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Las gigantescas empresas de alimentación están arruinando silenciosamente tus snacks favoritos y esperando que no te des cuenta

Jairaj Devadiga

A medida que aumentan los costos, las empresas se ven obligadas a aumentar los precios o reducir los costos de sus alimentos favoritos escatimando en ingredientes. Chelsea Jia Feng/BI

Cuando era niño, me emocionaba cuando llegaba el domingo. Después de jugar todo el día bajo el calor abrasador, mis amigos y yo nos refrescábamos con una botella de vidrio fría de Coca-Cola. Era el único día de la semana que me permitían tenerlo.


Dejé mi hábito de los refrescos hace unos años para estar más saludable. Pero recientemente decidí regalarme una lata de Coca-Cola fría, en un pequeño intento de recuperar la alegría de esos calurosos días de verano.


Pero la Coca-Cola no sabía tan bien como antes y dejó un regusto extraño. Pensé que podría haber algún problema con la lata, o tal vez mis recuerdos rosados de la infancia nublaron mi juicio. Pero mientras satisfacía mi impulso, encontré lo mismo. Incluso los amigos consumidores de Coca-Cola con los que hablé estuvieron de acuerdo: el sabor había cambiado.


No era sólo Coca-Cola; Otros alimentos de mi infancia ahora saben diferentes. Las barras de chocolate Dairy Milk que solía disfrutar después de la escuela no son tan cremosas y tienen un sabor demasiado dulce. Las patatas fritas de Lay no tienen el mismo sabor que antes. Un paseo por Reddit muestra que no estoy solo: miles de personas han notado que la calidad de sus snacks favoritos empeora.


"Galletas saladas Ritz. Por alguna razón inexplicable, tal vez hace unos 5 años las galletas saladas pasaron de ser agradables, firmes y sumergibles a hoy en día se desmoronan fácilmente en pedazos incluso con la inmersión más ligera", se quejó un usuario hace unos años.


"Podrías morder un Twix y sentir tus dientes atravesar una gruesa capa de caramelo", se lamentó otro Redditor, y agregó: "Ahora se parten por la mitad y saben a galleta de azúcar con un poco de chocolate".


"Los Breyers solían ser los mejores para los helados comprados en las tiendas, pero ahora es un desastre", dijo un tercero.


La gente no se imagina estos cambios: los fabricantes están modificando silenciosamente sus recetas para ahorrar dinero y mantener sus márgenes de beneficio. El fenómeno, que ha sido llamado "skimpflation" y "flavorflation", es una forma de ocultar el impacto de la inflación y evitar trasladar los mayores costos al consumidor. Pero al reemplazar ingredientes costosos por otros más baratos, las empresas también están haciendo que los alimentos sean menos sabrosos, menos saludables y menos satisfactorios.


Cuando los costos suben, las empresas escatiman en ingredientes


En su mayor parte, las empresas no están obligadas a anunciar cuándo cambian sus recetas, por lo que puede ser difícil saber cuándo se transforman los bocadillos que disfruta. Afortunadamente, los periodistas y los consumidores observadores han descubierto suficientes piezas del rompecabezas para tener una idea de lo que está sucediendo.


En un ejemplo notable, el año pasado el gigante procesador de alimentos Conagra redujo el contenido de aceite vegetal en su margarina Smart Balance del 64% al 39%, reemplazando el resto con agua. La compañía no transmitió este cambio, pero los consumidores se enfurecieron cuando notaron el cambio de sabor. Después de recibir casi 1.000 reseñas de una estrella en su sitio web, Conagra prometió recuperar la antigua fórmula.


Pero este tipo de movimiento de masas es una excepción a la regla. Durante años, las empresas han escatimado en ingredientes y es poco probable que dejar una mala crítica cambie el rumbo. En 2013, Breyers redujo la cantidad de grasa láctea en su helado lo suficiente como para que ya no calificara legalmente como helado; la empresa tuvo que volver a etiquetar sus productos como "postres lácteos congelados". Si bien negó haber cambiado la receta por razones de costos, un competidor que hizo un cambio similar dijo que fue para reducir los costos de producción. Los informes han descrito que los fabricantes de chocolate reemplazan la manteca de cacao con aceite de palma o de girasol, lo que ha provocado que los amantes del chocolate se quejen de su textura "cerosa y artificial". Ferrero enfureció a sus fanáticos en 2017 al reducir la cantidad de cacao en Nutella. Incluso la fórmula de Coca-Cola ha cambiado: en 1984, la empresa había sustituido el azúcar por jarabe de maíz con alto contenido de fructosa. Las restricciones a las importaciones de azúcar y los subsidios gubernamentales al maíz habían hecho que el azúcar fuera mucho más caro que los productos de maíz.


Cuando el costo de los ingredientes aumenta, la decisión de ajustar la composición de un snack es, en última instancia, un cálculo de lo que los consumidores estarán más dispuestos a aceptar: precios más altos o un sabor diferente.

Estos reemplazos repentinos parecen haber aumentado en los últimos años, ya que las interrupciones causadas por la pandemia provocaron que el costo de los ingredientes se disparara. Por ejemplo, este año Conagra volvió a cambiar una de sus recetas: redujo el contenido de grasa en su aderezo para ensalada italiano Wish-Bone House en un 10%, reemplazando el aceite con agua y más sal. Y los periodistas de The Guardian compilaron recientemente una lista de empresas que reducen las cantidades de ingredientes clave en sus productos: aguacate en guacamole, huevo en mayonesa y aceite de oliva en diversas pastas para untar.


Los medicamentos de venta libre tampoco están exentos. Edgar Dworsky, abogado y defensor del consumidor, ha recopilado ejemplos de recetas modificadas, como un jarabe para la tos que contenía la mitad de su ingrediente activo que hace seis años. Mientras tanto, una marca de enjuague bucal tenía la mitad de fluoruro de sodio en sus botellas en 2022 que el año anterior. Para obtener los mismos efectos de estos productos, habría que leer la letra pequeña y duplicar la dosis.


