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¿Qué es el farmwashing en el café de especialidad?

Alimentación

¿Qué es el farmwashing en el café de especialidad?
  • El farmwashing (lavado de fincas) desenmascara las falsas afirmaciones de los supermercados que promocionan productos como frescos o que benefician a los agricultores
  • En el café de especialidad, algunos se benefician de las historias de los caficultores, mientras les pagan salarios injustos
  • Los consumidores jóvenes no son ingenuos: el 80 % se replantea sus compras si hay malas críticas en redes sociales

Los supermercados de todo el mundo están aprovechando las poderosas imágenes y narrativas de los pequeños agricultores para explotar el creciente apetito de los consumidores por productos locales y de pequeña escala. Aunque este tipo de marketing puede resultar engañoso.

La expresión farmwhasing ha surgido para cuestionar estas prácticas. Denuncia las estrategias de marketing que presentan falsamente los productos como frescos o que apoyan a los pequeños agricultores. A medida que este problema cobra fuerza, los productores alzan la voz para exigir mayor transparencia y responsabilidad a los principales supermercados.

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Trabajador de finca de café

Una narrativa que no suele responder a la realidad

“La popularidad de los mercados de agricultores, los restaurantes ‘de la finca a la mesa’ y las ofertas de comercio directo demuestran que los consumidores valoran saber de dónde proceden sus alimentos y quién los ha cultivado”, explica la Dra. Janina Grabs, profesora adjunta de empresa y sociedad. 

Chefs de renombre como Gordon Ramsay llevan años promoviendo los restaurantes locales y destacando el valor de los productos de calidad de origen local, una iniciativa que beneficia a productores, restaurantes y consumidores. A pesar de eso, no todos comparten esta ética. Algunos supermercados han sido acusados de aprovecharse de las historias de los agricultores para engañar a los consumidores.

La finca orgánica Riverford, con sede en Reino Unido, se ha posicionado en contra de esta práctica acusando a los principales minoristas de emplear tácticas engañosas como el uso de marcas ficticias, etiquetas de bienestar imprecisas o el empleo estratégico de la bandera Union Jack para disfrazar como locales los productos importados. 

Estas tácticas, a menudo denominadas farmwashing, erosionan la confianza no solo en los supermercados, sino en todo el sistema alimentario.

A través de su campaña pública S.T.O.P. Farmwashing, Riverford pone de relieve las graves consecuencias de esta práctica: consumidores desinformados, precios bajos para los productores locales y cadenas de suministro opacas que facilitan el fraude y los daños al medioambiente. 

Su encuesta refleja la creciente frustración de los consumidores. El 74 % de los compradores exige mayor transparencia sobre el origen de los alimentos. A su vez, el 67 % expresa desconfianza al descubrir publicidad engañosa. 

Por su parte, una audaz carta escrita por agricultores a los supermercados británicos incluía una sentida “petición de integridad”, señalando que el 67 % de los agricultores teme ser excluido de la lista si denuncian las prácticas desleales de los supermercados.

Los efectos son enormes

El impacto del farmwashing va más allá del mero engaño al consumidor. Socava la integridad de cadenas de valor al crear un ambiente de sospecha que daña la confianza entre todas las partes interesadas del sector. 

Además, margina aún más a las pequeñas fincas familiares, reduciendo su capacidad para competir.

El problema no se limita a los supermercados. El sector del café se enfrenta a retos similares, ya que se utilizan valiosas imágenes y relatos de las fincas para promocionar las marcas de café, a menudo sin una compensación justa ni el reconocimiento de los caficultores que hay detrás de esas historias. 

El farmwashing, en todas sus formas, rebaja la autenticidad de estas industrias. Por eso, la transparencia y la responsabilidad son cruciales para restablecer la confianza de los consumidores y proteger a los productores.

Bolsas de café tostado

Café de especialidad, microlotes y el auge de las historias de fincas

En el café de especialidad, el auge de los microlotes y de las narrativas con nombre de fincas han transformado el sector. Se ha establecido una distinción marcada con el café comercial destinado al mercado masivo. 

