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Sin macrogranjas ¿podríamos consumir carne a un precio asequible?

Shutterstock / ArtbyPixel
María Arias Álvarez, Universidad Complutense de Madrid; Clemente López Bote, Universidad Complutense de Madrid; Felipe José Calahorra Fernández, Universidad Complutense de Madrid; Manuela Fernández Álvarez, Universidad Complutense de Madrid y María Isabel Cambero Rodríguez, Universidad Complutense de Madrid

El fin primordial del sector agroalimentario en general, y de la ganadería en particular, es aportar a la sociedad alimentos de alto valor nutritivo y de alta calidad sanitaria y sensorial. El desarrollo científico y tecnológico de los últimos 60 años ha permitido incrementar la eficacia de los sistemas productivos, proceso conocido como intensificación. Esto ha posibilitado que la oferta de alimentos sea suficiente, amplia y asequible económicamente para la mayoría de la población mundial.

Respecto a la evolución del mercado en estas décadas, es interesante resaltar que el gasto medio familiar en alimentos ha descendido en España desde más del 50 % de su presupuesto hasta aproximadamente el 14 %.

El sistema agroalimentario español

Por sus condiciones climáticas, la ubicación y la capacidad y buen hacer de sus profesionales, el sector agroalimentario es especialmente pujante en España desde su incorporación a la Unión Europea en 1986. Supone un referente en la producción de alimentos, con un elevado potencial para convertirse en la huerta y granja de Europa.

Actualmente, el sector agroalimentario es uno de los principales motores económicos de España, con un elevado impacto en el comercio exterior, y es uno de los que más empleo genera (11,9 %). Se encuentra repartido por todo el territorio nacional, por lo que desempeña un papel esencial en la fijación de la población rural.

La cadena de valor agroalimentaria (producción, industria y distribución) aporta el 9,1 % del valor añadido bruto. Además, a nivel europeo, el sector agroalimentario español destaca por su productividad y competitividad (34,2 % y 30 % superior a la media de la Unión Europea, respectivamente). Cabe añadir que el sector agroalimentario contribuye de forma más o menos directa al desarrollo del turismo gastronómico, la restauración y al avance científico y tecnológico en este área.

Una prueba de la eficacia de nuestro sistema agroalimentario es su capacidad de responder a situaciones de crisis. Conviene recordar que en el periodo de confinamiento durante la pandemia de la covid-19, ha mantenido un abastecimiento ininterrumpido de todos los tipos de alimentos, cosa que no ha ocurrido en algunos países de nuestro entorno. Además, en 2020, las exportaciones de este sector se incrementaron en un 4,4 % mientras que la exportación general cayó un 10,3 %.

Vacas descansando en un prado de alta montaña.
Lo que algunas personas entienden como agricultura y ganadería tradicional disminuyó drásticamente, hasta casi desaparecer, hace más de cuatro décadas por razones económicas, demográficas y de bienestar de la población rural. Shutterstock / Irene Castro

Precios justos y accesibles

En una sociedad cada vez más desvinculada del medio rural, existe un desconocimiento generalizado de cómo se producen los alimentos de origen animal. Los sistemas de producción intensivos surgieron para satisfacer la alta demanda de alimento de una población mal nutrida, específicamente en los estratos sociales más desfavorecidos.

Lo que algunas personas entienden como agricultura y ganadería tradicional disminuyó drásticamente, hasta casi desaparecer, hace más de cuatro décadas por razones económicas, demográficas y de bienestar de la población rural. De hecho, el 80-90 % de los productos que consumimos actualmente proceden de la agricultura y ganadería intensivas. Esto es debido, en parte, a la falta de precios justos y a los altos costes de producción, lo que ha dificultado la supervivencia de las granjas familiares y ha favorecido la implantación de sistemas de producción más eficientes.

Es preciso aclarar que en la legislación española y comunitaria no existe el término “macrogranja”. La RAE ni siquiera lo contempla. Por analogía, es un término que se asocia a la producción intensiva y a granjas de gran tamaño, sin especificar el número de animales.