Las complicadas matemáticas de la escatimación


Si bien es tentador culpar a la avaricia corporativa por tomar atajos y empeorar los productos, la culpa de la escatimaflación no recae únicamente sobre los hombros de los fabricantes de alimentos: factores como la inflación pueden influir. Después de todo, al cambiar sus recetas, las empresas corren el riesgo de perder clientes frente a sus competidores. Entonces, cuando el costo de los ingredientes aumenta, la decisión de ajustar la composición de un refrigerio es, en última instancia, un cálculo de lo que los consumidores estarán más dispuestos a aceptar: precios más altos o un sabor diferente.


Dennis Neveling, analista de investigación de Lazard Asset Management, explicó en una publicación que cuando el costo de bienes como el azúcar, el cacao y otros ingredientes aumenta, las empresas no pueden simplemente aumentar los precios para cubrir los costos. Cuando el precio de un producto sube repentinamente, los consumidores tienden a optar por una versión más barata del producto o ir a otra tienda para intentar encontrar una mejor oferta. Muchas tiendas de comestibles y minoristas preocupados por que los clientes se trasladen a cadenas de descuento presionarán a los fabricantes para que mantengan los precios bajos amenazando con retirar sus productos de la lista y no exhibirlos en los estantes. Este doble impulso, dijo Neveling, significó que las empresas transfirieran sólo alrededor del 10% al 15% del aumento de costos a los consumidores a través de precios más altos. Dijo que esa cifra estaba en su punto más alto en varias décadas, lo que significa que las empresas generalmente absorben aún más inflación.


Es mucho más fácil para un consumidor registrar un aumento repentino de un dólar en el precio de medio litro de helado que discernir una reducción del 10% en la cantidad de grasa láctea utilizada.


Como no pueden aumentar demasiado los precios, los fabricantes de alimentos tienen que encontrar otras formas de seguir siendo rentables. Esto generalmente significa reducir costos, lo que incluye modificar sus productos para utilizar ingredientes más baratos. Una encuesta de 2022 realizada por TraceGains, una empresa que ayuda a los fabricantes a adquirir ingredientes, encontró que de más de 300 marcas de alimentos y bebidas, el 37% había cambiado las recetas de más de 20 productos desde 2020, mientras que otro 25% había cambiado entre seis y 20 recetas. . El noventa por ciento de los encuestados culpó a la inflación por estos cambios.


Estos ajustes a menudo pasan desapercibidos, lo que los hace más atractivos para los fabricantes de alimentos que los precios más altos. Es mucho más fácil para un consumidor registrar un aumento repentino de un dólar en el precio de medio litro de helado que discernir una reducción del 10% en la cantidad de grasa láctea utilizada. Pero la gente ha notado que sus bocadillos favoritos saben peor.


Impacto oculto en la salud


Además de la degradación del sabor, los cambios en las recetas realizados por grandes empresas suelen ser peores para nuestra salud. Un cambio común es sustituir el azúcar de caña por edulcorantes artificiales. Dado que estos son significativamente más dulces que el azúcar, las empresas necesitan usar mucho menos para lograr el mismo nivel de dulzor. También permiten a las empresas comercializar sus productos como "más saludables" ya que tienen menos calorías. Pero las investigaciones han descubierto que los edulcorantes artificiales son mucho peores para nosotros que el azúcar. El dulzor adicional los hace más adictivos, lo que puede hacer que las personas coman más y aumenten de peso.


Este año, la Organización Mundial de la Salud clasificó el aspartamo, un popular edulcorante artificial utilizado en helados, cereales para el desayuno y refrescos, como posible carcinógeno, lo que significa que podría causar cáncer. En otra revisión científica, la OMS vinculó los edulcorantes artificiales con un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardíacas y mortalidad en adultos. El jarabe de maíz con alto contenido de fructosa, otro sustituto del azúcar, es más barato que el azúcar, pero los estudios lo han relacionado con el síndrome metabólico, un conjunto de afecciones que aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y diabetes.


El jarabe de arce Pearl Milling Company, que, bajo el nombre de Aunt Jemima, solía contener azúcar, jarabe de arce, colorantes alimentarios y sorbato de potasio, un conservante generalmente inofensivo, no contiene jarabe de arce. En cambio, contiene jarabe de maíz con alto contenido de fructosa y una serie de conservantes y aditivos químicos para mantenerlo fresco. Uno de los conservantes es el benzoato de sodio, que puede convertirse en benceno, un carcinógeno conocido; Este riesgo puede aumentar durante períodos de almacenamiento más prolongados, objetivo principal de su uso como conservante. Para imitar el espesor del jarabe de arce, el fabricante añadió hexametafosfato de sodio, que se ha relacionado con irritación grave de la piel, problemas renales y pérdida de calcio.


Incluso cambios menores, como reemplazar el aceite por agua, pueden afectar la salud, especialmente si observas de cerca tu dieta y no eres consciente de que tus productos favoritos han cambiado a lo largo de los años.


Inflación oculta


El aspecto más engañoso de la escatimación es que oculta el impacto del aumento de los costos. A medida que la inflación erosiona el poder adquisitivo de las personas, éstas se vuelven más sensibles a los precios. Comprar algo asequible se vuelve más importante que comprar algo de alta calidad. Las empresas responden a esto cambiando sus recetas para evitar cobrar más.


Pero esos cambios no se miden en indicadores de inflación. Si bien las medidas de inflación como el índice de precios al consumidor pueden hacer ajustes para cambios directamente mensurables (una barra de chocolate que pasa de 2 onzas a a 1,8 onzas, por ejemplo: los economistas no pueden medir los cambios en la calidad y el sabor de los productos. Eso significa que los datos del IPC no tienen en cuenta los cambios en las recetas ni los riesgos para la salud resultantes a largo plazo, pero esos cambios representan una disminución en la calidad de vida. Esto se convierte en un problema para la Reserva Federal, que utiliza el IPC y otros datos para fijar las tasas de interés y administrar la oferta monetaria con el fin de mantener baja la inflación.


Esta podría ser una de las razones por las que los consumidores tienen una visión de la economía tan diferente a la de los economistas. Es difícil cuantificar la sensación de pagar más por peores productos. Pero cuando medidas influyentes aparentemente destinadas a medir el nivel de vida de los estadounidenses no captan cómo están cambiando nuestras comidas favoritas, terminamos comprando productos que no sólo son más caros sino también menos agradables.

Jairaj Devadiga es economista especializado en políticas públicas e historia económica.