Pioneros de la tercera ola como Intelligentsia, Counter Culture y Stumptown redefinieron el sector del café al dar prioridad a las relaciones directas con los caficultores, hacer hincapié en el abastecimiento sostenible y garantizar la trazabilidad de la calidad. Esto supuso un cambio significativo en la dependencia de los intermediarios tradicionales del café verde.

A medida que los pequeños y medianos tostadores buscaban cafés únicos y de alta calidad, surgió un movimiento paralelo entre los caficultores. Los productores empezaron a ofrecer microlotes distintivos, adaptados a la creciente demanda de los consumidores de café de origen ético y orientado a las relaciones. 

Esta sinergia entre tostadores y agricultores elevó la experiencia del café y fomentó una conexión más profunda entre el origen y la taza.

“Las empresas que se dedican al comercio directo y relacional del café suelen utilizar muy bien la narrativa para dar a conocer a los consumidores los agricultores con los que trabajan”, afirma Janina.

Las historias y las fotos tienen una capacidad única para conectar a los consumidores con los productores, forjando un vínculo emocional y estratégico. En el café de especialidad, contar historias es una baza poderosa. No solo impulsa primas más altas para los cafés de origen único en comparación con las mezclas, sino que fomenta la lealtad a la marca.

“Contar historias ayuda a los agricultores a construir su propia identidad de marca. Diferencia sus productos en un mercado competitivo y garantizando que puedan conseguir precios justos”, afirma Paulo Vischi, fundador y director de estrategia de Beconsulting. 

Aunque como bien señala la campaña S.T.O.P. Farmwashing de Riverford, el mismo poder que hace valiosa la narración de historias la vuelve vulnerable a la explotación. 

El farmwashing en la industria de la especialidad

A pesar de la imagen ética del sector del café de especialidad, la práctica del farmwashing persiste. El uso indebido de fotos de los agricultores, la tergiversación de las prácticas de abastecimiento y el exceso de romanticismo en las relaciones con los productores reciben críticas frecuentes tanto de los conocedores del sector como de los consumidores, que exigen cada vez más transparencia y responsabilidad.

En un entorno en el que las afirmaciones éticas son fundamentales para generar confianza, las marcas deben asegurarse de que sus historias son auténticas, no solo para mantener su credibilidad, sino para apoyar verdaderamente a los agricultores cuyas narrativas utilizan para conectar con los consumidores.

“También, podemos encontrar muchos ejemplos de empresas que utilizan las historias de determinados agricultores para presentar una imagen sostenible. Contrariamente, la mayoría del café que utilizan se compra en los mercados principales sin ningún conocimiento o vínculo directo con quienes lo cultivan”, afirma Janina. 

“Por tanto, este tipo de narrativa puede hacer un mal uso de la historia de los agricultores individuales (si no se les compensa por su uso) y dar a los consumidores una imagen falsa del café que compran”.

¿Qué se compra realmente?

En su estudio sobre el sector vinícola sudafricano, el economista Stefano Ponte subraya cómo las marcas explotan la imaginería y el simbolismo de las regiones productoras de café. 

“Un café vendido bajo la marca Kilimanjaro en Japón capitaliza el valor simbólico de la montaña de África Oriental y su forma fácilmente reconocible”, dice el estudio. “Si bien el propietario de la marca se beneficia de tal valor simbólico, los caficultores no necesariamente lo consiguen. A menos que se establezca un sistema de protección de la indicación geográfica Kilimanjaro”.

El problema se agrava por la ausencia de normas internacionales para gestionar la propiedad intelectual y la identidad de los agricultores. En consecuencia, quedan expuestos a la explotación.

La “paradoja del café” hace que los productores sean valorados principalmente por suministrar materias primas. Mientras tanto, las empresas elaboran narrativas en torno a su café para incrementar su valor. Esta dinámica plantea un reto importante a los productores: encontrar formas de crear y controlar la narrativa en torno a su café.

