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¿Qué sabemos del pescado que comemos?

Boca Dorada / Flickr, CC BY-SA
Lourdes Reig Puig, Universitat Politècnica de Catalunya - BarcelonaTech

El consumo de pescados y mariscos en España es más del doble que la media mundial: 42,4 kg por persona y año frente a unos 19 kg por persona y año en el mundo, según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Pero la tendencia va a la baja, en especial entre los más jóvenes, como demuestra un reciente estudio. Son muchos los posibles motivos. Entre ellos, la dificultad que acompaña la compra de pescado cuando no hay un mínimo de conocimiento y experiencia.

¿Por qué resulta tan difícil saber más de los productos pesqueros que consumimos?

Podemos apuntar cinco factores que intervienen en la toma de decisiones durante la compra de pescado.

1. Diversidad de orígenes, productos y calidades

El mercado de pescados y mariscos tiene una dimensión global. En una día cualquiera, la consulta a las estadísticas del Mercado Central de Pescado en Mercabarna (en Barcelona) ofrece casi 200 productos. Esta larga lista incluye especies, tallas y presentaciones diferentes. Proceden de hasta 34 países mayoritarios, más otros tantos no especificados por su menor importancia.

Los productos pesqueros procedentes de otros países representaron un 52,5 % del total comercializado en Mercabarna en 2021. Especies procedentes de otro hemisferio y otra época del año, variedades con nombres comerciales imaginativos… Esta diversidad, sin duda fuente de riqueza, puede confundir al consumidor menos experto y convertirse en un freno.

2. Procedencia: la pesca y la acuicultura

El pescado que consumimos puede proceder de pesca o de acuicultura. Esta situación es muy singular en nuestra cesta de la compra. En ella casi no entran productos salvajes o silvestres, con escasas excepciones como algunas setas y bayas.

El pescado procedente de captura, al que llamamos salvaje, es producto directo de la recolección, no ha sufrido ninguna intervención humana más que en la captura. El pescado procedente de acuicultura es el resultado de un proceso productivo con intervención humana, como la práctica mayoría de alimentos que consumimos hoy.

El pescado salvaje concentra toda la diversidad del medio natural: diferentes especies, la influencia de la alimentación, el impacto de la época del año o de las condiciones locales, entre otros.

En el caso del producto de acuicultura, un sector igualmente globalizado, existe tal diversidad de sistemas de producción que simplificar puede conducir a grandes errores conceptuales. Desde sistemas en los que casi no existe intervención, como es el caso del mejillón, hasta sistemas como el del salmón, que puede llegar a ser muy diverso e intensivo. ¿Cómo puede el consumidor diferenciar entre toda esta diversidad?

3. ¿Qué queremos a cambio de nuestro dinero?

Cuando queremos adquirir una dorada podemos enfrentarnos a la decisión de tener que escoger entre un producto de pesca y un producto de crianza. Algunos consumidores conocen el tema. Otros lo ignoran casi todo. Un importante grupo, según muchos trabajos científicos, se siente confundido, o incluso tiene información errónea basada en mitos que generan dudas, desconfianza y, a veces, rechazo. La diferencia de precio suele facilitar esa decisión, pero ¿sabemos por qué atributos estamos pagando?

El pescado salvaje es la referencia natural para muchos consumidores. La pesca en España es considerada una actividad tradicional, parte de un patrimonio cultural y constructora de paisaje. La acuicultura parece llegar para apropiarse de un espacio que ya está ocupado.

Pero la realidad es tozuda y, aunque muchos consumidores expresan una opinión más positiva por el pescado salvaje, en aquellas especies en las que es posible escoger, el consumo de pescado de acuicultura es muy superior.

De hecho, desde 2014, la contribución de la acuicultura al consumo de productos pesqueros a nivel mundial supera a la de la pesca. Ello sugiere que las percepciones positivas no son necesariamente las que determinan el consumo. Existen otros parámetros determinantes, como la frescura, la sostenibilidad, el bienestar animal, el control o trazabilidad, la presencia de contaminantes, la disponibilidad y el precio. Pero ¿tiene sentido esta comparación? ¿Es justa?