El artículo original se puede leer en inglés en este enlace


Artículo traducido por l. Domenech



Pollos tratados con antibióticos para humanos podrían ser causa de una nueva pandemia

Luisondome

Sede Central de Superdrob en Karczew. Polonia

Según publica hoy The Bureau of Investigative Journalism, el gigante cárnico polaco SuperDrob suministra productos avícolas congelados a algunos de los supermercados más grandes del Reino Unido, incluidos Lidl, Asda e Islandia. Pero, en 2020, fue una de las dos empresas relacionadas con un brote mortal de salmonella.

Al menos cuatro personas murieron y cientos más fueron envenenadas. Pero lo que nadie sabía entonces era que la carne no estaba contaminada únicamente con salmonella.

Al analizar el código genético de las muestras, demostramos, por primera vez, que parte de la carne de SuperDrob contaminada también contenía variantes de superbacterias de salmonella (gérmenes resistentes a múltiples medicamentos).

reporteros Andrew Wasley (izquierda) y Misbah Khan (derecha) recogiendo muestras en granjas polacas.acas.

Desde que expusimos por primera vez a SuperDrob, nuestras investigaciones sobre este escándalo han continuado. Y tres meses después, descubrimos que el gobierno del Reino Unido permitió que las empresas responsables siguieran suministrando carne contaminada a los principales supermercados, incluso después de que sus productos estuvieran relacionados con docenas de hospitalizaciones.

George Eustice, entonces ministro de Medio Ambiente, decidió no imponer restricciones a los proveedores responsables, tras constatar “una mejora significativa” en la situación.

Y, sin embargo, uno de ellos, SuperDrob, siguió produciendo pollos enfermos durante meses después de esta decisión, exponiendo a los consumidores a graves riesgos.

También descubrimos que los jefes de seguridad alimentaria y salud pública no informaron a los médicos (ni al gobierno polaco) que la salmonella era resistente a los antibióticos, dejándolos en la ignorancia sobre el alcance total de los riesgos.

Sin esta información, los tratamientos para las víctimas del brote podrían ser limitados. Junto con ITV News y The Guardian, nuestra investigación original descubrió que SuperDrob había comprado pollo de granjas utilizando medicamentos clasificados como "críticamente importantes" para la salud humana.

Aunque la mayor parte de las Resistencias Asociadas a los Antimicrobianos (RAM) se asocia con el uso de agentes antibacterianos en humanos, estimaciones entregadas por The Alliance to Save Our Antibiotics indican que el 66% de los antibióticos en el mundo se administran en animales de granja.


El uso excesivo de estos medicamentos aumenta el riesgo de futuros brotes de enfermedades potencialmente mortales entre los consumidores. La práctica no es considerada como ilegal, sin embargo, los científicos destacan que dicho procedimiento supone riesgos sobre la inmunidad a los antibióticos que pueden desarrollar bacterias potencialmente letales, lo que significa que los medicamentos ya no sean efectivos para tratar infecciones humanas.

Conocidas como “superbacterias”, las bacterias resistentes a los antibióticos son una amenaza creciente para la salud humana. De acuerdo con un estudio publicado por la revista The Lancet a principios del año pasado, este tipo de bacterias son responsables de la muerte de 1.2 millones de personas al año.

Según los autores del estudio, en menos de tres décadas, las superbacterias acabarán con la vida de 10 millones de personas cada año, es decir, tres veces más de las defunciones estimadas alrededor de la pandemia por covid-19 en 2020.

Para reducir el riesgo de brotes de superbacterias, la Unión Europea (UE) endureció las leyes sobre el uso de antibióticos en animales de granja. Sin embargo, la práctica en Polonia, el mayor productor de carne de aves de corral en Europa, parece ir a la alza. A decir de los datos publicados por la BIJ, las ventas de fluoroquinolonas se han incrementado en más de un 70% en aquel país. SuperDob es considerado uno de los principales productores avícolas en Polonia que genera más del 50% de sus ingresos gracias a las exportaciones de sus productos a otros mercados europeos.

SuperDrob dijo que los medicamentos estaban en uso, pero negó cualquier uso excesivo por parte de la empresa o sus proveedores. Dijo que todas sus políticas cumplen con los requisitos legales de la UE y Polonia y que muchas son incluso más estrictas que los requisitos actuales.

SuperDrob suministra productos avícolas congelados a algunos de los supermercados más populares del Reino Unido

La UKHSA, la agencia renovada a cargo de la salud pública en el Reino Unido, dijo que estaba “entre las primeras en Europa en detectar e investigar estos brotes de Salmonella Enteritidis relacionados con productos de pollo. Agregó que la salmonella generalmente no requiere tratamiento con antibióticos y que "no era una práctica estándar" para alertar a otros países sobre los casos.

Pero los abogados de seguridad alimentaria Michelle Victor y Andrew Jackson, de la firma Leigh Day, describieron el episodio como profundamente preocupante. "Indicó importantes fallos en las salvaguardias a todos los niveles, con la consecuencia de que cientos, si no miles, de personas han sufrido enfermedades y lesiones", dijeron.

Steve Nash, un activista cuya hija murió después de comer carne contaminada en otro brote de enfermedad, criticó la decisión de seguir importando pollo polaco a pesar de los riesgos conocidos.

"Este brote de salmonella podría haberse detenido antes si los departamentos gubernamentales pertinentes hubieran tomado las medidas adecuadas", afirmó.

El problema no ha desaparecido. Desde que nuestra historia original salió a la luz en junio, se han descubierto en toda la UE docenas más de envíos de carne contaminada procedente de Polonia.

Los consumidores ahora están pidiendo a Asda, Lidl e Islandia que dejen de abastecerse de pollo de SuperDrob de inmediato, y una petición lanzada en respuesta a nuestros hallazgos ya ha atraído a casi 40.000 partidarios . 


Imagen de encabezado: Oliver Kemp para TBIJ

Reporteros: Misbah Khan y Andrew Wasley

Productora de Impacto: Grace Murray

Editor de Medio Ambiente: Rob Soutar

Montaje: Franz Wild

Editor de producción: Alex Hess

Verificador de hechos: Lucy Nash

Traducción: L. Domenech

Nuestros informes sobre la resistencia a los antimicrobianos son parte de nuestro proyecto Medio Ambiente, que cuenta con varios financiadores. Ninguno de nuestros financiadores tiene ninguna influencia sobre nuestras decisiones editoriales o nuestra producción.