Las empresas que no colaboran con los productores de café aun así obtienen beneficios cultivando la lealtad a la marca mediante el uso de sus historias. A menudo se posicionan como defensores de la autenticidad mientras cosechan los beneficios económicos. 

Esto refleja la difícil situación de los agricultores británicos en el debate sobre el farmwashing. Los productores no se atreven a denunciar las prácticas engañosas por miedo a ser excluidos de la lista de compradores.

Recolectores de café

Transparencia y futuro del marketing ético

Con la creciente presión de las regulaciones gubernamentales y la mayor conciencia crítica de los consumidores, el sector del café empieza a sentir el impulso hacia una mayor responsabilidad. 

Iniciativas normativas como la Ley de Diligencia Debida en la Cadena de Suministro de la Unión Europea y el Reglamento de Deforestación (EUDR) imponen requisitos de trazabilidad más estrictos en todas las cadenas de suministro, señalando un cambio hacia prácticas más transparentes y responsables.

“Hay quien dice que la necesidad de georreferenciación introducida por la EUDR podría reforzar la capacidad de los agricultores para rastrear el destino de su café. Así, sería posible aprovechar esta transparencia para sus propios fines, incluida la propiedad de su marca”, afirma Janina.

“Un primer paso, aunque sea a nivel regional, son las indicaciones geográficas (IG). Con ellas los productores pueden proteger la imagen vinculada al origen de determinados productos”. 

Programas como el de indicaciones geográficas de Brasil, por ejemplo, pueden ayudar a proteger y promocionar a los productores de café. 

“Las IG ayudan a garantizar que solo el café, o cualquier producto agrícola, cultivado en una determinada región pueda comercializarse con el nombre de esa región”, dice Paulo. “El café Cerrado Mineiro está protegido como IG Denominación de Origen. Esto significa que solo puede etiquetarse como tal si se cultiva en la región de Cerrado Mineiro, Brasil”. 

El programa de Cerrado tiene la opción de incluir un código QR que los consumidores pueden escanear para ver los detalles sobre la procedencia del café.

A medida que las empresas cafeteras y los agricultores se unen, surgen nuevas soluciones basadas en el mercado, como el proyecto de narración de historias de la Universidad de Emory, donde los caficultores conservan la propiedad de sus relatos. 

Posibles formas de enfrentar esta problemática

Más allá de estos esfuerzos, las normas éticas del sector para la narración de historias podrían abordar la propiedad intelectual de los agricultores. Así, garantizarían que sus historias se utilicen con consentimiento y compensación. 

“En mi opinión, la trazabilidad y la transparencia son una condición necesaria, pero no suficiente, para que se produzca este cambio”, afirma Janina.

Para protegerse contra el farmwashing puede ser beneficioso que los agricultores se organicen en cooperativas o colectivos para hacer valer su fuerza y capacidad de negociación. 

“Pueden proteger sus historias formando alianzas sólidas con empresas que respeten sus orígenes y utilizando herramientas digitales como blockchain para la trazabilidad”, dice Paolo. 

“Además, las cooperativas pueden ayudar a amplificar su historia colectiva y garantizar que los beneficios se compartan de manera justa”.

Para las marcas, las relaciones transparentes con los productores no son solo éticas, sino estratégicas. En todo el mundo, la ciudadanía deposita su mayor confianza en la sociedad cuando el gobierno y las empresas colaboran para resolver problemas complejos.

Los consumidores actuales, especialmente la generación Z, exigen autenticidad y responsabilidad. Según un informe de Ogilvy, el 40 % de la generación Z está dispuesta a boicotear una marca, frente a un simple 16 % de los millennials. Además, el 80 % de los jóvenes ha admitido reconsiderar una compra tras encontrarse con noticias negativas en redes sociales. 

Son más propensos que cualquier otro grupo demográfico a abandonar marcas que hacen afirmaciones falsas, esgrimiendo su poder adquisitivo como herramienta de reforma.

