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¿Es la dieta mediterránea recomendable para la covid-19?


Shutterstock / Antonina Vlasova
Iñaki Milton Laskibar, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Alfredo Martínez Hernández, IMDEA; Laura Isabel Arellano García, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

A punto de cumplirse un año desde que cambiaran nuestras vidas, todavía seguimos sin ver la luz al final de ese túnel llamado covid-19. Durante este tiempo se ha investigado mucho, sobre el coronavirus y sobre los factores que pueden influir en su prevención y tratamiento. Entre ellos destacan numerosos artículos publicados sobre los efectos beneficiosos que pueden tener nutrientes concretos sobre la covid-19.

Sin embargo, son escasos los estudios que se han centrado en analizar los beneficios que pueden suponer patrones dietéticos específicos sobre esta enfermedad. En el caso de la llamada “dieta mediterránea”, las propiedades saludables que se le atribuyen en enfermedades metabólicas y cardiovasculares son de sobra conocidos. No obstante, ¿sería también recomendable para la covid-19?

Cuando una persona es infectada por el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario se defiende produciendo una “tormenta inflamatoria” descontrolada. Esta excesiva respuesta inflamatoria produce daños en el tejido pulmonar, lo que se traduce en una disminución de la capacidad respiratoria. También se da un proceso inflamatoria en otros órganos y tejidos, lo que agrava todavía más la enfermedad.

La dieta mediterránea es considerada como uno de los patrones dietéticos más sanos. Se caracteriza por una elevada presencia de alimentos de origen vegetal (verduras, frutas, legumbres y frutos secos), el uso del aceite de oliva como principal fuente de grasa y el consumo moderado de leche y lácteos, pescado y carne blanca. La ingesta de estos alimentos proporciona, entre otros, ácidos grasos mono y poliinsaturados, así como otros compuestos bioactivos, entre los que destacan los polifenoles, presentes en alimentos de origen vegetal.

Dado que son numerosos los estudios en los que los efectos antiinflamatorios y antioxidantes de estos compuestos han sido demostrados, el consumo de alimentos ricos en polifenoles podría contribuir a reducir la severidad de la patología en personas con covid-19.

Otra de las características de la dieta mediterránea es la baja presencia de nutrientes y alimentos con efecto proiinflamatorio demostrado (como pueden ser los azúcares refinados, ácidos grasos trans o alimentos energéticamente densos). Todo esto ayudaría a reforzar el efecto antiinflamatorio mencionado.

Comer mejor para tener mejor pronóstico

Por otro lado, se ha descrito que nutrientes que están especialmente presentes en alimentos de la dieta mediterránea, como los ácidos grasos ω-3, los polifenoles o la vitamina D, mejoran la respuesta inmune en infecciones pulmonares. Este efecto también sería de interés en el caso de la covid-19, puesto que ayudaría tanto a prevenir o dificultar la infección por el virus, como a mejorar la respuesta inmunitaria en el caso de haber sido infectados.

A esto habría que sumarle el hecho de que la clínica de las personas que contraen la covid-19 suele tener peor pronóstico (severidad de la patología) si existen patologías subyacentes. Es el caso de las personas que padecen obesidad o diabetes, ambas caracterizadas por un estado inflamatorio crónico de baja intensidad que se ha relacionado con una mayor mortalidad por covid-19.

Del mismo modo, también se ha descrito que las personas con enfermedades cardiovasculares tienen una mayor tasa de mortalidad en el caso de contraer la enfermedad. Este proceso se debe a que una de las complicaciones de la covid-19 es el aumento de la agregación plaquetaria, lo que a su vez puede producir complicaciones trombóticas.

En este sentido, desde hace años la dieta mediterránea ha sido el patrón dietético de referencia para la prevención y el tratamiento de las enfermedades crónicas y metabólicas. Los beneficios que aporta la dieta mediterránea sobre estas patologías (cuya prevalencia a día de hoy sigue siendo alta) también la harían recomendable en el caso de la covid-19.

A día de hoy existe evidencia suficiente para considerar la dieta mediterránea como un patrón dietético recomendable que puede ayudar contra la covid-19. La idoneidad de este patrón dietético se debe, principalmente, a los efectos antiinflamatorio e inmunomoduladores.

A ello habría que sumarle que proporciona protección frente a otras enfermedades crónicas inflamatorias, las cuales pueden afectar de forma significativa en el desarrollo de la enfermedad. Sin embargo, y de esto también hay evidencia más que probada, mantener las normas de higiene y de distanciamiento social siguen siendo las medidas más efectivas para minimizar el riesgo de contraer la enfermedad.The Conversation

Iñaki Milton Laskibar, Investigador Postdoctoral en Cardiometabolic Nutrition Group, IMDEA Alimentación. Investigador en Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberObn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea; Alfredo Martínez Hernández, Director de Precision Nutrition and Cardiometabolic Health Research Program y Cardiometabolic Nutrition Group, IMDEA; Laura Isabel Arellano García, Estudiante Nutrición y Salud, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Catedrática de Nutrición. Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Los restaurantes son puntos calientes de covid. Reducir el número de comensales podría ayudar mucho.