En la ganadería, como en cualquier otra actividad económica, la producción a gran escala permite reducir costes. Optimiza recursos humanos y de abastecimiento de materias primas, con sus ventajas e inconvenientes.

Por una parte, no puede discutirse el efecto que tiene la producción intensiva en la reducción de los precios. De forma generalizada, en todo el mundo, las granjas más pequeñas son menos competitivas y por ello su número es cada vez más reducido.

Mientras que los costes del pienso para los animales, la energía eléctrica, el agua y los combustibles han aumentado considerablemente, el precio de la carne se ha mantenido estable desde la década de 1980, gracias al avance de los sistemas de producción intensiva. Esto ha permitido que la carne, como alimento de alto valor nutritivo, sea accesible a todos los sectores sociales de España.

Hasta la primera mitad del siglo XX, el hambre y la subnutrición afectaban a más del 50 % de la población mundial. En la actualidad la subalimentación supone menos del 11 %. La mejora de la accesibilidad a alimentos de elevado valor nutritivo se refleja en la reducción de la incidencia de déficits nutricionales y el aumento de indicadores asociados a la salud (como la talla media y la longevidad).

Piezas de vacuno vasco y gallego en el mercado barcelonés de La Boquería. Shutterstock / Wirestock Creators

Sistemas de producción y calidad de la carne

Calidad es un concepto amplio que en los alimentos abarca distintos aspectos. Así, hablamos de calidad sensorial, nutritiva y microbiológica. En el caso de la carne, un alimento complejo constituido por diversos tejidos, la calidad está condicionada por diversos factores como la especie, la raza y el sexo del animal, el sistema de producción, la alimentación y sus interacciones.

La definición más extendida de calidad de la carne se centra en la percepción objetiva y subjetiva de su composición (relación magro-grasa-tejido conjuntivo) y de sus propiedades sensoriales (aspecto, color y brillo, aroma, sabor, dureza y jugosidad). Sin embargo, más allá de la percepción directa del consumidor, hay otros aspectos que se relacionan con la calidad nutritiva y la seguridad.

Desde el punto de vista nutritivo, la carne, al igual que otros alimentos de origen animal, es una excelente fuente de proteínas con un gran valor biológico y de vitaminas (especialmente B6 y B12) y minerales esenciales (fundamentalmente hierro, zinc, magnesio, potasio, fósforo y selenio).

La cantidad de proteína en la carne puede variar entre un 12 % y un 20 % en función de la especie, de la región anatómica y de la edad del animal. En general, los animales criados en explotaciones intensivas tienden a presentar una carne de composición más homogénea, con menos engrasamiento, especialmente de grasa infiltrada en el músculo. Por tanto, tiene un mayor porcentaje de proteínas, es decir, es una carne más magra que la procedente de la cría en extensivo.

Un conocido ejemplo es la carne de los cerdos ibéricos criados en extensivo o semiextensivo. Las características de la raza, así como el ejercicio y la mayor edad de los animales, confieren un mayor grado de infiltración de grasa, que además es más insaturada, con la consiguiente repercusión en la calidad sensorial y nutritiva. Por su parte, el cerdo de capa blanca procedente de producciones en intensivo proporciona en general una carne más magra y una grasa más saturada, con menores matices sápidos y aromáticos, pero igualmente nutritiva.

Es indudable que las condiciones de cría influyen en la calidad de la carne. Un animal estresado o mal alimentado tendrá un menor índice de crecimiento y una carne más magra y menos jugosa. Los factores estresantes se pueden dar en todos los sistemas de producción. Sin embargo, los veterinarios, de acuerdo con la legislación vigente, velan por que las condiciones sean las adecuadas a lo largo de toda la vida del animal.

Regulación sanitaria

Toda la ganadería en España, independientemente del sistema de producción, está sometida a estrictos controles sanitarios en el ámbito de la legislación de la Unión Europea y de la estrategia De la granja a la mesa, el Pacto Verde Europeo y la iniciativa Una Sola Salud.

Los veterinarios también llevan a cabo las inspecciones pertinentes para garantizar que al mercado llegue carne segura para la salud del consumidor, es decir, procedente de animales sanos, sin enfermedades transmisibles a los humanos y sin sustancias nocivas.