Mercadoda deja de fabricar pan. Se abastecerá desde subcontratas

Luisondome

Los nuevos proveedores de pan de Mercadona. Imagen: Mercadona

Este miércoles Mercadona anunció mediante un comunicado que progresivamente empezará a dejar de elaborar el pan fresco que vende en sus establecimientos, con el objetivo de “optimizar los procesos de fabricación para generar una mayor eficiencia y rentabilidad”. Este cierre de las líneas de producción, presentes en ocho bloques logísticos, no afectará a las 650 personas de la plantilla, que serán reubicadas.


Como consecuencia de este cambio, el resultado se notará por parte de los clientes, y será diferente en según que zonas, y del fabricante que provea el pan del establecimiento. Desaparecerán algunos de los formatos, cambiarán las propiedades del pan, pues cambiarán las calidades de las harinas, los grados de humedad (que condicionan la durabilidad de pan), las levaduras y fermentaciones, y por lo tanto el sabor del pan y su textura. A unos les gustará el cambio, y otros comprarán el pan en otro establecimiento por que el que se ofrece ya no les gusta, en comparación con lo que había. El pan de maíz de los Mercadona gallegos era de una alta calidad. Veremos con que lo sustituyen.  La Bolsa de 11 Panecillos del Horno de Mercadona, uno de los panes mas vendidos en mi zonacon un precio de 1,10€, probablemente será sustituido por otro producto, que veremos si gusta o no.


La justificación del cambio no me parece la correcta, pues afirmar que el cambio se hace para “optimizar los procesos de fabricación para generar una mayor eficiencia y rentabilidad” es discutible. En primer lugar porque Mercadona no optimiza ningún proceso de fabricación, ya que deja de fabricar para que lo haga otro, y lo de generar una mayor eficiencia y rentabilidad, eso si me lo creo, pero no me lo trago. El pan de Mercadona era quien sujetaba a muchos clientes diarios que acudían a las tiendas a por su pan. El pan es uno de los pocos artículos de compra diaria en las tiendas. Puede que pierdan muchos clientes si la calidad del pan empeora o su precio sube excesivamente. Estaremos atentos a lo que ocurre.


De las dos panaderas gallegas, la de Carral Sa Cunha es una panadería que elabora productos de gran calidad y que tiene cierta fama en Galicia. Veremos si el pan que fabrique para Mercadona, tiene la misma calidad que el que vende en sus tiendas y ue todos conocemos.


En cuanto a O Forno de Lodairo, esta es una pequeña panadería de San Cristobal de Cea, que pertenece por tanto a la I.G.P. Pan de Cea, por lo que intuyo que Meradona se proveerá de este prestigioso Pan de esta panadería. 

A partir de ese momento, serán 20 los proveedores que pasarán a fabricar el pan fresco de Mercadona, que estarán repartidos por toda la geografía nacional y por Portugal, y que son los siguientes:


Los 20 nuevos proveedores de pan de Mercadona
  1. Sa Cunha (A Coruña)

  2. Forno Do Lodairo (Ourense)

  3. Marques Filipe (Torres Novas, Portugal)

  4. DeTrigo (Portugal)

  5. Panificadora de Alcalá (Alcalá de Henares, Madrid)

  6. Pan Milagros (Toledo)

  7. Roldán (Córdoba)

  8. Mollete San Roque (Antequera, Málaga)

  9. Hermanos de la Chica Panadería (Manilva, Málaga)

  10. Mondat -Siempre de hoy- (Monda, Málaga)

  11. Nicopan (Atarfe, Granada)

  12. Monbake (Navarra)

  13. Okin (Guipúzcoa)

  14. Europastry (Barcelona)

  15. Valero (Tarragona)

  16. Susana (Palma de Gandia, Valencia)

  17. Panamar Bakery Group (Albuixech, Valencia)

  18. Ca’s Fariner (Mallorca)

  19. Forn Coves (Ibiza)

  20. La Deliciosa - Pans Semar- (Mallorca)


     En las Islas Canarias los panaderos proveedores seguirán siendo:

    Europastry y Berfys (Tenerife) 

    PandeCan (Gran Canaria)






Lo integral es más saludable, pero no adelgaza

Shutterstock / Axente Vlad
Ana Belén Ropero Lara, Universidad Miguel Hernández

Que ayudan a ir al baño, adelgazan, tienen efecto saciante o retrasan el envejecimiento son solo algunas de las afirmaciones habituales sobre los alimentos integrales. ¿Pero qué son realmente y qué beneficios tienen para nuestra salud?

La palabra integral se aplica a los cereales, seudocereales (quinoa) y productos derivados. Significa que el grano está al completo, a diferencia de los cereales refinados, en los que se eliminan el salvado y el germen.

Desde el punto de vista legal, el uso de la palabra integral en el etiquetado de los alimentos en España solo está legislado para el pan. Tampoco la Comisión Europea establece las condiciones que debe cumplir un alimento para poder decir que es integral.

Cuándo se puede usar y cuándo no el adjetivo integral

En 2019, el Real Decreto 308/2019 definió el pan integral como “pan elaborado con harina integral o de grano entero”. Por lo tanto, un pan integral debe estar elaborado exclusivamente con harina de ese tipo (100 %). De lo contrario, debe indicar el porcentaje de harina integral utilizada. De esta forma, un pan integral 50 % es aquel en el que la mitad de la harina es refinada.

Otras variantes, como el pan con semillas, el pan de centeno o el de espelta, no son necesariamente integrales. En estos casos, hay que leer bien el etiquetado y asegurarse de que todas las harinas que contienen son integrales. Hay que tener en cuenta que cuando no se indica la palabra integral, suele tratarse de cereal refinado.

En el resto de productos derivados de cereales, el uso de la palabra integral está sujeto a la discrecionalidad del fabricante. En la actualidad lo que nos encontramos es una amplia variabilidad.

En productos con pocos ingredientes, como copos o tortitas de cereales, es más habitual encontrar que todo el cereal que contiene es integral.

En otros productos con formulaciones más complejas, como las galletas, las barritas de cereales o muchos cereales de desayuno, el porcentaje de cereales integrales es variable. Por esta razón debemos insistir en leer el listado de ingredientes para saber cuántos cereales integrales llevan.

¿Qué contienen los alimentos integrales?