Selección de café con malla

Conclusiones finales

Lo que Farms against Farmwashing revela al sector de los cafés de especialidad es que los consumidores esperan que las marcas cumplan sus promesas y se abstengan de eslóganes vacíos. Asimismo, destaca que la unión entre agricultores y consumidores permite exigir responsabilidades a las grandes marcas, ya sea haciendo valer sus derechos o eligiendo qué productos compran.

La futura lealtad a las marcas dependerá de su voluntad para adoptar un esfuerzo colaborativo en transparencia y autenticidad, especialmente en el relato de sus historias.

Fuente: Perfect Daily Green

Cómo evitar los fraudes alimentarios en Navidad

Shutterstock / New Africa
Raúl Rivas González, Universidad de Salamanca

Anchoas que en realidad son atunes juveniles pescados ilegalmente. Miel adulterada con jarabe de azúcar. Caviar sustituido por huevas de peces sin valor comercial. Orégano triturado con hojas de olivo insípidas. Trufas negras del Périgord falsas. Tiburón comercializado cómo bacalao. Vino y bebidas espirituosas mezcladas con metanol. Almejas capturadas ilícitamente y no aptas para el consumo. Y un largo etcétera.

Las oportunidades en las que nos podemos topar con un fraude alimentario son variopintas, pero la probabilidad crece en periodos en los que el precio de determinados alimentos aumenta respecto al que tienen en otras épocas del año, como ocurre en Navidad.

Se debe a que a mayor precio del producto, mayor será el margen de ganancias si existe una adulteración que abarate los ingredientes utilizados o el proceso de obtención del alimento.

En términos generales, las agencias reguladoras señalan que los alimentos más afectados por el fraude son: café molido (que se mezcla con maíz o cebada tostados y molidos), aceite de oliva, pescado, marisco, leche y lácteos, miel, bebidas alcohólicas, zumos de fruta –especialmente de naranja–, carne, arroz, café, té y diversas especias como azafrán, vainilla, anís estrellado, chile en polvo o pimienta negra entre otras.

El precio del fraude

La Comisión Europea estima que, en la actualidad, el fraude alimentario supone un coste descomunal para los consumidores y para la industria. Manejan cifras tan desorbitantes como de 8 000 a 12 000 millones de euros en Europa, y una horquilla de entre 30 000 y 40 000 millones de euros a nivel global. Muy alto si lo comparamos con el coste atribuible al comercio ilegal de otros productos en los mercados negros como las armas de fuego (unos 9 000 millones de euros) o la heroína (30 000 millones de euros).

Los datos apuntan a que aproximadamente el 10 % de los productos alimentarios y de las bebidas producidas comercialmente se ven afectados por el fraude. Aunque no se descarta que esto apenas represente la punta de un iceberg mastodóntico.

Por supuesto, las cifras tan solo nos hablan del costo económico inicial del fraude alimentario. A eso habría que sumarle los costes sanitarios que supone tratar a los consumidores envenenados por alimentos adulterados o contaminados. Por no hablar del valor de la reputación dañada de una marca que ha sido falsificada, muchas veces incalculable.

El timo de las especias y el pescado

Europa es una de las principales regiones importadoras de hierbas y especias del mundo, con aproximadamente 300 000 toneladas, en su mayoría procedentes del este de Asia.

Las especias en polvo se prestan mucho a la falsificación por dos motivos. Por un lado, porque tienen un valor muy elevado y es “rentable” falsificarlas. Por otro, porque para el consumidor es muy difícil detectar si el producto ha sido mezclado con otras plantas menos costosas (orégano con hojas de olivo) o si se han añadido tintes para hacer que la especia parezca más atractiva o auténtica (por ejemplo, el azafrán).

El plan de control llevado a cabo en 2021 por la Unión Europea identificó que el 17 % de las hierbas y las especias comercializadas eran sospechosas de fraude. Según los análisis, el 48 % de las muestras de orégano estaban adulteradas, mezcladas con otros productos de valor insignificante como son las hojas de olivo o de mirto. Y algo similar ocurría con el 17 % de las muestras de pimienta, el 14 % de las de comino, el 11 % de cúrcuma, el 11 % de azafrán y el 6 % de pimentón.