En España existe un Plan Nacional de Investigación de Residuos cuyo objetivo es controlar la presencia de distintas sustancias (antibióticos y otros medicamentos, plaguicidas, metales pesados y otros contaminantes ambientales) en animales vivos y sus productos, y en aguas residuales y piensos. Este plan es de obligado cumplimiento en todas las instalaciones ganaderas.

La comercialización de la carne y sus productos derivados se rige por el Plan Nacional de Control de la Cadena Alimentaria, coordinado y aprobado, entre otros, por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), organismo adscrito al Ministerio de Consumo.

Veterinario en una explotación intensiva de porcino. Shutterstock / hedgehog94

Competitividad en el mercado internacional

Además de la ganadería intensiva, y aunque minoritarios, en España conviven otros tipos de producción: ecológica, extensiva, semiintensiva y familiar intensiva de pequeño tamaño. Es el país con mayor superficie de agricultura ecológica de Europa y ocupa el cuarto puesto a nivel mundial. Esta ganadería, que está enfocada a un mercado de mayor poder adquisitivo, es también un sector vigoroso y de incuestionable valor porque está directamente relacionado con la gastronomía, la biodiversidad, la tradición y la vida rural.

En su conjunto, la ganadería española tiene una gran potencia exportadora y tiene, en la calidad de sus producciones, su mayor valor. En 2020, la cadena ganadería- industria cárnica aportó 8 680 millones de euros de exportaciones a la balanza comercial de España y un saldo positivo del 799 %, que contribuyen a paliar el tradicional déficit comercial de nuestro país.

En los países exportadores de carne, las granjas tienden a ser cada vez de mayor tamaño. Ello permite una producción más homogénea y continua, a precios más competitivos y con mayor tecnificación. Resulta difícil competir en el complicado mercado internacional con granjas de pequeño tamaño para exportar carne a países de gran demanda como China, uno de los principales destinos de los productos españoles.

En este sentido, es interesante señalar que la dimensión media de las granjas españolas es actualmente más pequeña que en la mayor parte de los países competidores en el comercio internacional.

¿Deberían prohibirse las granjas grandes?

Los principales perjudicados por la prohibición de cualquier sistema que permita un menor coste de producción son los consumidores de menor poder adquisitivo. En segundo lugar, y en el caso de la producción animal, serían los ganaderos afectados y el sector cárnico en su conjunto los que perderían competitividad en el mercado internacional, y por extensión la economía del país.

Una producción basada exclusivamente en sistemas extensivos supondría que los procesos productivos serían, en muchos casos, más largos (se tardaría más tiempo, por ejemplo, en que un animal alcanzase el peso comercial) y los rendimientos disminuirían (por ejemplo, la producción de huevos por gallina y año sería mucho menor).

Todo lo anterior implicaría que la oferta global de alimentos se reduciría frente a una demanda, como mínimo, estabilizada. Esto provocaría situaciones de escasez y desabastecimiento, con la consiguiente subida de los precios. Este incremento de los precios afectaría fundamentalmente a las familias más desfavorecidas económicamente, que no tendrían, en muchas ocasiones, acceso a alimentos de elevada calidad nutritiva como los de origen animal.

Para paliar esta situación habría que recurrir a la importación de productos más baratos procedentes de otros países más competitivos en precio (por tener salarios más bajos y normativas sanitarias y de bienestar animal menos exigentes que las europeas), pero con menores garantías de cumplir los requisitos de calidad adecuados.

No sería la primera vez que se prohíba o dificulte la producción de un cierto alimento, pero al mismo tiempo se autorice la importación de ese mismo producto procedente de otro país. Desgraciadamente hay muchos ejemplos en ese sentido que explican en buena medida la dificultad que encuentra el sector agroalimentario español para competir, un factor parcialmente responsable de la despoblación rural.

¿Desaparecerá la producción tradicional?

En un mercado competitivo, para que las granjas pequeñas puedan sobrevivir y competir, es preciso que la sociedad valore y demande sus productos. Un aspecto clave es la diferenciación del mercado. Si la producción llega al mercado sin diferenciación y no existe promoción de ningún tipo, solo la eficiencia (el precio) importa, y esto impulsa el incremento de granjas de mayor tamaño.

