Las abejas indican la presencia de microplásticos en el medio ambiente



Abejas urbanas en una colmena. Asociación Danesa de Apicultores, Author provided
Carlos Edo, Universidad de Alcalá; Francisca Fernández Piñas, Universidad Autónoma de Madrid y Roberto Rosal, Universidad de Alcalá

Los microplásticos son pequeños fragmentos de plástico de entre 5 milímetros y 1 micrómetro (el tamaño de una bacteria). Puede que ya le resulten familiares por los numerosos informes que alertan de su presencia en el medio ambiente.

Recientes investigaciones muestran la alta capacidad de estos fragmentos para alcanzar los diferentes compartimentos ambientales: los océanos, los ríos, los suelos y el aire. Es tanta la movilidad de los microplásticos que hasta se han encontrado en lugares remotos del Ártico o de la Antártida.

Gracias a la colaboración entre las Universidades de Alcalá, Autónoma de Madrid y de Almería con la Asociación Danesa de Apicultores, hemos evaluado la capacidad de las abejas para recoger, por adherencia, microplásticos en sus viajes diarios. La asociación danesa cuenta con más de 6 000 apicultores y tiene la ventaja de desarrollar apicultura de zonas urbanas.

El estudio aporta la primera evidencia de cómo las abejas (y otros insectos) entran en contacto con estos materiales, que por supuesto acaban en el interior de las colmenas. Hasta ahora se había investigado principalmente si había plástico en la miel o qué pasaba con los polinizadores que se exponían a alguno de estos polímeros.

La ubicuidad y persistencia de este tipo de residuos los convierten en un problema global sin que exista una idea clara de cómo se transfieren de un medio a otro. Además, aún se desconocen en gran medida sus efectos sobre el medio ambiente y la salud de las personas.

Microplásticos de origen marino. Carledcu / Flickr

Microplásticos en el aire

De todos los medios explorados, el aire es el más desconocido en cuanto a la presencia de microplásticos. La mayoría de los estudios publicados hasta la fecha investigan los materiales que se depositan en el suelo utilizando muestreadores específicos.

Recientemente, hemos demostrado la presencia de materiales a gran altura sobre el cielo de Madrid. Sabemos, por lo tanto, que los microplásticos tienen la capacidad de alcanzar grandes altitudes.

Una vez han ascendido lo suficiente, el movimiento de las masas de aire mueve los microplásticos de una zona a otra. La movilidad es mayor cuanto menor sea el tamaño de las partículas.

Si bien parece que el aire es una pieza clave en la distribución de los microplásticos, todavía no está claro cómo se producen los desplazamientos, el origen de estos plásticos ni si su flujo tiene una determinada temporalidad.

Las abejas como biomonitores

Las abejas de la miel (Apis mellifera) son excelentes biomonitores de diversos contaminantes. Gracias a ellas, se pueden monitorizar los productos veterinarios usados por los apicultores para su cuidado, los pesticidas de origen agrícola y otros contaminantes presentes en su radio de exploración. Estos controles garantizan que la calidad de los productos como la miel, la cera y el polen sea óptima.

Las principales ventajas de las abejas como bioindicadores son la sensibilidad que tienen a los tóxicos, su alta tasa de reproducción y su amplio radio de acción. Sus largos vuelos, de hasta 14 km, les permiten recorrer zonas inaccesibles para el hombre.

Abeja recolectando polen.
Abeja recolectando polen. Shenandoah National Park / Flickr

Una investigación novedosa

Para llevar a cabo nuestro último estudio, fijamos primero un protocolo y recolectamos una serie de muestras de las abejas durante la pasada primavera. Después, evaluamos la presencia de los microplásticos que llegaron fijados a los insectos en una serie de colmenas situadas en diecinueve localizaciones de Copenhague y alrededores.

Localización de los puntos de muestreo. Fotografía de los autores, Author provided

En sus desplazamientos en búsqueda de néctar y flores, las abejas retienen en sus cuerpos las fibras y fragmentos de plástico que estén presentes en el aire debido a interacciones electrostáticas entre sus cuerpos y los microplásticos.

