Comemos con los ojos: ¿elegiría un restaurante por las fotos de sus platos?




Helena Lopes/Pexels
Beatriz Remeseiro, Universidad de Oviedo; Jorge Díez Peláez, Universidad de Oviedo y Oscar Luaces Rodríguez, Universidad de Oviedo
Desde que comenzó el confinamiento, y aún más con la apertura de algunos negocios en la desescalada, hacemos muchas de nuestras compras por internet. Los principales portales web de comercio electrónico ofrecen millones de productos a los consumidores, una gran variedad que hace difícil decidir cuál es la mejor opción. Esta situación también afecta a otros portales de búsqueda de información o entretenimiento.
En la mayoría de estas plataformas, los usuarios pueden subir sus valoraciones de diferentes productos. En general, estas valoraciones incluyen uno o varios de los siguientes aspectos:
  • Una calificación, típicamente mediante estrellas en una escala de 1 a 5 o un simple “me gusta” o “no me gusta”.
  • Una opinión en formato texto.
  • Una o más fotografías del producto.
En este contexto, los sistemas de recomendación proporcionan sugerencias que resultan atractivas a los consumidores. Para ello procesan toda la información disponible, tanto de productos como de usuarios. Las sugerencias pueden ser de dos tipos:
  • Recomendaciones generales. Basadas en la popularidad de los productos.
  • Recomendaciones personalizadas. Basadas en los gustos de los usuarios.
En el primer caso, estas plataformas se limitan a mostrar el promedio de las calificaciones recibidas por un artículo. Es decir, podemos verlas como simples escaparates que muestran la información recopilada.

Una imagen vale más que mil palabras

Aunque los sistemas de recomendación pueden utilizar textos y calificaciones, en este artículo vamos a centrarnos en las imágenes tomadas por los usuarios. Explotando el dicho popular “una imagen vale más que mil palabras”, algunas plataformas populares como YouTube o Netflix ya han incorporado información visual a sus sistemas de recomendación.
YouTube incluye uno de los mayores y más sofisticados sistemas de recomendación. Su enfoque consiste en utilizar el historial de actividad para generar una lista de vídeos candidatos. Finalmente, estos vídeos se ordenan de mayor a menor interés para el usuario, formando así un ranking de recomendaciones.
Las recomendaciones de Netflix, que opera en España desde 2015 emitiendo series tan populares como Stranger Things o La Casa de Papel, incluyen un fotograma de la película o la serie a modo de portada que ha sido cuidadosamente elegido. Para ello utilizan la información disponible de películas y usuarios. Tanto la imagen de portada como la recomendación son personalizadas con la idea de convencer al usuario para que vea una determinada serie o película.

Sistemas de recomendación para restaurantes

TripAdvisor es una plataforma de recomendación muy popular en el sector del turismo. Sus usuarios suelen subir valoraciones sobre restaurantes y hoteles. Esas valoraciones incluyen calificaciones, reseñas de texto y fotografías.
Esta web se limita a mostrar los establecimientos ordenados por su popularidad, sin ningún tipo de adaptación a cada usuario. Sus esfuerzos se han centrado en mejorar la experiencia de los usuarios, seleccionando las imágenes más atractivas de cada establecimiento, pero no de manera personalizada.
En una reciente investigación del Centro de Inteligencia Artificial de la Universidad de Oviedo hemos demostrado que es posible utilizar los datos de TripAdvisor para proporcionar recomendaciones personalizadas. Utilizando técnicas de deep learning, hemos construido un sistema capaz de predecir la fotografía que sacaría un cliente si fuera a un restaurante.
La idea consiste en aplicar un algoritmo que aprende los gustos de cada usuario a partir de las fotografías de los restaurantes que ha visitado. El proceso de aprendizaje contrapone sus fotografías a las de otros usuarios. El objetivo es que el algoritmo extraiga los gustos de cada persona, que se reflejan de forma implícita en sus fotografías.
Una vez completada esta fase, se puede presentar al sistema un usuario y el conjunto de fotografías de un restaurante. El sistema será capaz de decidir cuál es la fotografía que probablemente tomaría ese usuario en función de sus gustos. De esta manera podemos utilizar esa imagen como fotografía de portada del restaurante cuando el usuario visualice su información.
Este método también se puede utilizar como sistema de recomendación si el conjunto de imágenes que se le presenta corresponde a diferentes restaurantes. En este sentido, otro aspecto fundamental de la investigación es la capacidad que tiene el sistema para explicar su recomendación. La idea es que la imagen seleccionada por el algoritmo se puede entender como “te recomiendo ir a este restaurante porque te encontrarás algo como lo que ves en esta imagen”. Esta capacidad de explicar la recomendación consigue que el usuario adquiera confianza en el sistema.The Conversation
Beatriz Remeseiro, Profesora ayudante doctora de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, Universidad de Oviedo; Jorge Díez Peláez, Profesor titular de universidad de Ciencia de la Computación e Inteligencia Artificial, Universidad de Oviedo y Oscar Luaces Rodríguez, Profesor titular de universidad de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, Universidad de Oviedo
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
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Turismo: colaboración entre competidores para tiempos de crisis