Se necesita, por tanto, una política agroalimentaria continuada y activa, orientada a la mejora de la tecnificación de todos los sistemas de producción (también de los pequeños), de los canales de comercialización y promoción de los productos y al desarrollo de sistemas de trazabilidad. Es decir, una promoción y orientación del consumo.

En estos principios se basa la Política Agraria Común, que tiene muchos aspectos manifiestamente mejorables en su implementación, pero debería ser el centro de atención de las políticas agrarias y de consumo. Se trata de potenciar y valorizar lo artesano y tradicional, consiguiendo que los consumidores de nivel adquisitivo medio acepten pagar más de 60-70 céntimos por un litro de leche o más de 10 céntimos por un huevo.

La falta de estructuración del mercado es un aspecto clave para el sector agroalimentario español que obliga a los agricultores y ganaderos a competir en un entorno internacional con países que tienen costes de producción mucho más bajos. Este es el reto conjunto que debería abordarse y coordinarse desde los correspondientes ministerios.The Conversation

María Arias Álvarez, Profesora del Dpto. Producción Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad Complutense de Madrid; Clemente López Bote, Catedrático de Veterinaria, Universidad Complutense de Madrid; Felipe José Calahorra Fernández, Profesor de Economía Agraria, Universidad Complutense de Madrid; Manuela Fernández Álvarez, Profesora Titular de Tecnología de los Alimentos, Universidad Complutense de Madrid y María Isabel Cambero Rodríguez, Catedrática de Tecnología de los Alimentos, Universidad Complutense de Madrid

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Ni lo uno, ni lo otro. En el punto medio está la virtud


Por Luis Domenech / Julio 7, 2021

Hoy nos han sorprendido los telediarios anunciando que debemos de reducir la ingesta de carnes porque estamos entre los mayores productores y consumidores de toda Europa y uno de los grandes productores y consumidores mundiales, causándole un gran daño al medio ambiente y a nuestro cuerpo por ello y al mismo tiempo por no cumplir con las normas de la dieta saludable. Hasta el mismísimo Ministro de consumo Sr. Garzón se descolgó con un videotweeter para convencernos de esto en primera persona, y he de decir que tiene razón el Sr. Ministro en algunas de los datos que da, pero no en todas las cosas que afirma.


Si es cierto que los españoles somos los mayores consumidores de proteína cárnica de toda Europa. Si es cierto que España produce anualmente 7,6 millones de toneladas de carne, y que para ello necesitamos sacrificar alrededor de 70 millones de animales. Pero aún así, el Ministro se ha pasado tres pueblos al decirnos lo que debemos y no debemos de hacer con nuestra dieta.
Frente al video de Garzón, que afirma que debemos de comer menos carne, muestro este otro del Dr. Javier Pérez Castells, doctor en química orgánica y profesor del CEU San Pablo que le quita hierro al asunto.



España está entre los mayores productores de carne de vacuno y de porcino de Europa, y somos líderes en ovino y caprino. Lo que no nos cuenta el Sr. Garzón es que la ganadería industrial e intensiva está convirtiendo a España en el establo de Europa, razón por la cual la Comisión Europea se moviliza ante los efectos contaminantes del engorde de animales mientras la cabaña de cerdos, ovejas, cabras, terneros y conejos de abasto se dispara por encima de los 62 millones de cabezas y el sacrificio de aves supera los dos millones diarios pese a caer el consumo interno de carne. Pero demos algunos datos mas: en nuestro país se producen 7,6 millones de toneladas de carne al año, y para ello se sacrifican cada año mas de 70 millones de animales. 



Hay dos tipos de ganaderías en España: las que se dedican a la ganadería extensiva, hablamos de pequeñas granjas con un número limitado de animales, y la ganadería intensiva, que es la que acumula en sus instalaciones a miles de animales.

En lo que al consumo de carne se refiere, en España consumimos algo mas de un kilo de carne por persona y por semana, mientras que la cantidad recomendada está entre los 250 y los 500 grs. de carne por persona y semana.