Pues depende de lo que busquemos. Cuando hablamos de frescura, el sistema de obtención del producto puede ser irrelevante, porque lo que importa es la proximidad. Puede ofrecer la misma frescura una lubina pescada que una de granja mientras haya viajado poco. Cuando hablamos de sostenibilidad, existen sistemas sostenibles en ambos casos y sistemas difíciles de justificar también en ambos casos.

Por otra parte, con el producto de pesca estamos adquiriendo el fruto de la propia naturaleza, con toda su riqueza y también sus limitaciones. Es en realidad un lujo que la naturaleza nos ofrece y así deberíamos valorarlo. El pescado de crianza ofrece algo diferente: trazabilidad, conveniencia, seguridad alimentaria, precio, disponibilidad y sí, también calidad.

Así pues, lo importante es que como consumidores sepamos por qué atributos de calidad estamos dispuestos a pagar en cada momento. Por ejemplo, seguro que no buscamos lo mismo para la cena de Navidad que para un miércoles de febrero. Y hay un producto para cada ocasión. Son nuestra capacidad adquisitiva, nuestro sistema de creencias, nuestra propia escala de valores los que determinan la actitud en esa decisión. Intervienen en ello factores como la educación, la tradición cultural o los hábitos alimentarios.

Y, a decisión tomada, ¿tenemos suficiente información como para poder usarla?

4. El personal de la pescadería como prescriptor

En la compra de pescado y marisco se establece una relación de confianza. ¿Cuántas veces preguntamos a la persona que nos atiende sobre la calidad de una pieza de pollo? En cambio, para la compra de pescado fresco a menudo pedimos consejo en la pescadería.

El personal de la pescadería se convierte en nuestro prescriptor. Pero ¿sabe suficiente? Un análisis de la percepción de la acuicultura en los diferentes niveles de la cadena de valor hizo evidente la falta de información, especialmente grave entre los minoristas. Cada vez más, el personal que encontramos en los puntos de venta no está especializado, sobre todo en supermercados o hipermercados, y es incapaz de hacer recomendaciones.

5. La información está ahí, sólo hay que buscarla

Hoy en día hay información disponible al alcance de quien quiera buscarla. Pero es importante saber si responde a las preguntas que se hace el consumidor y en el momento en que se las hace.

La normativa de etiquetaje de productos de la pesca y la acuicultura debería ayudar, pero con frecuencia no se muestra en los puntos de venta. Además, la información que aporta puede ser confusa para el consumidor medio.

Algunas certificaciones, como MSC o ASC, están empezando a ser conocidas en el norte de Europa, pero no tanto en el sur. Mientras tanto, en España se están promoviendo sellos específicos como Crianza de nuestros mares, de la Asociación de Productores Marinos.

¿Donde busca la información el consumidor? Un estudio que analiza las fuentes de información sobre acuicultura en España nos devuelve al punto anterior: el 70 % de los encuestados señaló al personal de la pescadería como la principal fuente de consejo, seguida del etiquetado o las certificaciones (64%), internet (33 %) y la familia y amigos (19 %), entre otras. Es imprescindible que las campañas de promoción del consumo de pescado y marisco tengan en cuenta al sector minorista, que actúa como enlace entre la producción y el consumo.

El consumo de pescado y marisco aporta un valor nutricional del que no deberíamos prescindir. Su valor gastronómico es un privilegio del que deberíamos saber disfrutar. La pesca y la acuicultura ofrecen productos de calidad, para todos los bolsillos y para todas las ocasiones. No dejemos que comparaciones, a menudo infundadas y desinformadas, limiten los beneficios que nos aporta su consumo.The Conversation

Lourdes Reig Puig, Profesora-investigadora en el Departamento de Ingeniería Agroalimentaria y Biotecnología, Universitat Politècnica de Catalunya - BarcelonaTech

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

¿Deberíamos dejar de comer pescado?

Shutterstock/Chirawan Thaiprasansap
Myriam Catalá Rodríguez, Universidad Rey Juan Carlos

Se habla mucho de reducir el consumo de carne por motivos ambientales y de salud. ¿Deberíamos hacer lo mismo con el pescado?

Para responder a esta pregunta de manera racional debemos analizar varias cuestiones.

¿Es el pescado necesario para una dieta saludable?