La fibra suele ser el nutriente más conocido de los cereales integrales y por eso es el que se suele resaltar en el etiquetado de los productos. Sin embargo, que un alimento lleve fibra, ya sea natural o añadida, no lo convierte en integral.

Como ya hemos dicho, el cereal integral conserva todas sus partes comestibles, incluidos el salvado y el germen. Por lo tanto, mantiene todos los nutrientes que se pierden en el refinado, que son parte de la fibra, las vitaminas y los minerales. Eso sí, la energía no cambia: las mismas calorías.

Comparando la harina integral con la harina blanca (refinada), encontramos que esta última tiene menos de la mitad de fibra que la otra. El refinado provoca, además, una disminución en la cantidad de vitaminas. Esta oscila entre un tercio en el caso del ácido fólico hasta alcanzar un 90 % para la vitamina B3. En cuanto a los minerales, las pérdidas son más de la mitad, llegando incluso al 80 % en el caso del magnesio y el zinc.

Siendo así, el enriquecimiento de los cereales refinados solo con fibra enmascara la importante pérdida de vitaminas y minerales. Por lo tanto, está claro que los alimentos integrales aportan más nutrientes que los refinados.

Ahora bien, esto no garantiza que sean alimentos saludables. Si llevan azúcares añadidos o libres, grasas o sal seguirán sin ser recomendables.

Por qué los alimentos integrales son importantes para nuestra salud

Una dieta baja en cereales integrales es el segundo factor de riesgo dietético de mortalidad en el mundo. Se estima que más de 3 millones de muertes al año se deben a una dieta baja en cereales integrales. De hecho, el riesgo de mortalidad disminuye un 25 % al aumentar la ingesta de cereales de grano entero (integrales) hasta 100 g/día. Estos beneficios se pierden con los cereales refinados.

Según la institución internacional de referencia en materia de cáncer, el Fondo Mundial para la Investigación sobre Cáncer, existen “fuertes evidencias” de que el consumo de cereales de grano entero protege frente al cáncer colorrectal. Además, como son ricos en fibra, podemos afirmar que el “consumo de alimentos con fibra dietética probablemente protege contra la ganancia de peso, el sobrepeso y la obesidad”.

La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomienda que las raciones diarias de cereales sean “preferiblemente de grano entero y/o integrales”. Pasta, arroz, bulgur, cuscús y pan integrales son alimentos de primera calidad nutricional que debemos potenciar para beneficio de nuestra salud.

Galletas, snacks de cereales, cereales de desayuno azucarados o barritas siguen sin ser recomendables, aunque sean integrales. Debemos tener cuidado también con la sal de los productos, incluido el pan integral.

A pesar de las importantes evidencias recogidas en este artículo, no podemos declarar que los alimentos integrales evitan el cáncer o adelgazan. Debemos insistir, como en otras ocasiones, en no transformar las conclusiones de los estudios en afirmaciones categóricas.

Un menor riesgo de mortalidad, de cáncer colorrectal, de sobrepeso y de obesidad son razones de mucho peso. Debemos preguntarnos si necesitamos alguna más para motivarnos a realizar este pequeño cambio en nuestra alimentación con tan grandes consecuencias.The Conversation

Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología - Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

¿Qué sabemos del pescado que comemos?

Boca Dorada / Flickr, CC BY-SA
Lourdes Reig Puig, Universitat Politècnica de Catalunya - BarcelonaTech

El consumo de pescados y mariscos en España es más del doble que la media mundial: 42,4 kg por persona y año frente a unos 19 kg por persona y año en el mundo, según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Pero la tendencia va a la baja, en especial entre los más jóvenes, como demuestra un reciente estudio. Son muchos los posibles motivos. Entre ellos, la dificultad que acompaña la compra de pescado cuando no hay un mínimo de conocimiento y experiencia.

¿Por qué resulta tan difícil saber más de los productos pesqueros que consumimos?

Podemos apuntar cinco factores que intervienen en la toma de decisiones durante la compra de pescado.

1. Diversidad de orígenes, productos y calidades

El mercado de pescados y mariscos tiene una dimensión global. En una día cualquiera, la consulta a las estadísticas del Mercado Central de Pescado en Mercabarna (en Barcelona) ofrece casi 200 productos. Esta larga lista incluye especies, tallas y presentaciones diferentes. Proceden de hasta 34 países mayoritarios, más otros tantos no especificados por su menor importancia.

Los productos pesqueros procedentes de otros países representaron un 52,5 % del total comercializado en Mercabarna en 2021. Especies procedentes de otro hemisferio y otra época del año, variedades con nombres comerciales imaginativos… Esta diversidad, sin duda fuente de riqueza, puede confundir al consumidor menos experto y convertirse en un freno.

2. Procedencia: la pesca y la acuicultura

El pescado que consumimos puede proceder de pesca o de acuicultura. Esta situación es muy singular en nuestra cesta de la compra. En ella casi no entran productos salvajes o silvestres, con escasas excepciones como algunas setas y bayas.

El pescado procedente de captura, al que llamamos salvaje, es producto directo de la recolección, no ha sufrido ninguna intervención humana más que en la captura. El pescado procedente de acuicultura es el resultado de un proceso productivo con intervención humana, como la práctica mayoría de alimentos que consumimos hoy.

El pescado salvaje concentra toda la diversidad del medio natural: diferentes especies, la influencia de la alimentación, el impacto de la época del año o de las condiciones locales, entre otros.

En el caso del producto de acuicultura, un sector igualmente globalizado, existe tal diversidad de sistemas de producción que simplificar puede conducir a grandes errores conceptuales. Desde sistemas en los que casi no existe intervención, como es el caso del mejillón, hasta sistemas como el del salmón, que puede llegar a ser muy diverso e intensivo. ¿Cómo puede el consumidor diferenciar entre toda esta diversidad?

3. ¿Qué queremos a cambio de nuestro dinero?

Cuando queremos adquirir una dorada podemos enfrentarnos a la decisión de tener que escoger entre un producto de pesca y un producto de crianza. Algunos consumidores conocen el tema. Otros lo ignoran casi todo. Un importante grupo, según muchos trabajos científicos, se siente confundido, o incluso tiene información errónea basada en mitos que generan dudas, desconfianza y, a veces, rechazo. La diferencia de precio suele facilitar esa decisión, pero ¿sabemos por qué atributos estamos pagando?