La cantidad de plástico que se encuentre en cada colmenar, cuyos individuos comparten área de vuelo, constituye una medida de la cantidad de estos materiales en el entorno.

Detalle de micropartículas de diversos materiales adheridas a distintas partes de la abeja. Science of The Total Environment, Author provided

Microplásticos en todas las colmenas

Hemos detectado microplásticos de diversas formas y colores, tanto fibras como fragmentos, en todas las localizaciones muestreadas. La mayor cantidad de plásticos, como era de esperar, se ha encontrado en las zonas urbanas. Sin embargo, en las regiones suburbanas e incluso en las rurales también se han encontrado cantidades destacables. Proceden de zonas urbanas próximas, que son la fuente principal de esta contaminación.

En nuestro trabajo, hemos identificado trece polímeros sintéticos diferentes entre los que destacan las fibras de poliéster. La contaminación por fibras sintéticas es un problema común y señala directamente al uso de materiales sintéticos como fuente importante de microplásticos en el medio ambiente.

Otros plásticos como el polietileno o el cloruro de polivinilo aparecieron con frecuencia en las muestras junto con materiales de algodón o lana que han sufrido algún tipo de tratamiento para su uso textil (la presencia de colorantes y otros aditivos químicos también es motivo de contaminación).

Aspecto de los microplásticos encontrados adheridos al cuerpo de las abejas. Science of the Total Environment, Author provided

La actividad humana, fuente de microplásticos

En este estudio pionero, demostramos la presencia de microplásticos y otros materiales antropogénicos adheridos al cuerpo de las abejas. Esto las hace útiles como biomonitores de la presencia de estos materiales en la naturaleza.

Este enfoque abre un abanico de posibilidades para futuros estudios. Gracias a esta especie, podemos llegar a conocer más sobre la dispersión de los plásticos desde los núcleos urbanos, las variaciones geográficas y temporales de esas dispersiones, y cómo la presencia de microplásticos cambia con el perfil sociodemográfico de las zona estudiadas.

Por otra parte, no hay que olvidar que la situación óptima debería ser la poca o nula detección de microplásticos y esto está lejos de ocurrir. La contaminación por microplásticos está asociada a la actividad humana y mientras utilicemos polímeros sintéticos será necesario establecer programas de vigilancia y monitorización.

El uso de biomonitores permite obtener datos de lugares muy dispares con una inversión limitada. De esta forma, las abejas pueden contribuir a mejorar la gestión de nuestros residuos plásticos.The Conversation

Carlos Edo, Estudiante de Doctorado en Hidrología y Gestión de los Recursos Hídricos. Departamento de Química Analítica, Química Física e Ingeniería Química, Universidad de Alcalá; Francisca Fernández Piñas, Catedrática de Biología, Universidad Autónoma de Madrid y Roberto Rosal, Catedrático de Ingeniería Química, Universidad de Alcalá

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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¿Es la dieta mediterránea recomendable para la covid-19?



Shutterstock / Antonina Vlasova
Iñaki Milton Laskibar, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Alfredo Martínez Hernández, IMDEA; Laura Isabel Arellano García, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

A punto de cumplirse un año desde que cambiaran nuestras vidas, todavía seguimos sin ver la luz al final de ese túnel llamado covid-19. Durante este tiempo se ha investigado mucho, sobre el coronavirus y sobre los factores que pueden influir en su prevención y tratamiento. Entre ellos destacan numerosos artículos publicados sobre los efectos beneficiosos que pueden tener nutrientes concretos sobre la covid-19.

Sin embargo, son escasos los estudios que se han centrado en analizar los beneficios que pueden suponer patrones dietéticos específicos sobre esta enfermedad. En el caso de la llamada “dieta mediterránea”, las propiedades saludables que se le atribuyen en enfermedades metabólicas y cardiovasculares son de sobra conocidos. No obstante, ¿sería también recomendable para la covid-19?