El pescado y el marisco son valiosos alimentos que contienen altos niveles de proteínas y bajos niveles de lípidos. Destacan las grasas insaturadas saludables, vitaminas como la D y la B1 y micronutrientes esenciales como el selenio y el yodo.

Por este motivo son alimentos muy relevantes para las poblaciones más longevas y saludables, como la japonesa y la mediterránea. En estos lugares el pescado y el marisco sustituyen, en gran medida, el consumo de productos cárnicos.

La dieta mediterránea, reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad, es considerada por la comunidad científica como una de las formas de nutrición más saludable y sostenible.

¿El pescado está contaminado?

A pesar de la mejora en las últimas décadas, la contaminación acuática por sustancias tóxicas es alarmante. Las más preocupantes son aquellas que no se pueden metabolizar rápidamente, porque se acumulan en el organismo. Es el caso de metales pesados como mercurio, cadmio y plomo, pero también de sustancias orgánicas como los hidrocarburos aromáticos policíclicos, las dioxinas y muchos plaguicidas.

Los organismos fotosintéticos acumulan pequeñas cantidades de estos contaminantes, pero los seres vivos que se alimentan de otros acumulan los de sus presas. Este fenómeno es conocido como biomagnificación. Los animales con mayores cantidades de sustancias tóxicas en sus tejidos son los grandes depredadores: mamíferos marinos, atunes, tiburones y, por supuesto, el ser humano.

¿Perjudica esto nuestra salud?

Muchas de estas sustancias se relacionan con alteraciones en los sistemas inmunológico y nervioso y enfermedades vasculares. Es algo de lo que advirtieron la FAO y la OMS en su informe publicado en 2010.

Sin embargo, la mayoría de los estudios señalan que la ingesta de pescado está relacionada con una reducción significativa del riesgo de padecer enfermedades mentales, cardiovasculares, derrame cerebral, alzhéimer y diabetes tipo II.

Si bien existen evidencias de que el pescado contaminado tiene efectos en el neurodesarrollo y el crecimiento fetal (bajo peso al nacer), entre los beneficios del consumo de este alimento durante el embarazo destacan la disminución del riesgo de asma, el aumento de peso del bebé y la mejora en el desarrollo cognitivo.

Los expertos coinciden en que los beneficios obtenidos de comer pescado superan los riesgos potenciales que entraña. La especie consumida, así como la cantidad y la frecuencia de consumo, son determinantes en el balance entre riesgo y beneficio. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda evitar el consumo de grandes pescados y, en el caso de embarazadas y niños, limitar su consumo eligiendo preferentemente especies pequeñas.

Recomendaciones de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición sobre el consumo de pescado. AESAN - Agencia española de seguridad alimentaria y nutrición

¿Es el consumo de pescado sostenible?

La sobrepesca es la principal causa de los declives poblacionales observados en especies pesqueras. Los métodos de pesca más frecuentes y dañinos son la pesca de arrastre y la de cerco (53 % de las capturas). El 25 % de los caladeros está sobreexplotado, y solo un 56 % se explota a un rendimiento sostenible, según datos de la FAO.

El incremento de la temperatura del mar forzará a muchas especies a cambiar de hábitat, lo que alterará las dinámicas de los caladeros además de reducirlos. Si añadimos la presión de la pesca ilegal, que supone al menos el 15 % de las capturas mundiales, el panorama no es nada halagüeño.

La acuicultura sostenible se plantea como una de las pocas opciones capaces de satisfacer la demanda creciente de productos pesqueros. No obstante, aplicada de manera intensiva, la sostenibilidad vuelve a vulnerarse.

Un ejemplo cercano es el langostino que se importa de América y Asia al enorme nicho de mercado europeo. Como consecuencia, manglares de gran valor ecológico son sustituidos por granjas de acuicultura. Una pesquería sostenible es posible, pero necesita innovación tecnológica y cambios provenientes de las instituciones reguladoras, y la mitigación urgente del cambio climático.

En conclusión, alimentación saludable y consumo sostenible son compatibles si ejercemos un consumo responsable. Para ello, elijamos pescado y marisco de especies pequeñas y diversas, de procedencia regulada y con certificado de sostenibilidad. Una buena forma de responsabilizarnos de los impactos ambientales de nuestro modo de alimentación es apoyar dietas más respetuosas con el medio natural como la mediterránea que, además, es más saludable.