La cabaña de vacuno

Pero producir carne de vaca que producimos, supone la emisión de un 14,5% del total de GEI (Gases de Efecto Invernadero). A su vez, para producir este kilo, son necesarios usar mas de 15.000 litros de agua en toda la cadena de valor, lo que es una enormidad. Además, al ganado hay que alimentarlo, y para producir el pienso y los pastos necesarios, las granjas intensivas necesitan de enormes extensiones de terreno, terreno que aleja a las poblaciones autóctonas de su lugar tradicional.

La producción ganadera da trabajo en España a mas de dos millones de personas, y es un país exportador de carne, principalmente hacia Francia y sobre todo China.

Por cabañas, nuestra ganadería ha crecido un 8,7% en cerdos, un 3,5% en terneras, se ha mantenido en conejos y en cabras y ha descendido un 19% en ovejas. Producimos un 450% mas de lo que comemos, a pesar de ser de los mas grandes consumidores del mundo, y con este volumen de producción seríamos capaces de alimentar a mas de 211 millones de personas, mas de cuatro veces nuestra población total.

La cabaña porcina

  • España es el 4º productor mundial de carne de cerdo.
  • El sector supone el 36,4 de nuestra cabaña ganadera.
  • Producimos 30 millones de cerdos/año.
  • Sacrificamos 50 millones de cerdos/año (Hay dos crías por año).
  • Producimos el 170% de lo que consumimos
  • El 40% de la producción total se va a la exportación (China y Francia), y especialmente los jamones.
  • El valor total de la producción del sector es de 6.894 millones de € (año 2017).
  • El número total de granjas en España ha descendido (12.900 menos desde 2007), mientras aumenta el de granjas intensivas 504 mas en el mismo periodo.
  • Solo en la provincia de Cuenca, según datos proporcionados por la Consejería de Desarrollo Sostenible, desde 2009 se ha quintuplicado el número de cabezas de cerdo, pasando de 106.977 a las 553.848 cabezas en la actualidad.
La cabaña avícola

  • España produce 43 millones de gallinas/año.
  • Solo el 7% de la producción total son de cría alternativa, mientras que el resto se cría en jaulas.
  • En Europa la cría alternativa supone una media del 44% y mientras que en Alemania esta llega al 90%. 
  • Las gallinas camperas o ecologías suponen el 4,6% del total de la cabaña.
  • España es el 4º productos de huevos de la UE, con un total de 828.000 toneladas, según datos del Ministerio del ramo..

Lo que nos indican todos estos datos, es que estamos ante un gran negocio, pues generamos unos excedentes que exportamos y que reporta una buena cantidad de divisas para nuestro país, pero que no todo es beneficio, pues también genera problemas de exceso de consumo, y de carácter medioambiental, por la generación de GEI, de deficit de tratamiento de excrementos y de exceso de nitratos que contaminan el medioambiente, especialmente las aguas superficiales y los acuíferos, y este el el problema que hay que evitar.

Decíamos que la carne es un gran negocio, y donde hay grandes negocios, hay grandes empresas detrás de ellos. Esto también pasa en el sector ganadero. Las grandes empresas cárnicas acaparan el mercado y hasta cierto punto logran regular con precios a la baja que abaratan los productos en los lineales y que causan pérdidas a los pequeños ganaderos de las ganaderías extensibles que no pueden competir con las grandes marcas propietarias de las grandes ganaderías intensivas, que son las grandes contaminantes, por sus excedentes de excrementos y purinas que no tratan adecuadamente por que hacerlo cuesta dinero. Son algunas de estas granjas las que contaminan pozos, acuíferos y aguas superficiales con vertidos, algo que no suele pasar con las ganaderías extensivas que son mucho mas sostenibles y que no causan daño al medio ambiente. Este es el tipo de explotación ganadera que hay que promover y proteger.

Como decía, la ganadería intensiva necesita de enormes extensiones de terreno, para obtener los pastos y lo necesario para alimentar su ganado. También necesita enormes cantidades de agua para que los animales beban y para la limpieza de ganado e instalaciones. No sería problema si todo ese agua residual se tratara convenientemente antes de devolverla al cauce, pero esto no siempre es así, hasta el 65% de los vertidos a aguas provienen de deshechos de granjas, según el Sistema Español de Información sobre el Agua.