La mayoría de las muestras analizadas estaban molidas o trituradas, ya que esta práctica disimula el fraude. Por ello, siempre que sea posible es aconsejable adquirir las especias sin moler.

Por cierto que la salvia, una planta popular en gastronomía y estrechamente vinculada en muchos países al periodo navideño, también suele ser adulterada con hojas de olivo, mirto, zumaque o madroño. En 2020, investigaciones realizadas en la Queen’s University de Belfast revelaron que el 25 % de las muestras de salvia compradas mediante comercio electrónico o canales independientes en el Reino Unido estaban adulteradas.

Algo parecido ocurre con el pescado comercializado en rodajas o fileteado, ya que este tipo de presentación facilita la permuta de una determinada especie por otras similares, pero de menor valor. Diversos análisis basados en pruebas de ADN realizados por la organización Oceana inc. informan de que el pargo, el atún, el bacalao o la merluza son algunas de las especies que sufren un mayor número de casos de etiquetado fraudulento.

Peligroso para la salud

El fraude alimentario consiste en un engaño intencionado llevado a cabo con finalidad lucrativa. Pero puede representar una amenaza para la salud pública y tener un impacto económico catastrófico en empresas o en países enteros.

Por citar algunos ejemplos, en mayo del año 2003 se descubrió que una partida de chile en polvo procedente de la India y comercializado en la Unión Europea estaba adulterada con el colorante Sudán I. El Sudán I es un tinte usado para colorear cuero y textiles, no permitido en alimentos al haber sido clasificado como carcinógeno de categoría 3, es decir, presunto carcinógeno humano, por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer.

A partir de este incidente, y de otras adulteraciones con colorantes no permitidos en productos que provenían de la India, se establecieron diversos controles estrictos. A pesar de estos controles, en el año 2005 el colorante Sudán I fue encontrado en la salsa Worcestershire, también denominada salsa Perrins, producida en el Reino Unido. La fuente del Sudán I de la salsa era chile en polvo importado de la India en el año 2002 por el fabricante de la salsa Worcestershire. Debido al proceso de fermentación y envejecimiento de la salsa Worcestershire, el producto no terminó en el mercado hasta el periodo 2004-2005, mucho después de que acabara el incidente original. Hubo que proceder a una retirada masiva tanto de la salsa en sí –enviada a al menos 15 países en dos continentes– como de los alimentos en los que había sido utilizada como ingrediente. Tan solo en el Reino Unido fueron retirados del mercado más de 600 tipos de productos durante ocho meses, con un costo estimado de 200 millones de libras.

En el año 2008, en China hubo otro incidente, esta vez de adulteración de leche para bebés con melamina, una sustancia sintética utilizada habitualmente como adhesivo para fabricar madera aglomerada y contrachapado. Los productos infantiles adulterados afectaron a 300 000 lactantes y niños pequeños. De ellos 51 900 fueron hospitalizados y 6 murieron. Además de los daños renales, el pronóstico es que en el futuro los afectados podrían sufrir complicaciones como tumorigénesis o retraso del crecimiento.

Operación Opson

Para combatir el fraude alimentario, en el año 2011 tuvo lugar la primera fase de la denominada Operación Opson —-que en griego significa “comida"—-, cuyo objetivo era retirar del mercado bebidas y alimentos que no cumplían los requisitos mínimos de calidad o estaban falsificados, así como desmantelar a los grupos de delincuencia organizada implicados. La operación, en la que participaron 10 países, principalmente de Europa, estuvo coordinada conjuntamente por INTERPOL y Europol.