En este artículo han colaborado Sara Atienza, Alba Casillas, Helena G. Cortés y Andrea Portal, alumnas o egresadas de la URJC que elaboran el blog divulgativo Ecotoxsan.The Conversation


Myriam Catalá Rodríguez, Profesora Titular de Universidad, Área de Biología Celular, Especialista en Ecotoxicología y Sanidad Ambiental, Universidad Rey Juan Carlos

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

¿Pescado y marisco para Navidad? Cómo elegir el más saludable y sostenible según su etiqueta

Dimitrisvetsikas1969 / Pixabay
Gumersindo Feijoo Costa, Universidade de Santiago de Compostela

El vídeo que el patrón de la embarcación Serlema subió recientemente a Twitter sobre la magnífica escultura Espera de Iría Rodríguez (en punta da Insua, municipio gallego de Laxe, Costa da Morte) me llevó inmediatamente a viajar en el tiempo a los recuerdos de las noches de angustia por la vuelta de la familia cuando en el mar azotaba el temporal. Emociona esa mirada al horizonte de poniente, esperando por aquellos que no han vuelto por el naufragio de sus barcos de pesca.

Los alimentos que proceden de los océanos desempeñan un papel crucial en la consecución de la meta que supone alimentar a la población mundial conforme a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) marcados por la ONU. Específicamente los ODS con el número 2 (hambre cero), 12 (producción y consumo responsable), 13 (acción por el clima) y 14 (vida submarina).

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) ha publicado en su último informe una estimación del consumo mundial de pescado y marisco: 20,5 kg per cápita, lo que supone en la práctica el doble del consumo que hace 50 años.

En la figura 1 se muestra el consumo per cápita en Iberoamérica: aunque España y Portugal lideran el consumo, cabe destacar que en Sudamérica el consumo ha aumentado aproximadamente un 90 % en los últimos 50 años.

Figura 1. Consumo per cápita anual de pescado y marisco en los países iberoamericanos. Author provided

¿Qué nos dicen las etiquetas del pescado?

Una buena alimentación es fundamental para nuestra salud y la del planeta. Para garantizarla, los productos que se comercializan deben tener la información precisa que permita a los consumidores tomar la decisión adecuada.

Figura 2. Contenido de la etiqueta que deben tener los productos pesqueros al comercializarse para que los consumidores posean una información completa de lo que compran. Gumersindo Feijoo Costta, Author provided

A continuación, se detallan los aspectos más relevantes a señalar en las etiquetas de los productos pesqueros:

• Zona de captura. La FAO establece una serie de zonas a efectos de definir la procedencia de las capturas pesqueras en los océanos. En la zona 27 (Atlántico, nordeste) y la 37 (Mediterráneo y mar Negro) faena una parte importante de la flota española. Cada zona se subdivide en una serie de subzonas y estas a su vez en divisiones (figura 3).

• Primer expedidor. Corresponde a la lonja, o centro de primera venta en el caso de los moluscos bivalvos, donde se produce la primera subasta del pescado.

• Denominación. Se incluye el nombre científico, denominación comercial y el acrónimo establecido por la FAO para las diferentes especies. El ejemplo de etiqueta expuesto en la figura 2 corresponde al Raja montagui, esto es, la raya pintada, cuyo acrónimo de la FAO es RJM. Es común que también se detalle el nombre local, en este caso, su denominación en gallego: raia de pintas.

Figura 3. Especificación de algunas subzonas y divisiones de las zonas 27 (Atlántico, nordeste) y 37 (Mediterráneo y mar Negro). Author provided

• Cantidad, método de producción y presentación. En la cantidad se especifica el peso del lote que se subasta (al que se asignará un código para su trazabilidad). El método de producción hace referencia a su procedencia de la pesca extractiva (capturado) o de acuicultura (de cría). En la presentación se puntualiza la forma en que se comercializa o también si ha sufrido algún tratamiento previo (por ejemplo, descongelado).