También el hacinamiento del ganado en las granjas intensivas genera un problema de salud de los animales, que hace que se usen en demasía antibióticos como la gentamicina y otros que también son de uso en humanos para prevenir y/o tratar enfermedades. Esto esta causando un aumento en la tasa de resistencia de los antimicrobianos a estos gñermenes que se vuelven multiresistentes, y que nos están dejando sin alternativas para tratar nuestras infecciones.

¿Como funcionan estas macro empresas del sector cárnico?

Este incremento de la producción en el sector está controlado por grandes empresas que utilizan el modelo de integración, en el que el granjero pone la cuadra y el trabajo mientras que el integrador se encarga de facilitarle al granjero los animales, el alimento y la atención veterinaria. Esto conlleva de manera simultánea a una reducción del número de explotaciones, lo que revela que la industrialización del sector corre paralela a la que se está dando en la agricultura, donde el acaparamiento de tierras convive con el abandono de 7.000 explotaciones tradicionales cada año.

Muchos de estos proyectos de granjas intensivas han nacido de la compra de una granja en activo propiedad de un ganadero que se quiere jubilar. se quejan los ganaderos locales en Castilla La Mancha de que la Junta continúa dando autorizaciones ambientales integradas, “incluso a proyectos que carecen de la concesión de aguas correspondiente o que no disponen de un plan de gestión de purines —estiércol resultado de la mezcla de las defecaciones, aguas de lavado y restos de piensos— ni tierras para esparcirlos”, porque no disponen de ellas.

Es el caso de la empresa de Valle de Odieta, que está siendo denunciada por Greenpeace, se recrimina al Gobierno de la Comunidad Foral haber autorizado la ampliación de la macrogranja “a pesar de que la empresa tiene once expedientes de infracción ambiental”.

“Pese a esto, y después de una sentencia favorable a la empresa por parte del Tribunal Superior de Justicia de Navarra, el Gobierno autorizó, este pasado 12 de marzo, que la empresa duplique la capacidad de sus instalaciones pasando de una autorización para explotar 3.450 vacas (aunque, en realidad, tienen más de 5.000, incumpliendo lo autorizado), a poder explotar 7.200”, señalan desde la organización ecologista. Esta misma empresa esta llevando a cabo en Noviercas (Soria), un pueblo de 155 habitantes, un nuevo proyecto de granja para 23.000 vacas. Será  quizás la mas grande de Europa.

Este es el modelo por que que Espàña apostó hace ya unos cuantos años. Grandes inversores y empresas de capital-riesgo están detrás de el. Ello esta desplazando y acabando con la ganadería extensible, que no puede competir con el anterior en precio, si en calidad, que es lo que yo exijo a la carne, aunque me cueste algo mas de dinero, pero merece la pena. Es mi contribución a sostener este tipo de ganadería extensiva y a propiciar el regreso de las gentes a esa España vaciada. No es de extrañar que la gente se fuera marchando por la falta de oportunidades causadas por las transiciones a estos nuevos modelos económicos en los que triunfa el capital, pero a costa de los pequeños productores que no tienen cabida en el. Estos son los problemas que causan estas producciones masivas, no que los españoles comamos un kilo de carde por persona y semana.

Referencias: 

1. https://www.animanaturalis.org/n/espana-se-entrega-al-modelo-de-la-ganaderia-intensiva

2.https://www.eldiario.es/sociedad/modelo-animales_1_2810124.html

3. https://elreformatoriodeinternet.blogspot.com/2021/07/temores-de-aparicion-de-superbacterias.html

4. https://www.aecoc.es/innovation-hub-noticias/la-industria-carnica-nuevos-modelos-de-produccion/

5. https://www.elsaltodiario.com/rural/boom-macrogranjas-agudiza-2021-llevan-dinero-dejan-mierda

6. https://www.publico.es/economia/ganaderia-industrial-convierte-espana-establo-europa.html