Cuando una persona es infectada por el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario se defiende produciendo una “tormenta inflamatoria” descontrolada. Esta excesiva respuesta inflamatoria produce daños en el tejido pulmonar, lo que se traduce en una disminución de la capacidad respiratoria. También se da un proceso inflamatoria en otros órganos y tejidos, lo que agrava todavía más la enfermedad.

La dieta mediterránea es considerada como uno de los patrones dietéticos más sanos. Se caracteriza por una elevada presencia de alimentos de origen vegetal (verduras, frutas, legumbres y frutos secos), el uso del aceite de oliva como principal fuente de grasa y el consumo moderado de leche y lácteos, pescado y carne blanca. La ingesta de estos alimentos proporciona, entre otros, ácidos grasos mono y poliinsaturados, así como otros compuestos bioactivos, entre los que destacan los polifenoles, presentes en alimentos de origen vegetal.

Dado que son numerosos los estudios en los que los efectos antiinflamatorios y antioxidantes de estos compuestos han sido demostrados, el consumo de alimentos ricos en polifenoles podría contribuir a reducir la severidad de la patología en personas con covid-19.

Otra de las características de la dieta mediterránea es la baja presencia de nutrientes y alimentos con efecto proiinflamatorio demostrado (como pueden ser los azúcares refinados, ácidos grasos trans o alimentos energéticamente densos). Todo esto ayudaría a reforzar el efecto antiinflamatorio mencionado.

Comer mejor para tener mejor pronóstico

Por otro lado, se ha descrito que nutrientes que están especialmente presentes en alimentos de la dieta mediterránea, como los ácidos grasos ω-3, los polifenoles o la vitamina D, mejoran la respuesta inmune en infecciones pulmonares. Este efecto también sería de interés en el caso de la covid-19, puesto que ayudaría tanto a prevenir o dificultar la infección por el virus, como a mejorar la respuesta inmunitaria en el caso de haber sido infectados.

A esto habría que sumarle el hecho de que la clínica de las personas que contraen la covid-19 suele tener peor pronóstico (severidad de la patología) si existen patologías subyacentes. Es el caso de las personas que padecen obesidad o diabetes, ambas caracterizadas por un estado inflamatorio crónico de baja intensidad que se ha relacionado con una mayor mortalidad por covid-19.

Del mismo modo, también se ha descrito que las personas con enfermedades cardiovasculares tienen una mayor tasa de mortalidad en el caso de contraer la enfermedad. Este proceso se debe a que una de las complicaciones de la covid-19 es el aumento de la agregación plaquetaria, lo que a su vez puede producir complicaciones trombóticas.

En este sentido, desde hace años la dieta mediterránea ha sido el patrón dietético de referencia para la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas y metabólicas. Los beneficios que aporta la dieta mediterránea sobre estas patologías (cuya prevalencia a día de hoy sigue siendo alta) también la harían recomendable en el caso de la covid-19.

A día de hoy existe evidencia suficiente para considerar la dieta mediterránea como un patrón dietético recomendable que puede ayudar contra la covid-19. La idoneidad de este patrón dietético se debe, principalmente, a los efectos antiinflamatorio e inmunomoduladores.

A ello habría que sumarle que proporciona protección frente a otras enfermedades crónicas inflamatorias, las cuales pueden afectar de forma significativa en el desarrollo de la enfermedad. Sin embargo, y de esto también hay evidencia más que probada, mantener las normas de higiene y de distanciamiento social siguen siendo las medidas más efectivas para minimizar el riesgo de contraer la enfermedad.The Conversation

Iñaki Milton Laskibar, Investigador Postdoctoral en Cardiometabolic Nutrition Group, IMDEA Alimentación. Investigador en Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberObn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Alfredo Martínez Hernández, Director de Precision Nutrition and Cardiometabolic Health Research Program y Cardiometabolic Nutrition Group, IMDEA; Laura Isabel Arellano García, Estudiante Nutrición y Salud, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Catedrática de Nutrición. Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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