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Rosa M. Batista Canino, Universidad De Las Palmas de Gran Canaria y Adriana Fumi Chim Miki, Universidade Federal de Campina Grande - UFCG
El siglo XX fue testigo de la consolidación como fuente de riqueza del turismo, un sector que, a priori, no parecía que tendría la fuerza y la trascendencia de los de carácter industrial.
En la actualidad, el sector turístico español es un referente internacional: España recibe más de 80 millones de turistas al año y goza de una posición consolidada en cuanto a competitividad. Y, en términos económicos, aporta más del 12% al empleo y al PIB nacional.
Sin embargo, el comienzo del nuevo milenio ha sido convulso para el sector. Y España, donde el turismo es un sector clave para el crecimiento, innovación y competitividad de su economía, ha sufrido en primera línea este cambio de tendencia.
Además, en el último lustro han surgido voces críticas al turismo, que obligan a reexaminarlo desde nuevas perspectivas.

Un sector, muchos participantes

Agencias de viaje, turoperadores, plataformas B2C, medios de transporte, operadores logísticos, alojamiento, ocio, restauración… son muchos los subsectores que integran el sector turístico. Es, pues, un sector complejo y fragmentado, en el que numerosas empresas interrelacionan sus procesos productivos.
Todos estos participantes pugnan por conseguir una parte del presupuesto que el turista asigna a su estancia. Aunque transporte y alojamiento acaparan la mayor parte del gasto, la oferta en destino también busca atraer al visitante.
Así, también la población residente es cocreadora, directa o indirectamente, del servicio que se presta al turista y de la imagen y las sensaciones que se lleva del lugar.

Pugnas en turismo

Esta competencia no siempre viene acompañada de la complicidad y del entendimiento que deben sustentar la estrategia de cualquier territorio que aspire a convertirse en destino turístico.
Lo primero es conjugar los intereses de todos los participantes, aunque luego compitan para obtener la mejor porción del gasto del turista.
Ya que el ecosistema turístico necesita de un alto grado de cooperación entre los actores implicados, será la estrategia coopetitiva la que mejores logros revierta a los agentes que desarrollan el destino.
La coopetición es la colaboración interesada entre diferentes actores económicos que son, además, competidores. Normalmente se basa en la colaboración público-privada. Son interesantes referentes en este sentido algunos destinos latinoamericanos como:
En Europa, el trabajo conjunto en las áreas de influencia de los parques temáticos Mirabilandia en la región italiana de Emilia Romagna, Italia, y Santa Claus Village, en la Laponia finlandesa, o en el Camino de Santiago, en España, demuestran que la coopetición es posible y deseable, y que solo se necesita voluntad para desarrollarla.
Establecer una visión compartida y un objetivo común para el enclave turístico, que procure un desarrollo más equilibrado, es el comportamiento idóneo para afrontar las crisis.

Piedras en el camino

Con la irrupción de las viviendas de alquiler vacacional y el aumento de la presión turística en espacios urbanos, a partir de 2015 surgió en algunas ciudades, el Tourist, Go Home, un movimiento que cuestiona al sector y su papel dinamizador de los destinos. Revertir esta situación ha requerido grandes dosis de creatividad colectiva en los destinos más castigados por esa oleada crítica.
Esa misma creatividad será necesaria para afrontar la crisis generada por la COVID-19, pues restablecerse como destino desde el “cero económico” al que se ha sometido al sector con el Tourist, Stay Home, requerirá de un tiempo y un trabajo en equipo sin precedentes.
Para superar una crisis se requiere una estrategia basada en el fortalecimiento de las relaciones entre competidores: los que rivalizan por el gasto turístico ahora deben cooperar para restablecer la confianza del turista, para luego competir por el interés del turista en el destino.
Esta estrategia, que requiere cooperar y competir a la vez, debe marcar la senda de la recuperación en esta nueva crisis, al igual que lo fue cuando la turismofobia.
Ahora bien, debe darse con el equilibrio necesario para que un tipo de relación no fagocite a la otra generando desconfianza. Y es que una delgada línea separa los “juegos de suma positiva”, en el que todos los participantes ganan, de los “de suma 0”, en los que solo unos pocos se benefician de la estrategia de todo un sector.