Opson ha crecido con el paso de los años. Los últimos datos hacen referencia a que en la Operación Opson IX, en la que participaron 77 países y que fue desarrollada durante el año 2020, fueron incautadas y sacadas del mercado de consumo más de 12 000 toneladas de productos ilegales y potencialmente dañinos. Por ejemplo, en un almacén no registrado de Bulgaria encontraron una gigantesca partida de queso que contenía la enterobacteria Escherichia coli. En total, se incautaron y destruyeron unas 3,6 toneladas de productos lácteos peligrosos.

La pandemia potencia el fraude alimentario

Desde que empezó la pandemia de covid-19 han tenido lugar importantes interrupciones en la cadena de suministro de alimentos. Eso ha dado lugar a un aumento de la vulnerabilidad al fraude en las redes de producción alimentaria.

Sin ir más lejos, según el Índice de precios de todo el arroz de la ONU, el precio del arroz alcanzó su nivel más alto en ocho años en 2020, ya que los bloqueos relacionados con la covid-19 y las restricciones a la exportación de productores clave como Vietnam, India y Pakistán restringieron los suministros mundiales. Ya hemos dicho antes que cuando los precios se disparan, a menudo también lo hace el fraude.

En este caso, se ha detectado el reemplazo de productos de primera calidad como el arroz Basmati o Thai Hom Mali por granos de calidad inferior. No es nada nuevo: ya en el año 2014, la Interpol y Europol incautaron en el Reino Unido 22 toneladas de arroz de grano largo que eran vendidas como Basmati.

Para prepararnos ante los intentos de fraude alimentario en el periodo navideño, resulta útil consultar alguna de las guías publicadas por los organismos públicos y dirigidas a que los consumidores puedan identificar y diferenciar los productos más caros y demandados de la Navidad como son el pescado, los moluscos y los crustáceos. Así evitaremos que esta Navidad nos den gato por liebre.The Conversation

Raúl Rivas González, Catedrático de Microbiología, Universidad de Salamanca

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Fraude en el color del atún: ¿es peligroso para la salud?

Shutterstock / meanmachine77
Roberto Sáez Hernández, Universitat de València y Maria Luisa Cervera Sanz, Universitat de València

La reciente reaparición de una estrategia de fraude alimentario en relación con el atún hizo saltar las alarmas en las instituciones de control a nivel europeo. Cientos de piezas de atún tuvieron que ser analizadas a raíz de sospechas surgidas en el sector.

Algunas de las muestras de atún habían sido adulteradas mediante aditivos no autorizados con el objetivo de alterar el color final de la pieza. Llegados a este punto, los lectores podrían preguntarse: ¿por qué estaría interesado el distribuidor en adulterar el color del atún? ¿Cómo lo hacen? En caso de ingerir una pieza de atún fraudulenta, ¿corremos algún riesgo como consumidores?

En este artículo intentaremos responder a estas preguntas desde el punto de vista de la química de los alimentos.

Proceso de cambio de color del atún.

¿Por qué el atún tiene color de atún?

El color característico del atún es debido a su contenido en hemoglobina y mioglobina, moléculas orgánicas complejas encargadas del transporte de oxígeno. En el caso del género Thunnus, el contenido en mioglobina se ha demostrado mayor que el de hemoglobina, motivo por el cual nos centraremos en su estudio.

En la estructura de la mioglobina se encuentra un átomo de hierro en estado de oxidación +2 –Fe(II)–, encargado de enlazar a la molécula de O₂. A la estructura resultante se le denomina oximioglobina y presenta un color rojo muy vivo y atractivo para el consumidor.

Una vez el animal es capturado y sacrificado, si se procede a su ultracongelación a -40 ⁰C, su color se mantiene sin apenas variación aparente. Sin embargo, este tratamiento no es habitual y generalmente la temperatura de congelación posterior a la captura es de -18 ⁰C.

Al descongelar y filetear el atún, la mioglobina queda expuesta al aire. Esto provoca una transformación del color desde el rojo intenso inicial (debido a la oxihemoglobina) a un marrón rojizo mucho menos atractivo para el cliente. Dicha modificación del color viene ligada a la oxidación del átomo de hierro, que pasa de estar en estado de oxidación +2 a +3. A esta nueva molécula se la conoce con el nombre de metamioglobina.