• Tipo de arte de pesca. Corresponde a los medios utilizados por el productor para obtener productos pesqueros con vistas a su introducción en el mercado. En el caso de la pesca extractiva, será el buque (nombre y matrícula) y en el caso de la acuicultura, la propia instalación (número del Registro de Explotaciones Ganaderas y titular). En el caso de modalidades de pesca sin embarcación o sin instalación acuícola, será la persona física o jurídica. Este aspecto es muy importante, ya que, junto con el caladero, el arte de pesca tiene una influencia notable en la huella de carbono y en otros aspectos ambientales, como el respeto a la biodiversidad evitando los descartes. En el caso de la raya pintada (figura 2), el arte señalado en la etiqueta es “redes enmalle”.

Sellos de calidad y ecoetiquetas

Con el objetivo de fomentar la pesca sostenible, se pueden incluir de forma adicional sellos de calidad o ecoetiquetas adicionales. En la etiqueta de la figura 2 se detallan tres logos:

  1. Sello de garantía de calidad pescadeRías. La marca pescadeRías, ¿de onde se non? es un sello de identidad para la promoción y defensa de los pescados y mariscos procedentes de la flota artesanal gallega. La UE lo considera como una buena práctica.

  2. Sello de la lonja de Ribeira. Pone en valor el tratamiento y trazabilidad del pescado subastado por el primer expedidor.

  3. Ecoetiqueta de pescaenverde. Garantiza que posee una baja huella de carbono (kg de CO₂ equivalente/kg de producto) y una alta tasa de retorno energético (TRE, cociente entre la energía proteica que aporta y la energía necesaria para su captura y descarga en puerto).

Figura 4. Huella de carbono y tasa de retorno energético de diversos pescados y mariscos en comparación con otros alimentos tradicionales como carnes, lácteos y frutas. Author provided

Los pescadores y los consumidores deben establecer una relación recíproca: los pescadores deben ofrecer productos que en su captura sean cada vez más respetuosos con el medio ambiente y, por su parte, los consumidores deben tener una actitud proactiva al optar por aquellas pesquerías con menor impacto ambiental. Cuidar de la sostenibilidad de los océanos también significa poner en valor el vector social de la pesca. Ayudemos a los pescadores que aman y cuidan el mar.The Conversation

Gumersindo Feijoo Costa, Catedrático de Ingeniería Química, Universidade de Santiago de Compostela

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Fraude en el color del atún: ¿es peligroso para la salud?

Shutterstock / meanmachine77
Roberto Sáez Hernández, Universitat de València y Maria Luisa Cervera Sanz, Universitat de València

La reciente reaparición de una estrategia de fraude alimentario en relación con el atún hizo saltar las alarmas en las instituciones de control a nivel europeo. Cientos de piezas de atún tuvieron que ser analizadas a raíz de sospechas surgidas en el sector.

Algunas de las muestras de atún habían sido adulteradas mediante aditivos no autorizados con el objetivo de alterar el color final de la pieza. Llegados a este punto, los lectores podrían preguntarse: ¿por qué estaría interesado el distribuidor en adulterar el color del atún? ¿Cómo lo hacen? En caso de ingerir una pieza de atún fraudulenta, ¿corremos algún riesgo como consumidores?

En este artículo intentaremos responder a estas preguntas desde el punto de vista de la química de los alimentos.

Proceso de cambio de color del atún.

¿Por qué el atún tiene color de atún?

El color característico del atún es debido a su contenido en hemoglobina y mioglobina, moléculas orgánicas complejas encargadas del transporte de oxígeno. En el caso del género Thunnus, el contenido en mioglobina se ha demostrado mayor que el de hemoglobina, motivo por el cual nos centraremos en su estudio.

En la estructura de la mioglobina se encuentra un átomo de hierro en estado de oxidación +2 –Fe(II)–, encargado de enlazar a la molécula de O₂. A la estructura resultante se le denomina oximioglobina y presenta un color rojo muy vivo y atractivo para el consumidor.

Una vez el animal es capturado y sacrificado, si se procede a su ultracongelación a -40 ⁰C, su color se mantiene sin apenas variación aparente. Sin embargo, este tratamiento no es habitual y generalmente la temperatura de congelación posterior a la captura es de -18 ⁰C.