Coopetición para recuperar mercado

La confianza mutua, el pensamiento colectivo y la cocreación de valor, además de unos objetivos compartidos, son la base para un renovado desarrollo turístico post COVID-19.
Estas son algunas de las claves para que la estrategia coopetitiva consiga su curso deseable:
  1. Configurar la dirección del destino como si se tratara de una gran empresa.
  2. Establecer un proceso de planificación participativo con la complicidad y activa colaboración de los residentes.
  3. Desarrollar acciones conjuntas entre todas las instituciones y empresas que operan en el destino, que incluya la activación de procesos de coinnovación y de comarketing.
  4. Implementar los ajustes estratégicos necesarios para huir de los efectos de suma 0.

Cooperación para recuperar turistas

En España comienzan a articularse estrategias de fuerte fundamento coopetitivo. Las asociaciones empresariales de agencias de viaje se alían en un proyecto común para impulsar este verano el turismo nacional, incentivando el intercambio de turistas entre territorios dentro del país.
El Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE) se ha puesto manos a la obra para diseñar protocolos de seguridad común para todo el país, que permitan recuperar el turismo desde tres frentes de trabajo: turistas, residentes y trabajadores del sector.
La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, ha propuesto a sus homólogos de los países del G20 la adopción de medidas similares. Países y regiones en principio competidoras entre sí, se unen para desarrollar un turismo libre de COVID-19, o Destino COVID Free.
Así, del “Tourist, go home” y el “Tourist, stay home” los destinos europeos solo podrán salir adelante con el “Tourist stay safe… like at home”.The Conversation
Rosa M. Batista Canino, Vicerrectora de Empresa, Emprendimiento y Empleo. Profesora de Organización de Empresas. Miembro del Instituto de Turismo y Desarrollo Económico Sostenible de la ULPGC, Universidad De Las Palmas de Gran Canaria y Adriana Fumi Chim Miki, Profesora y Coordinadora Administrativa de la Facultad de Administración y Contabilidad, y Coordinadora del Programa de Posgrado en Gestión en UFCG/ Brasil, Universidade Federal de Campina Grande - UFCG
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
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¿Son útiles las aplicaciones escaneadoras de etiquetas para seguir una alimentación saludable?



Vchal / Shutterstock
Eva Espona Malet, UOC - Universitat Oberta de Catalunya y Laura Esquius de la Zarza, UOC - Universitat Oberta de Catalunya
Actualmente nos encontramos en una situación paradójica: a pesar de que cada día tenemos acceso a más información, las patologías relacionadas con la forma de alimentarnos no paran de aumentar.
Un dato para ilustrarlo: si realizamos un búsqueda en Google sobre el concepto de “dieta saludable” encontraremos casi 100 millones de resultados, pero según datos de las OMS (2020), desde 1975 la obesidad casi se ha triplicado en todo el mundo. En 2016, el 13% de la población adulta era considerada obesa. Y la cifra se dispara si consideramos también a las personas con sobrepeso.
Eso implica que, a día de hoy, es más necesario que nunca prestar atención al efecto que tiene la forma de alimentarnos sobre la salud. El mayor reto que tenemos por delante los profesionales de la nutrición es ayudar a la población a decidir qué pone en el plato.

En busca de traductores del etiquetado

Hay que admitir que cada vez la población está más concienciada de la necesidad de indagar sobre las características de los alimentos que consume. Cosa distinta es que esté preparada para entender o interpretar lo que lee. Y no hablamos solo de entender la tabla de análisis medio de nutrientes, sino también de saber interpretar dicha información con la que aporta el listado de ingredientes, así como comprender los tecnicismos y las siglas que aparecen.
Como consecuencia, la mayoría de las veces no resulta nada sencillo descifrar los contenidos de las etiquetas de los alimentos. Para facilitar esta tarea, en algunos países pueden encontrarse en los envases opciones de logotipos más sencillos o etiquetados nutricionales simplificados, que se han ido implementando en el marco de políticas de salud pública.
Entre estas iniciativas destaca Nutri-score, un sistema de evaluación de los alimentos que los valora en función de su composición y los clasifica en cinco categorías según su calidad nutricional (A, B, C, D y E), representadas en forma de una cadena de 5 círculos de colores que van desde el color verde oscuro (mejor calidad nutricional) al rojo (peor calidad nutricional).