El pescado salvaje es la referencia natural para muchos consumidores. La pesca en España es considerada una actividad tradicional, parte de un patrimonio cultural y constructora de paisaje. La acuicultura parece llegar para apropiarse de un espacio que ya está ocupado.

Pero la realidad es tozuda y, aunque muchos consumidores expresan una opinión más positiva por el pescado salvaje, en aquellas especies en las que es posible escoger, el consumo de pescado de acuicultura es muy superior.

De hecho, desde 2014, la contribución de la acuicultura al consumo de productos pesqueros a nivel mundial supera a la de la pesca. Ello sugiere que las percepciones positivas no son necesariamente las que determinan el consumo. Existen otros parámetros determinantes, como la frescura, la sostenibilidad, el bienestar animal, el control o trazabilidad, la presencia de contaminantes, la disponibilidad y el precio. Pero ¿tiene sentido esta comparación? ¿Es justa?

Pues depende de lo que busquemos. Cuando hablamos de frescura, el sistema de obtención del producto puede ser irrelevante, porque lo que importa es la proximidad. Puede ofrecer la misma frescura una lubina pescada que una de granja mientras haya viajado poco. Cuando hablamos de sostenibilidad, existen sistemas sostenibles en ambos casos y sistemas difíciles de justificar también en ambos casos.

Por otra parte, con el producto de pesca estamos adquiriendo el fruto de la propia naturaleza, con toda su riqueza y también sus limitaciones. Es en realidad un lujo que la naturaleza nos ofrece y así deberíamos valorarlo. El pescado de crianza ofrece algo diferente: trazabilidad, conveniencia, seguridad alimentaria, precio, disponibilidad y sí, también calidad.

Así pues, lo importante es que como consumidores sepamos por qué atributos de calidad estamos dispuestos a pagar en cada momento. Por ejemplo, seguro que no buscamos lo mismo para la cena de Navidad que para un miércoles de febrero. Y hay un producto para cada ocasión. Son nuestra capacidad adquisitiva, nuestro sistema de creencias, nuestra propia escala de valores los que determinan la actitud en esa decisión. Intervienen en ello factores como la educación, la tradición cultural o los hábitos alimentarios.

Y, a decisión tomada, ¿tenemos suficiente información como para poder usarla?

4. El personal de la pescadería como prescriptor

En la compra de pescado y marisco se establece una relación de confianza. ¿Cuántas veces preguntamos a la persona que nos atiende sobre la calidad de una pieza de pollo? En cambio, para la compra de pescado fresco a menudo pedimos consejo en la pescadería.

El personal de la pescadería se convierte en nuestro prescriptor. Pero ¿sabe suficiente? Un análisis de la percepción de la acuicultura en los diferentes niveles de la cadena de valor hizo evidente la falta de información, especialmente grave entre los minoristas. Cada vez más, el personal que encontramos en los puntos de venta no está especializado, sobre todo en supermercados o hipermercados, y es incapaz de hacer recomendaciones.

5. La información está ahí, sólo hay que buscarla

Hoy en día hay información disponible al alcance de quien quiera buscarla. Pero es importante saber si responde a las preguntas que se hace el consumidor y en el momento en que se las hace.

La normativa de etiquetaje de productos de la pesca y la acuicultura debería ayudar, pero con frecuencia no se muestra en los puntos de venta. Además, la información que aporta puede ser confusa para el consumidor medio.

Algunas certificaciones, como MSC o ASC, están empezando a ser conocidas en el norte de Europa, pero no tanto en el sur. Mientras tanto, en España se están promoviendo sellos específicos como Crianza de nuestros mares, de la Asociación de Productores Marinos.

¿Donde busca la información el consumidor? Un estudio que analiza las fuentes de información sobre acuicultura en España nos devuelve al punto anterior: el 70 % de los encuestados señaló al personal de la pescadería como la principal fuente de consejo, seguida del etiquetado o las certificaciones (64%), internet (33 %) y la familia y amigos (19 %), entre otras. Es imprescindible que las campañas de promoción del consumo de pescado y marisco tengan en cuenta al sector minorista, que actúa como enlace entre la producción y el consumo.

El consumo de pescado y marisco aporta un valor nutricional del que no deberíamos prescindir. Su valor gastronómico es un privilegio del que deberíamos saber disfrutar. La pesca y la acuicultura ofrecen productos de calidad, para todos los bolsillos y para todas las ocasiones. No dejemos que comparaciones, a menudo infundadas y desinformadas, limiten los beneficios que nos aporta su consumo.The Conversation

Lourdes Reig Puig, Profesora-investigadora en el Departamento de Ingeniería Agroalimentaria y Biotecnología, Universitat Politècnica de Catalunya - BarcelonaTech

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

¿Quién come mejor y más sostenible, los holandeses, los españoles o los norteamericanos?

Restaurante italiano en un centro comercial de Nueva York. Shutterstock / Boris-B
Cristina Cambeses Franco, Universidade de Santiago de Compostela y Gumersindo Feijoo Costa, Universidade de Santiago de Compostela

La rápida urbanización y el crecimiento de la población mundial han traído consigo un aumento importante del consumo de alimentos procesados, grasas y azúcares. Y como consecuencia, también se ha disparado la prevalencia mundial de enfermedades relacionadas con una dieta inadecuada, como las cardiopatías, la obesidad y la diabetes.

Pero no se queda ahí la cosa. Resulta que el sector alimentario es responsable de gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. Hasta tal punto que, si no se toman medidas urgentes para remediarlo, el mundo correrá el grave riesgo de no cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, dejando como herencia a los niños un planeta degradado donde impere la inseguridad alimentaria.

La sociedad tiene una responsabilidad compartida con respecto al trinomio dieta, salud y medioambiente. En lo que respecta a los gobiernos, deben elaborar guías alimentarias coherentes con los principios básicos de alimentación saludable a la vez que sostenible.

Opciones dietéticas en occidente

En la región europea, la iniciativa FOOD 2030 –en línea con el Pacto Verde Europeo, la Estrategia «De la Granja a la Mesa» y la estrategia europea de bioeconomía– promueve como facilitador de cambio el desarrollo de guías alimentarias para una nutrición sana, equilibrada y sostenible.