Es evidente que cuanto mayor sea el tiempo de exposición al ambiente, mayor será el grado de aparición de metamioglobina. Por tanto, peor aspecto presentará la pieza de cara a los compradores.

Esto es una buena estrategia para identificar la fecha de captura del atún. Una pieza más oscura sería, a priori, menos aconsejable debido a la aparición de ciertos compuestos potencialmente tóxicos, entre los cuales se encuentran las aminas biogénicas. De este grupo, quizá la más significativa sería la histamina, compuesto nitrogenado y originado a partir de la descarboxilación de la histidina, aminoácido muy abundante en el atún.

Histamina.

¿Por qué adulterar el color de un atún?

Existen dos razones detrás de la adulteración del color del atún: por un lado, la prolongación de su vida útil. Por otro, hacer pasar especies más baratas por otras más caras.

La primera buscaría alargar el periodo temporal durante el cual el atún podría estar a la venta, debido a que su aspecto se mantendría apetecible durante más tiempo.

En cuanto a la segunda, consiste en hacer pasar una pieza de atún de aleta amarilla (Thunnus albacares) o de atún patudo (Thunnus obesus), especies de menor precio y calidad, por un atún de aleta azul (Thunnus thynnus) o atún rojo. Este último tiene una coloración propia que consiste en un rojo muy vivo característico que lo diferencia del resto de especies más económicas.

¿Cómo se lleva a cabo la adulteración del color del atún?

El factor principal que genera una variación del color del atún es la oxidación de la mioglobina. Evitar ese paso puede evitar dicho pardeamiento. Pero ¿cómo?

Existen distintas estrategias, entre las cuales están:

1. Adición de sales de nitrato y nitrito (NO₃⁻ /NO₂⁻).

Su incorporación al producto aporta una elevada concentración de estas especies en la carne del atún. En este entorno habitan una serie de microorganismos capaces de reducir el nitrato a nitrito. Este nitrito, a su vez, es capaz de generar radicales NO altamente reactivos, y que pueden imitar la función que realizaba el O₂ sobre la mioglobina.

Así, se estaría estabilizando el color propio de la oximioglobina de manera artificial.

2. Tratamiento del atún con monóxido de carbono.

El monóxido de carbono, CO, cumple el mismo papel que los nitrocompuestos mencionados anteriormente. En presencia de CO, la mioglobina lo capturaría formando complejos Mb-CO de gran estabilidad y con un aspecto rojo muy vivo y llamativo.

3. Adición de extractos vegetales.

Dado que el ion nitrato es muy frecuente en distintas especies vegetales, su adición a pescados como el atún generaría un efecto similar al de la adición de sales de nitrato de manera directa.

Además, gracias a la presencia de pigmentos de un color muy similar al deseado en la remolacha, sus extractos son peculiarmente útiles en lo que a la adulteración del atún se refiere.

¿Corro algún riesgo si consumo atún adulterado?

Los procedimientos antes mencionados han sido prohibidos en el seno de la Unión Europea por su capacidad para inducir a confusión entre los consumidores y sus potenciales efectos sobre la salud.

En los casos de muestras de atún tratadas con monóxido de carbono, dicho riesgo es menor dado que la cantidad de esta sustancia que es necesaria para tener un efecto visible es muy pequeña (<1 % en CO ya produce un efecto significativo).

Por el contrario, si la adulteración ha sido mediante la adición de sales de nitrato o nitrito, el riesgo puede ser mayor. El nitrito ha demostrado ser capaz de generar reacciones de formación de nitrosaminas, compuestos relacionados con la aparición de distintos tipos de cánceres.

Además, el consumo de atún fuera del periodo recomendado puede implicar ciertos peligros debido a la aparición de las anteriormente mencionadas aminas biogénicas. Destacábamos antes la histamina, dado que está relacionada con la aparición del síndrome denominado escombroidosis. Este viene caracterizado por padecimiento de hormigueo, vómitos, mareos y sensación de quemazón en la boca tras haber consumido una pieza contaminada.

