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¿Qué comemos en España y Latinoamérica en el día de Todos los Santos?

Huesos de santo, buñuelos o panellets, tres dulces típicos de Todos los Santos en España. Tamorlan / Manel Zaera / Wikimedia Commons, CC BY-SA
Marta Torres Martínez, Universidad de Jaén

Como afirma Carmen Ortiz García, en Fiesta y festín. El comer festivo en España, “en España existe una enorme cantidad de comidas y formas culinarias específicas ligadas al ciclo festivo tradicional y que todavía hoy se consideran de consumo prácticamente obligatorio”.

Se aproxima el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, festivo nacional solemnizado por el papa Gregorio IV a mediados del siglo IX. En torno a esta celebración, en las mesas peninsulares no faltan buñuelos o huesos de santo, entre otros dulces y platos típicos.

Clásicos populares en España

El primer diccionario de la RAE (Diccionario de autoridades, 1726-39) define los buñuelos como “una bola mas ò menos grande (lo mas comun del tamáño de una nuéz) de massa, bien preparada, que echada en azéite hirviendo, se forma de esta manéra y figúra, y despues de bien frita se come con miél, ò sin ella. Los hay de vários géneros, como son buñuélos de geringa, y de viento”. Ya en el Arte de cocina (1611) de Martínez Montiño, cocinero de Felipe III y Felipe IV, se incluían tres recetas de buñuelos de viento.

Los huesos de santo, sin embargo, se empiezan a registrar en el diccionario académico publicado en 1936 como “Pasta de repostería hecha con harina y huevos, frita en aceite”. A partir de 1970 encontramos una caracterización más aproximada a su forma y composición: “Rollito de pasta de almendra, relleno de cabello de ángel, polvo de batata u otro dulce”.

Anuncio en El Balear de Palma de Mallorca, el 27 de octubre de 1854. Biblioteca Nacional de España, CC BY

En la zona catalana y levantina se comen panellets, voz referida a dulces de forma esférica con mazapán y envueltos en piñones, registrada en prensa de la primera mitad del siglo XIX. Por ejemplo, se puede ver en el periódico El Balear (Palma de Mallorca), el 27 de octubre de 1854, en un anuncio de la Confitería de Frasquet que anuncia que “en ella se venderán el Día de Todos los Santos panellets de mazapán como los de Barcelona”.

En el sur se elaboran las típicas gachas a base de harina, matalahúva, azúcar con un toque de canela y cuscurros por encima –en Sevilla, Huelva y Cádiz se denominan poleás–. Gachas se incluye ya desde el Diccionario de autoridades (1726-39) de la Real Academia Española como “género de comida compuesta de harina y miel, suelta con agua, y cocida al fuego. Algunos añaden aceite, arrope, ajos fritos, o otras cosas, conforme al gusto de cada uno”.

Las tradiciones en Ecuador y Guatemala

Pero ¿qué se come en el resto de países hispanohablantes en esta efeméride? Gracias a la ayuda del doctor José Luis Ramírez Luengo y a la generosidad de colegas y amigos oriundos de diferentes países americanos, hemos podido constatar los alimentos característicos de, por ejemplo, Ecuador, Guatemala o México. Muchos de estos platos o platillos se recogen en el Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, un repertorio léxico que pretende compilar todas las palabras propias del español de América.

Un pan dulce servido al lado de una bebida morada.
Colada Morada (derecha) servida junto una guagua de pan (izquierda). Juan Jorge Arellano / Wikimedia Commons, CC BY-SA

De un lado, en Ecuador, se prepara tanto la colada morada –una “bebida dulce y de consistencia espesa que se elabora con harina de maíz negro o solamente con la fécula, moras, mortiños, naranjillas, piña y babaco, y que se consume especialmente en la época próxima al día de los difuntos”– como la guagua de pan –también documentada en Bolivia–: “Pan elaborado con forma de niño y pintado de diversos colores; se sirve para acompañar la colada morada en el día de difuntos”, según indica el Diccionario de americanismos.

Se trata de platos cuyo origen se remonta a la época prehispánica. En concreto, el chef Miguel Burneo, docente investigador de la Escuela de Gastronomía de la Universidad de las Américas (UDLA), explica el simbolismo de estas elaboraciones: la guagua de pan representa al difunto, mientras que la colada morada es la sangre: “Incluso, en algunos casos, se da el ritual de tirar un poco de colada a la tierra para alimentar a la Pachamama, porque existe esa creencia de que el pan representa al difunto, pero la colada es lo que le da vida”.