Escala Nutri-Score. Author provided

Este sistema es ya una realidad en países como Francia y Bélgica. En España, de momento, tiene carácter voluntario, pero está en marcha una campaña para solicitar a la Comisión Europea su presencia obligatoria en todos los estados miembros. Ha sido creado con una doble finalidad: ayudar al consumidor a seleccionar alimentos más saludables en el momento de la compra y estimular a la industria alimentaria a mejorar el perfil nutricional de los alimentos que produce, para que obtengan una mejor clasificación.
Aunque con algunas limitaciones, Nutri-score goza de acreditación científica que apoya su uso. Si se pone en marcha, no cabe duda de que su implementación debe ir acompañada de una campaña educativa dirigida a la población de forma que esta herramienta sea de la mayor utilidad posible, tal y como se hizo en Francia.

Hacer la compra en «modo escáner»

Otra posibilidad disponible desde hace poco son las aplicaciones que mediante el escaneo del código de barras del envase de un alimento nos ayudan a clasificarlo según distintas escalas. Analizando su composición, permiten identificar el “más bueno” o “el menos malo” de cada categoría.
Existe una gran variedad de estas aplicaciones que utilizan criterios distintos. En algunas se ofrece una puntuación solamente en función de la nota nutricional de Nutri-score o del grado de procesado del alimento. Otras mezclan diferentes criterios, como la nota nutricional de Nutri-score, si hay presencia o no de aditivos o si el producto tiene etiqueta “eco”.
De acuerdo con un estudio reciente elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), las tres aplicaciones de este tipo más populares en nuestro país son El CoCo, Yuka y MyRealFood. Todas cuentan con miles de usuarios y su uso se ha popularizado en muy poco tiempo.
Aunque a día de hoy aún no es posible concretar el efecto del uso de estas herramientas en la salud futura, pues carecemos de evidencia científica para valorar los resultados, sí podemos decir que en general se trata de buenas herramientas que pueden ayudar a hacer una compra más saludable.
Otra ventaja importante es que pueden favorecer que la industria alimentaria mejore la composición nutricional de sus productos a fin de evitar una mala clasificación. Sin embargo, por sí solas no pueden tener la misma efectividad si previamente el consumidor no tiene claro cuál tiene que ser el patrón de una alimentación saludable.

Más productos frescos y menos envasados

Otro inconveniente que debemos tener en cuenta es que estas aplicaciones funcionan para los alimentos envasados. Pero, ¿qué pasa con los alimentos frescos que deben abundar en una alimentación saludable? Las frutas, las verduras y hortalizas o el pescado fresco no tiene código de barras. Eso implica que las apps nos ayudan a clasificar solo los llamados alimentos procesados y ultraprocesados, que deberían ser minoría en una dieta equilibrada.
¿Por qué? En esencia porque la elaboración de estos productos implica una mayor transformación de la materia prima. Por un lado, eso suele disminuir la calidad nutricional del alimento. Por otro, requiere de la adición de otros ingredientes como azúcares, grasas, sal, aromas, enzimas o aditivos (edulcorantes, conservantes o antioxidantes).
Actualmente la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) recomienda que se haga un consumo opcional, ocasional y moderado de los procesados y ultraprocesados. Se basan en que una alimentación basada en la conveniencia o la facilidad de uso que ofrecen estos alimentos desplazará el consumo de otros alimentos frescos o poco procesados, que aunque requieren mayor tiempo de preparación son más recomendables por sus interesantes características nutricionales. Y que esta práctica conlleva un mayor riesgo de padecer sobrepeso u obesidad y otras patologías asociadas como diabetes, hipertensión, cardiopatías o dislipemias.
De ahí la importancia de enseñar a la sociedad a hacer un uso correcto de los alimentos dentro de un patrón alimentario saludable como puede ser la Dieta Mediterránea, potenciando una alimentación basada en alimentos locales, con productos de temporada y de proximidad. Unos productos que, la mayoría de las veces, no llevan código de barras.The Conversation
Eva Espona Malet, Profesora Máster universitario "Nutrición y Salud", UOC - Universitat Oberta de Catalunya y Laura Esquius de la Zarza, Profesora del Área de Nutrición. Facultad de Ciencias de la Salud, UOC - Universitat Oberta de Catalunya
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.
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