Conclusión

La aparición de un mercado mundial cada vez mayor para el atún ha generado un exceso de demanda de difícil cobertura. A raíz de ello, se han detectado diferentes estrategias para poder poner al alcance del consumidor alimentos que no cumplen con la legislación europea.

Su consumo accidental y esporádico no supone un gran peligro para la población. Además, es importante transmitir un mensaje de tranquilidad al consumidor: que artículos como este puedan describir los fraudes detectados demuestra la eficiencia de los controles oficiales que nos ofrecen unos alimentos seguros.  The Conversation

Roberto Sáez Hernández, Investigador predoctoral FPU, Universitat de València y Maria Luisa Cervera Sanz, Catedrática de Química Analítica, Universitat de València

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

El fraude en el jamón ¿Es tan grande como parece?


Por Luis Domenech

Desde hace un tiempo a esta parte, no cesan de aparecer noticias en la prensa sobre fraudes en la comercialización del jamón, y esto afecta a casi todas las zonas del País productoras de este exquisito manjar.
Una única página del Diario digital Economía Digital nos da una idea del tamaño del problema por sus titulares, publicados a lo largo de los últimos años:


Y así hasta 78 titulares de noticias publicadas en este diario digital, que lo que nos muestra es la existencia de una profunda y extendida trama de fraude y corrupción en la que hay presencia de ganaderos, empresarios, intermediarios comercializadores, distribuidores, supermercados e hipermercados, e incluso el Gobierno, que mira para otro lado sabe solo Dios por que razón.

Consecuencia de todo ello es el enorme desprestigio que esta penetrando a todo el sector, y que terminará por causar grave daño a su economía, que es la de todos.

Uno va al supermercado y ve la oferta de jamones a 35 €/pieza y solo puede preguntarse como es posible ese precio, si hasta no hace mucho el jamón casi era considerado como un alimento de alto coste. Como se puede ver en los titulares previos, aparecen nombres de grandes empresas, empresas medianas y pequeñas, empresas que invierten fuertes cantidades de dinero en publicitarse  a través de todos los medios, incluida la TV, empresas como Navidul, Campofrío, El Pozo y otros, otras como Carrefour o Lidl que han aparecido citados en estas noticias, y que estas campañas se producen de manera mas intensa en las épocas de gran consumo, especialmente en la Navidad.

No solo por el daño que el fraude produce al bolsillo del consumidor, habría que cortar de raíz este engaño, sino por la propia salud de quien pudiera consumirlo, dada la circunstancia de que incluso llegan a poner en el mercado estos estafadores jamón que está podrido, piezas fuera de todo control sanitario.


Así que la puesta en el mercado de estos jamones, el hacer pasar por jamón de bellota a otro que no lo es y es de inferior calidad, o importando jamón polaco para venderlo como español, o la existencia de ofertas trampa en los super e hiper, y el hecho de que a los responsables de compra de estos últimos establecimientos les cuelen estos productos y no den la cara cuando se destapan estos fraudes, e incluso el Gobierno, que mira para otro lado en vez de hacer lo necesario para erradicar estas prácticas, es lo que nos lleva a desconfiar de la mayor parte del sector, NO DE TODO EL SECTOR, sino únicamente de su parte corrupta, pues afortunadamente aun queda quien prefiere cuidar el buen nombre de su empresa y de su producto antes de embolsarse unos euros mas a costa de sus consumidores.

Es una pena que todo un sector del que viven muchos miles de trabajadores del campo, de la distribución y de la comercialización, de todo el sector alimentario, se vea perjudicado por unos cuantos desaprensivos que se enriquecen a costa de los demás con engaños y fraudes al consumidor. El Estado debería tener un mayor control sobre estas actividades y legislar y reglamentar para erradicarlas de una vez por todas. ¿Será el nuevo Gobierno capaz de dar con esas medidas y ponerlas en práctica?