De otro lado, en Guatemala, el fiambre es el plato nacional elaborado con una mezcla de diferentes encurtidos de verduras, embutidos y carnes. Se sirve frío, de ahí su denominación. En este país, entre otras delicias, se consume ayote en miel, término documentado también en Honduras, El Salvador y Nicaragua. Ayote procede del nahua ayotli, que significa “calabaza”.

Fiambre, plato tradicional de Guatemala. Luisfi / Wikimedia Commons, CC BY-SA

En torno al Día de Muertos mexicano

Finalmente, en el caso de México es muy conocido el pan de muerto: “Pan dulce de forma redondeada, recubierto con una capa de azúcar; se suele preparar y consumir para celebrar el día de los difuntos”.

En los hogares del país se levantan altares donde, a los familiares fallecidos, se ofrecen sus guisos y alimentos favoritos. Estas preparaciones varían dependiendo de las regiones.

Pan de muerto y otras ofrendas en un altar de muertos. JMndz / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Por ejemplo, en Yucatán, destaca el pib –comida tradicional de las comunidades mayas que se hacía al comienzo de las cosechas, aunque en la actualidad se prepare en torno al Día de Muertos–, también llamado Hanal Pixán (“comida de las ánimas”). Se trata de una especie de tamal en forma redonda o cuadrada que se prepara con masa de maíz, tomate, manteca de cerdo, chile, cebolla, epazote (“planta aromática”) y xpelón (“frijol nuevo y tierno”). El pib se envuelve en hojas de plátano y se coloca en un hueco cubierto de hojas y tierra, donde se cocina unas dos horas. También se denomina mucbipollo o mukbil pollo –el vocablo maya mukbil significa “algo que debe ser enterrado”– así como pibipollo, término que recoge el Diccionario de americanismos.

Mukbil pollo tras haberse cocinado entre hojas de plátano. Jaontiveros / Wikimedia Commons, CC BY-SA

En definitiva, la comida supone una pieza fundamental en la cultura e identidad propia de cada país, así como en la preservación de su patrimonio. En este contexto, el léxico se convierte en expresión de la cultura, en un componente clave para la transmisión, descodificación e interpretación de nombres de platos y recetas que se cocinan de generación en generación al llegar, en este caso concreto, el día de Todos los Santos.The Conversation

Marta Torres Martínez, Profesora Titular de Lengua Española, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Cómo facilitar las comidas y cenas festivas a las personas con trastornos alimentarios

Shutterstock / nito
Fátima Servián Franco, Universidad Internacional de Valencia

Las personas con trastornos de conducta alimentaria (TCA) tienen una relación y unos patrones diferenciales respecto a la alimentación. En el periodo navideño estos pueden reforzarse, ampliarse o volver a activarse. De hecho, el exceso de comidas, tanto en cantidad como en frecuencia, supone un contexto de mayor riesgo de recaída.

Para que estas personas se sientan comprendidas, es necesario implicar a la familia y amigos. Así facilitaremos que cada comida familiar no les suponga un obstáculo.

¿Qué caracteriza un TCA?

El rasgo más característico en los TCA es la intensa preocupación por el peso y la figura corporal. Junto a él, las alteraciones en los comportamientos y actitudes relacionados con la alimentación.

Existen diferencias en cuanto a la gravedad. El abanico va desde la anorexia nerviosa hasta las manifestaciones subclínicas, pasando por la bulimia y el trastorno por atracón.

La psicopatología específica de los TCA señala el “núcleo psicopatológico del problema”. Este se encuentra en los hábitos de ingesta, la sobrevaloración de la figura, del peso corporal y su control.

Pixabay / stevepb

Normalmente, las personas nos autoevaluamos en función de la percepción que tenemos de nuestro desempeño en distintos ámbitos de la vida. Por ejemplo, las relaciones interpersonales, el trabajo, la familia, los intereses personales…

Sin embargo, las personas con TCA se juzgan a sí mismas casi exclusivamente en base a sus hábitos de ingesta, figura, peso corporal y capacidad para controlarlos.