Al descongelar y filetear el atún, la mioglobina queda expuesta al aire. Esto provoca una transformación del color desde el rojo intenso inicial (debido a la oxihemoglobina) a un marrón rojizo mucho menos atractivo para el cliente. Dicha modificación del color viene ligada a la oxidación del átomo de hierro, que pasa de estar en estado de oxidación +2 a +3. A esta nueva molécula se la conoce con el nombre de metamioglobina.

Es evidente que cuanto mayor sea el tiempo de exposición al ambiente, mayor será el grado de aparición de metamioglobina. Por tanto, peor aspecto presentará la pieza de cara a los compradores.

Esto es una buena estrategia para identificar la fecha de captura del atún. Una pieza más oscura sería, a priori, menos aconsejable debido a la aparición de ciertos compuestos potencialmente tóxicos, entre los cuales se encuentran las aminas biogénicas. De este grupo, quizá la más significativa sería la histamina, compuesto nitrogenado y originado a partir de la descarboxilación de la histidina, aminoácido muy abundante en el atún.

Histamina.

¿Por qué adulterar el color de un atún?

Existen dos razones detrás de la adulteración del color del atún: por un lado, la prolongación de su vida útil. Por otro, hacer pasar especies más baratas por otras más caras.

La primera buscaría alargar el periodo temporal durante el cual el atún podría estar a la venta, debido a que su aspecto se mantendría apetecible durante más tiempo.

En cuanto a la segunda, consiste en hacer pasar una pieza de atún de aleta amarilla (Thunnus albacares) o de atún patudo (Thunnus obesus), especies de menor precio y calidad, por un atún de aleta azul (Thunnus thynnus) o atún rojo. Este último tiene una coloración propia que consiste en un rojo muy vivo característico que lo diferencia del resto de especies más económicas.

¿Cómo se lleva a cabo la adulteración del color del atún?

El factor principal que genera una variación del color del atún es la oxidación de la mioglobina. Evitar ese paso puede evitar dicho pardeamiento. Pero ¿cómo?

Existen distintas estrategias, entre las cuales están:

1. Adición de sales de nitrato y nitrito (NO₃⁻ /NO₂⁻).

Su incorporación al producto aporta una elevada concentración de estas especies en la carne del atún. En este entorno habitan una serie de microorganismos capaces de reducir el nitrato a nitrito. Este nitrito, a su vez, es capaz de generar radicales NO altamente reactivos, y que pueden imitar la función que realizaba el O₂ sobre la mioglobina.

Así, se estaría estabilizando el color propio de la oximioglobina de manera artificial.

2. Tratamiento del atún con monóxido de carbono.

El monóxido de carbono, CO, cumple el mismo papel que los nitrocompuestos mencionados anteriormente. En presencia de CO, la mioglobina lo capturaría formando complejos Mb-CO de gran estabilidad y con un aspecto rojo muy vivo y llamativo.

3. Adición de extractos vegetales.

Dado que el ion nitrato es muy frecuente en distintas especies vegetales, su adición a pescados como el atún generaría un efecto similar al de la adición de sales de nitrato de manera directa.

Además, gracias a la presencia de pigmentos de un color muy similar al deseado en la remolacha, sus extractos son peculiarmente útiles en lo que a la adulteración del atún se refiere.

¿Corro algún riesgo si consumo atún adulterado?

Los procedimientos antes mencionados han sido prohibidos en el seno de la Unión Europea por su capacidad para inducir a confusión entre los consumidores y sus potenciales efectos sobre la salud.

En los casos de muestras de atún tratadas con monóxido de carbono, dicho riesgo es menor dado que la cantidad de esta sustancia que es necesaria para tener un efecto visible es muy pequeña (<1 % en CO ya produce un efecto significativo).

Por el contrario, si la adulteración ha sido mediante la adición de sales de nitrato o nitrito, el riesgo puede ser mayor. El nitrito ha demostrado ser capaz de generar reacciones de formación de nitrosaminas, compuestos relacionados con la aparición de distintos tipos de cánceres.

Además, el consumo de atún fuera del periodo recomendado puede implicar ciertos peligros debido a la aparición de las anteriormente mencionadas aminas biogénicas. Destacábamos antes la histamina, dado que está relacionada con la aparición del síndrome denominado escombroidosis. Este viene caracterizado por padecimiento de hormigueo, vómitos, mareos y sensación de quemazón en la boca tras haber consumido una pieza contaminada.