Lo cierto es que Europa cuenta con varias opciones tradicionales saludables. La más conocida es la dieta mediterránea, extendida sobre todo en Francia, Grecia, Italia y España. Consiste en una dieta basada en plantas caracterizada por un consumo elevado de frutas, vegetales, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva, a la vez que un consumo moderado de pescado, carne, vino y productos lácteos.

En 2004 nacía al norte del continente la llamada nueva dieta nórdica, que no es más que una interpretación gastronómica de la dieta tradicional escandinava. Guarda muchas similitudes con la dieta mediterránea. El consumo prioritario de alimentos se centra en vegetales y frutas (fundamentalmente bayas o frutas del bosque y vegetales de hoja verde o de raíz), patatas, legumbres, hierbas frescas, setas, frutos secos, cereales integrales, pescado y marisco, algas y carne (incluyendo carne de caza). Eso sí, el aceite no es de oliva, sino de colza.

Lo más interesante es que se basa en el consumo de productos locales y orgánicos propios de las regiones de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Suecia y Noruega. Por lo tanto, es también sostenible, al igual que la mediterránea.

Holanda e Italia cuentan también con sus propias guías alimentarias. Ambas apuestan por el consumo diario de más frutas y vegetales, la promoción de productos integrales y la limitación en el consumo de carne roja, lácteos, bebidas azucaradas, sal y bebidas alcohólicas.

Y si hablamos de iniciativas saludables, también cabe señalar la Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad (NAOS) en España. Bajo el lema “COME SANO Y MUÉVETE”, tiene como fin invertir la prevalencia de la obesidad mediante el fomento de la actividad física y de una dieta saludable.

Al otro lado del charco, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, en colaboración con el Departamento de Agricultura, ha publicado guías dietéticas para americanos, que se actualizan cada cinco años desde su publicación en 1980.

Figura 1. Gramos consumidos por persona y día de cada categoría de alimentos en las guías dietéticas europeas (Holandesa, Italiana, Mediterránea, NAOS y Nueva Dieta Nórdica) y norteamericana. Para un aporte de 2228 kilocalorías por día (ingesta media recomendada para una mujer de mediana edad por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Adaptado de Cambeses-Franco et al. 2022

Indicadores ambientales y nutricionales

Teniendo tanta oferta, ahora la pregunta que se plantea es: ¿existe un modo objetivo de evaluar la calidad nutricional de las dietas recomendadas?

La respuesta es sí. Se puede estimar empleando indicadores basados en nutrientes, como el NRD9.3 o el índice de salud. Ambos incluyen nutrientes que deberían ser promocionados en toda dieta saludable, como las proteínas, el calcio, la fibra, el magnesio, el potasio, el hierro o las vitaminas A, C y E. Y otros que deberíamos limitar, como es el caso del sodio, los ácidos grasos saturados o los azúcares libres o añadidos.

A nivel medioambiental, el indicador más extendido es la huella de carbono. Permite reflejar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a las guías dietéticas en términos de dióxido de carbono. Teniendo en cuenta el peso del proceso productivo y la agricultura en el medio ambiente, interesa tenerlo en cuenta en términos comparativos.

Si utilizando todos estos criterios comparamos las dietas recomendadas en Europa (azul, en la siguiente imagen) y en Estados Unidos (amarillo) vemos que las guías dietéticas italianas y la dieta mediterránea son las que presentan los mejores perfiles desde la perspectiva de cambio climático.

Figura 2. Huella de carbono (kgCO2/persona/día) considerando la fase de producción de los alimentos e índices nutricionales (NRD9.3 e índice de salud) de las guías dietéticas holandesa y norteamericana. Adaptado de Cambeses-Franco et al. 2022

Por el contrario, la dieta norteamericana es la que presenta el mayor impacto ambiental. Los perfiles de emisiones de las dietas del Norte de Europa (Nueva Dieta Nórdica y guías dietéticas holandesas) fueron similares. Estos hallazgos se explican en base a las ingestas recomendadas de lácteos y carne, productos con elevada huella de carbono.

En cuanto a la dieta NAOS, la alta ingesta de pescado y marisco influye negativamente en el resultado de huella de carbono obtenido.

En lo que a calidad nutricional se refiere, la dieta mediterránea sobresale, especialmente si se compara con las dietas holandesa y americana, las peores en base a los indicadores nutricionales. El pésimo resultado nutricional de las guías holandesas se debe a un menor contenido de vegetales, frutas, pescado y fibra en general. Por su parte, el alto contenido en ácidos grasos saturados y sodio en las guías alimentarias americanas explica su baja posición en este ranking.

Estados Unidos debe aprender de Europa

En conclusión, incrementar la proporción de alimentos de origen vegetal en la dieta de modo similar a las guías dietéticas del sur de Europa (Italia y la región mediterránea) puede ayudar a países como Estados Unidos, con grandes impactos medioambientales derivados de los productos cárnicos y los derivados lácteos, sin que ello signifique comprometer la calidad nutricional.

El objetivo es claro: debemos lograr el equilibrio entre la nutrición y la sostenibilidad en las guías alimentarias. Sería positivo que los gobiernos estuvieran al frente de tal iniciativa, promoviendo campañas de concienciación que pongan a disposición del público información asequible sobre opciones dietéticas saludables y sostenibles.The Conversation

Cristina Cambeses Franco, Estudiante de doctorado (Contratada predoctoral FPU) en el Departamento de Ingeniería Química, Universidade de Santiago de Compostela y Gumersindo Feijoo Costa, Catedrático de Ingeniería Química, Universidade de Santiago de Compostela

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

¿Es malo para la salud comer huevo?

Shutterstock / Ekaterina Kondratova
María Dolores del Castillo Bilbao, CIAL-CSIC Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación y María Luz Fernández, University of Connecticut

¿Alguna vez ha dejado de comer huevo porque piensa que puede afectar negativamente a su salud cardiovascular? Es cierto que los huevos contienen colesterol (aproximadamente 210 miligramos por unidad), pero también son una fuente insuperable de nutrientes.

Este alimento presenta un alto contenido de vitaminas y minerales que son esenciales para su salud (Tabla 1). Su incorporación en una dieta balanceada es esencial para reducir el riesgo de muchas patologías y lograr una recuperación adecuada tras la enfermedad.