Es por ello por lo que las fiestas navideñas, en las que el foco principal se sitúa en la comida y el alcohol, suponen todo un reto. No solo para las personas con TCA con un patrón de hábitos basados en un férreo de control sobre su alimentación, prohibiéndose a sí mismas flexibilizarlo, sino también para aquellas en el que su patrón de alimentación se rige en una relación de descontrol.

¿Cómo puede actuar el entorno al respecto?

La familia y la red de apoyo de las personas con TCA son fundamentales. Tienen un papel indispensable durante el tratamiento, el mantenimiento de los resultados y en la prevención de posibles recaídas.

Debido a la incidencia de estos trastornos en fechas como las señaladas, es muy importante implicar y educar al núcleo familiar. El objetivo es que quien sufre uno de estos trastornos no se sienta diferente al resto en las comidas navideñas. Ponernos en su lugar es una de las claves para ayudarle durante cualquier época del año.

Ahora bien, no solo la alimentación desempeña un papel importante en estas celebraciones para las personas con TCA. Las dinámicas familiares pueden conllevar factores predisponentes o precipitantes para iniciar o retomar hábitos alimenticios desadaptados.

Es el caso de comentarios sobre el peso o el aspecto físico, sobre lo poco o mucho que se ha comido, así como actitudes críticas hacia algún ámbito de la vida de la persona. Todo ello puede desencadenar un aumento de su ansiedad hacia situaciones o contextos similares.

El entorno de las personas con TCA debe tener en cuenta que puede haber momentos en los que no sepan cómo comportarse. Incluso en los que no estén a gusto en grandes reuniones. Es precisamente el caso del que hablamos: fiestas donde la comida es la gran protagonista y todo gira en torno a ella.

Como adelantábamos, la obligación de acudir a estos eventos familiares puede suponer una desregulación en su estado de ánimo. Por lo tanto, es importante tener en cuenta una serie de pautas, como no presionar para que coman o dejen de comer y servir los alimentos en cada plato, minimizando los platos para compartir.

¿Qué pautas son aconsejables para las personas con TCA en las fiestas navideñas?

Es innegable, por todo lo comentado, que la Navidad puede ser una época difícil para las personas con TCA. La recomendación es que intenten seguir con la rutina recomendada por profesionales en la medida de lo posible.

Por ejemplo, es preferible que realicen las mismas comidas que en su día a día, procurando no saltarse ninguna de ellas. También, conviene tener presente, en estas fechas más que nunca, los motivos por los que acudieron a terapia o si muestran intención de mejora su salud física y mental. Esto las facilitará huir de la dualidad restricción o atracón.

Pixabay / Mohamed Hassan

Comer abarca múltiples procesos de autorregulación, incluidos los fisiológicos, los conductuales, los emocionales y los sociales. Es por esto por lo que, en personas con TCA, es aconsejable practicar ejercicios de relajación antes de las comidas más copiosas. Pueden ser respiraciones diafragmáticas antes o durante la comida, meditaciones…

Practicar la alimentación consciente) ayuda a estar presente con todos los sentidos y dificulta hábitos nocivos relacionados con la comida.

La meditación de atención plena, basada en el desarrollo de la conciencia y el uso apropiado de las señales de hambre y saciedad, es un posible mecanismo para abordar los problemas centrales de la alimentación desregulada.

Para terminar, mejor no alargar las sobremesas. La sensación de estar comiendo durante un periodo de tiempo prolongado hace que la atención en las sobras ocupe a los comensales. Por ello, es recomendable retirar los platos de la mesa una vez termine el evento. Puede continuarse la sobremesa con otras actividades.

En definitiva, si para la mayoría de las personas las fiestas navideñas suponen unos días de desregulación en la alimentación, para las personas con TCA esto se ve acrecentando.

Identificarlo, entenderlo y ponerse en el lugar de la persona que lo sufre son los primeros pasos para reconstruir una relación saludable con la comida sostenida en la regulación emocional, el control adaptativo y la autoevaluación no basada en la psicopatología.The Conversation

Fátima Servián Franco, Psicóloga General Sanitaria. Directora del Centro de Psicología RNCR y PDI en la Universidad Internacional de Valencia, Universidad Internacional de Valencia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.