Conclusión

La aparición de un mercado mundial cada vez mayor para el atún ha generado un exceso de demanda de difícil cobertura. A raíz de ello, se han detectado diferentes estrategias para poder poner al alcance del consumidor alimentos que no cumplen con la legislación europea.

Su consumo accidental y esporádico no supone un gran peligro para la población. Además, es importante transmitir un mensaje de tranquilidad al consumidor: que artículos como este puedan describir los fraudes detectados demuestra la eficiencia de los controles oficiales que nos ofrecen unos alimentos seguros.  The Conversation

Roberto Sáez Hernández, Investigador predoctoral FPU, Universitat de València y Maria Luisa Cervera Sanz, Catedrática de Química Analítica, Universitat de València

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Estamos consumiendo pescado contaminado por los residuos electrónicos que enviamos a África

Vertedero de chatarra electrónica procedente de Europa y Norteamérica en el barrio de Agbogbloshie, en Acra (Ghana). Shutterstock / Aline Tong
Alba Ardura Gutiérrez, Universidad de Oviedo

¿Quién no tiene un móvil, una tableta e, incluso, un coche eléctrico? ¿Quién no se queja cuando sus aparatos electrónicos comienzan a cargar peor y a disminuir la durabilidad de sus baterías? ¿Cada cuánto tiempo cambiamos nuestros dispositivos electrónicos?

Pero ¿quién sabe cómo y de dónde proceden los materiales necesarios para fabricar esas baterías? ¿Quién sabe qué pasa con los dispositivos que tiramos?

Los dispositivos electrónicos que todos y todas tenemos son una mezcla compleja de cientos de materiales. Entre los que se encuentran metales pesados como plomo, mercurio o cadmio.

Para que se hagan una idea, un teléfono móvil tiene entre 500 y 1 000 compuestos diferentes. Además, hay que saber que la obtención de estos materiales pone en riesgo la salud de los trabajadores y las trabajadoras que extraen los metales en las minas y fabrican los productos. Y al final de su vida útil, si esos materiales no son tratados adecuadamente, las sustancias peligrosas que contienen pueden contaminar el medio ambiente y afectar a la salud de las personas.

El círculo vicioso de los dispositivos electrónicos

La mayoría de los metales necesarios para la producción de dispositivos electrónicos son extraídos en minas de países en vías de desarrollo, como África. Una vez obtenidos, son comprados por grandes empresas asiáticas para producir los componentes de los aparatos electrónicos.

Finalmente, los teléfonos inteligentes, tabletas y coches eléctricos producidos serán vendidos en todo el mundo. Aunque la mayoría de los consumidores vivirán en países desarrollados, como los de América del Norte y Europa.

Pero esto no es todo. Cuando nuestros dispositivos electrónicos ya están obsoletos y su batería no dura lo suficiente, el viaje de los metales pesados que comenzó en las minas africanas termina con el envío de nuestra basura electrónica de nuevo al continente africano.

Los países ricos pagarán a los países pobres por hacerse cargo de su basura, siendo una parte importante de su economía. Pero causando un gran problema medioambiental, ya que el reciclaje en estas zonas no está lo suficientemente desarrollado.

El caso del vertedero de Ghana

A modo de ejemplo, en Ghana, país de África occidental, está uno de los vertederos de residuos electrónicos más grandes del mundo, y recibe principalmente desechos electrónicos europeos. En este vertedero, la basura tecnológica se acumula para ser posteriormente quemada.

Esos desechos pueden empezar a descomponerse, produciendo gases que van a la atmósfera y líquidos que penetrarán en la tierra. Su quema también emitirá gases peligrosos que pasan a la atmósfera. Estudios previos ya han demostrado que el vertedero de desechos electrónicos de Ghana causa una contaminación importante del suelo y la atmósfera por metales pesados.

Sin embargo, las poblaciones locales desconocen los problemas ambientales que producen estos desechos electrónicos, respirando esos gases y consumiendo los recursos naturales de los alrededores. No existe ningún control sanitario previo.