Los huevos contienen dos carotenoides llamados luteína y zeaxantina. Estos compuestos son captados por la mácula del ojo protegiéndola de su degeneración y el desarrollo de cataratas. Los huevos también contienen colina, que es un componente esencial para la memoria en todas las edades, desde el feto hasta el anciano adulto.

En estudios realizados por nuestro grupo, los voluntarios de distintas poblaciones (niños, adultos jóvenes y mayores, individuos a régimen para perder peso, prediabéticos, diabéticos y otros) consumieron entre 2 y 3 huevos por día.

Se observó que las dos terceras partes de los individuos no incrementaron los niveles de colesterol en sangre tras un mes de tratamiento. Los individuos en los que se observó un incremento de este parámetro mostraron un aumento en los valores tanto de LDL (colesterol malo) y HDL (colesterol bueno) de tal manera que el riesgo de enfermedades cardiovasculares no cambió. En otro estudio en que los sujetos consumieron un huevo por día, se encontró únicamente un incremento en los valores de colesterol bueno (HDL).

Estos resultados indican que no debemos preocuparnos acerca del consumo de huevo y el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Tabla 1. Información de la composición en vitaminas y minerales (por 100 g de porción comestible) del huevo de gallina fresco. CC BY

Estudios epidemiológicos también han demostrado que el consumo de huevo no está asociado a un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Al hacer los análisis, los investigadores encontraron que tanto si un individuo consume un huevo por semana como si lo consume a diario, el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares es el mismo.

Por ese motivo los países de Europa, así como India, Corea, Australia, Nueva Zelanda y Canadá, entre otros, no tienen recomendaciones de colesterol en la dieta. Recientemente, en las guías dietéticas de USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos) se ha eliminado el límite superior del consumo de colesterol

¿Qué significa esto? Pues que no hay restricciones de consumo y que las políticas de estos países y de Estados Unidos están de acuerdo en que se puede comer huevo diariamente sin ningún riesgo para la salud cardiovascular.

La importancia de comer bien contra la covid-19

Los resultados preliminares del estudio Nutricovid realizado por el grupo de trabajo de Nutrición de la Sociedad de Endocrinología, Nutrición y Diabetes de la Comunidad de Madrid (Sendimad) indican que la infección por SARS-CoV-2 afecta al estado nutricional, funcional y a la calidad de vida de los pacientes con un pronóstico grave que requieren ingreso en la UCI.

El estudio se ha realizado con la participación de 16 hospitales de la Comunidad de Madrid y un total de 199 pacientes. Los resultados preliminares de este estudio apuntan a que los pacientes con covid-19 presentan un riesgo nutricional desde que se inicia la infección.

Por lo tanto, los autores de esta investigación concluyen que el tratamiento nutricional es una parte fundamental de su cuidado para la recuperación. El huevo es una fuente importante de nutrientes que pueden ser de ayuda en este sentido. Estas recomendaciones están en línea con las propuestas por otros expertos.

La Sociedad Española de Investigación Ósea y del Metabolismo Mineral (SEIOMM) se ha hecho eco de la relación que existe entre el nivel de vitamina D y el pronóstico de la covid-19, no necesariamente causal. Por eso ha propuesto el empleo de la vitamina, teniendo en cuenta el umbral de seguridad de 10 000 UI/día de colecalciferol o 4 000 UI/día de calcifediol.

Por otra parte, la deficiencia de este nutriente esencial se asocia al riesgo de otras enfermedades crónicas tales como hipertensión, enfermedad cardiovascular, diabetes, algunos tipos de cáncer y sobrepeso y obesidad. Todas estas se han asociado con una progresión grave en caso de infección por SARS-CoV-2. Algunos estudios preliminares apoyan la relación entre la deficiencia de vitamina D, la edad y una infección severa por covid-19, sugiriendo que la deficiencia de la vitamina podría tener un mayor impacto en los jóvenes.

A pesar de que esta vitamina puede sintetizarse por la exposición al sol y puede ser suplementada como fármaco, la contribución a través de la dieta es fundamental y la vía más segura para reducir el riesgo de su deficiencia.

Entre los alimentos que se consideran fuente natural de vitamina D destacan los pescados grasos y el huevo (Tabla 1). Estudios previos realizados por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid sugieren que los huevos son la segunda fuente más importante de vitamina D de la población adulta de la región precedidos por el pescado y seguidos por los productos lácteos, cereales, aceites y carnes.

En estudios realizados por estos mismos investigadores en escolares se observó que la mayor parte de la vitamina D de la dieta procedía de los huevos, seguidos de los cereales, pescados y lácteos. El pescado, a pesar de que es una fuente principal de vitamina D, es un alimento que es rechazado por los más jóvenes y algunos adultos por su sabor, textura y presencia de espinas.

En consecuencia, para no tener que recurrir a los suplementos farmacéuticos, el huevo sería la mejor fuente dietética de vitamina D para la población infantil y adulta.

La importancia durante el embarazo

Las mujeres embarazadas deben consumir huevo para proveer al futuro niño con colina, que ayuda al desarrollo del cerebro y con todas las vitaminas que el huevo tiene. Los niños se benefician de consumir huevo por los mismos nutrientes, colina y vitaminas. Los adultos, al consumir la luteína y zeaxantina, previenen el desarrollo de la degeneración macular y de las cataratas en años posteriores.

Las personas mayores se benefician de consumir el huevo porque es una fuente muy importante de proteína que protege contra sarcopenia o perdida muscular. Los ancianos se benefician también de luteína y zeaxantina, puesto que la degeneración macular es reversible y la colina ayuda a conservar la memoria. El huevo contiene además ácidos grasos omega 6 y 3 que intervienen en la salud visual y mental.

No hay evidencias científicas que apoyen una asociación entre la ingesta del huevo y el aumento del riesgo de enfermedades cardiovasculares. Al contrario. Los huevos son fuentes de nutrientes y de otros componentes bioactivos que protegen contra el riesgo de padecer enfermedades no trasmisibles e infecciosas y contra las consecuencias negativas para la salud de padecer estas patologías. Refuerce su estado nutricional con la incorporación de huevos en su dieta diaria balanceada.The Conversation

María Dolores del Castillo Bilbao, Investigadora Científica del CSIC, Bioquímica y Dra. en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, CIAL-CSIC Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación y María Luz Fernández, , University of Connecticut

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.