investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberObn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Catedrática de Nutrición, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.