Vertedero de chatarra electrónica procedente de Europa y Norteamérica en el barrio de Agbogbloshie, en Acra (Ghana). Shutterstock / Aline Tong

La contaminación regresa a Europa

La vuelta de la basura electrónica europea a los países africanos cierra un círculo que es un claro ejemplo de la política global actual: el primer mundo extrae lo que necesita y devuelve lo que ya no quiere.

El enorme coste ambiental de los metales necesarios para saciar la necesidad cada vez mayor de dispositivos eléctricos y electrónicos en países desarrollados lo están pagando los países productores y receptores de desechos en África. Mientras tanto, los estados europeos se benefician de los nuevos aparatos y el transporte ecológico sin carbono gracias a los automóviles eléctricos que llevan minerales africanos en sus baterías.

Pero quizás ese círculo no sea perfecto y esta contaminación esté llegando a los ciudadanos europeos. Los productos del mar podrían ser un posible vector de contaminación por metales pesados entre África y Europa.

Los metales pesados producidos en áreas mineras y en vertederos de desechos electrónicos llegan a las aguas costeras a través de ríos y riachuelos y se acumulan en los sedimentos marinos. Desde allí, entrarán en la cadena trófica a través del plancton. Luego pasarán a los peces que consumen ese plancton para, finalmente, terminar en los grandes depredadores.

La acumulación de estos metales contaminantes dependerá de las especies, dependiendo de su nivel trófico, su historia de vida y sus hábitos de alimentación.

El círculo de los contaminantes electrónicos. FAO / Modificado de Garcia-Vazquez et al., 2021

Atunes con altos niveles de metales pesados

Un ejemplo de pescado altamente depredador que acumula metales pesados es el atún. Este pescado no es aconsejable para niños y mujeres embarazadas debido al alto contenido en mercurio que puede presentar. La presencia de metales en estos peces depende de la especie, el sexo y la zona en la que se desarrolle.

El pescado capturado en aguas africanas entra en el comercio mundial y se puede vender en cualquier lugar, apareciendo en el mercado europeo. Los acuerdos de asociación de pesca sostenible de la Unión Europea permiten a los barcos de la Unión capturar atún mientras migra a lo largo de las aguas africanas. Por tanto, si la contaminación africana por metales pesados llega al atún en mar abierto a través de las plumas de los ríos y la cadena trófica, Europa podría estar consumiendo la contaminación por metales pesados a través de la ingesta de especies marinas capturadas en aguas africanas.

Mapa de zonas de pesca de la UE en costas de otros países
Hay 12 acuerdos de asociación de pesca sostenible en vigor entre la UE y países del océano Atlántico, Pacifico e Índico. UE

¿Qué obtendríamos si analizásemos atunes procedentes de diferentes zonas de pesca y comercializados en España? ¿Estarían los metales extraídos en minas africanas, presentes en los desechos electrónicos, concentrados en atunes procedentes de aguas africanas?

La respuesta es sí. Los resultado de un estudio que hemos publicado recientemente muestran concentraciones más altas de todos los metales analizados en atunes capturados en aguas africanas, sobre todo de mercurio y plomo.

Además, las concentraciones de metales en los atunes están relacionadas con las concentraciones encontradas en las aguas donde fueron capturados, mostrando que los peces están incorporando los metales presentes en el ambiente en el que viven.

¿Qué podemos hacer?

Ahora que sabemos que el océano nos devuelve todo lo que le enviamos, y que puede estar dañando nuestra salud, ¿qué podemos hacer?

Estos son algunos ejemplos de vías de actuación:

  1. Estudiar en profundidad cómo pasa la contaminación por metales de los ríos y la tierra al mar.

  2. Estudiar en profundidad cómo se acumulan estos metales en la cadena trófica marina.

  3. Estudiar el riesgo de ingestión de metales pesados a través del consumo de productos del mar contaminados con metales procedentes de la minería y la basura electrónica.

  4. Educar en un consumo responsable de aparatos electrónicos, dando a conocer la procedencia y el tratamiento de los residuos derivados.

  5. Trabajar hacia la mejora en el tratamiento de desechos electrónicos en los países productores e importadores.The Conversation

Alba Ardura Gutiérrez, Investigadora posdoctoral en el Área de Genética, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.