 

FREE-PHOTOS | PIXABAY

Un nuevo modelo que utilizó datos de teléfonos inteligentes para monitorear la propagación de infecciones descubrió que limitar los lugares públicos al 20% de la capacidad reduciría las infecciones en un 80%. 

Por Charlotte Jee / 10 de Noviembre

Traducido por L. Domenech

Durante esta pandemia, cada actividad en un lugar público interior implica cierto nivel de riesgo, pero algunos lugares son mucho más riesgosos que otros, especialmente si son pequeños y están llenos de gente. Ya sabíamos que los restaurantes pueden convertirse fácilmente en puntos calientes, pero un nuevo artículo publicado hoy en Nature cuantifica cuán peligrosos son en realidad: cuatro veces más riesgosos que el siguiente lugar más riesgoso, que era el gimnasio. Sin embargo, podría haber una forma sencilla de reducir el peligro. Los límites a la cantidad de personas a las que se les permite estar dentro de un restaurante simultáneamente podrían reducir las infecciones drásticamente, según un nuevo modelo creado por el equipo de epidemiólogos, científicos informáticos y científicos sociales de las universidades de Stanford y Northwestern. Los investigadores utilizaron datos de teléfonos inteligentes para predecir dónde las personas contraían el coronavirus. Utilizaron datos sobre los movimientos de casi 100 millones de personas en las 10 ciudades más grandes de los EE. UU. Desde el 1 de marzo al 1 de mayo de 2020, proporcionados por SafeGraph, una empresa que agrega datos de ubicación anónimos de aplicaciones para teléfonos inteligentes. Recogieron los movimientos de personas entre sus barrios y puntos de interés como gimnasios, tiendas de abarrotes, restaurantes o lugares de culto. Luego, utilizaron los datos del teléfono inteligente para predecir infecciones basándose en tres métricas: qué tan grande era el lugar, cuánto tiempo permanecían las personas dentro y cuántas personas probablemente serían infecciosas en el área determinada. Finalmente, compararon el número de infecciones pronosticado por su modelo con el número oficial de infecciones registradas en esos vecindarios durante ese mismo período. El nuevo modelo pudo predecir con precisión casos reales, dijo el equipo. Al simular varios escenarios utilizando el modelo (reapertura de capacidad total o límites al 50%, por ejemplo), los investigadores encontraron que implementar límites de ocupación del 20% de la capacidad reduciría las tasas de infección en un 80% y minimizaría el impacto económico. El estudio encontró que solo el 10% de las ubicaciones representaron el 85% de las infecciones en Chicago en el período de tiempo examinado, probablemente hasta los llamados eventos de superpropagación. Esto sugiere que los límites de ocupación podrían reducir significativamente las tasas de transmisión y permitir que las empresas permanezcan abiertas. Dado que estos límites solo afectarían principalmente a las visitas durante las horas pico, los restaurantes perderían alrededor del 42% de los clientes en promedio. Los autores enfatizaron que medidas como el uso de máscaras y el distanciamiento social también tendrían que ser parte de la mezcla para reabrir de manera segura.

"Nuestro trabajo destaca que no tiene que ser todo o nada, y podemos elegir diferentes métodos para diferentes lugares", dijo Jure Leskovec, profesor asociado de informática en la Universidad de Stanford y uno de los autores del artículo, en una conferencia de prensa hoy. "Nuestro trabajo proporciona una herramienta para que los responsables de la formulación de políticas el tipo y las cuantías de las compensaciones". El estudio también arrojó algo más de luz sobre exactamente por qué el riesgo de contraer covid-19 y morir a causa de él se correlaciona tan estrechamente con el origen étnico y el origen socioeconómico. Primero, el modelo encontró que las personas en vecindarios con menos gente blanca e ingresos promedio más bajos no tienen tantas oportunidades de reducir su movilidad, sin duda porque es menos probable que tengan trabajos que puedan hacer desde casa. No solo eso, sino que los lugares que visitan los grupos de menores ingresos tienden a estar más concurridos, lo que aumenta el riesgo de infección. El estudio encontró que las tiendas de comestibles frecuentadas por personas con ingresos más bajos suelen estar más apretadas y los compradores tienden a permanecer adentro por más tiempo, lo que hace que estas visitas sean dos veces más peligrosas. Existe un inconveniente obvio de los límites de ocupación: reducen la cantidad de dinero que las empresas pueden atraer, potencialmente hasta el punto en que se vuelven económicamente inviables. Determinar cómo las empresas ganan suficiente dinero para permanecer abiertas mientras limitan la cantidad de personas que pueden visitarlas, o si el gobierno debería subsidiar las empresas para mantenerlas a flote con números de clientes restringidos, es el próximo tema complejo y polémico que se debe abordar. Depende de ustedes, economistas.

Actualización: esta historia se cambió para proporcionar más detalles sobre las brechas de ocupación.

El artículo original se puede leer en MIT Technology Review

¿Se puede transmitir la covid-19 a través de los alimentos?

 

Shutterstock / FamVeld
Saioa Gómez Zorita, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

El origen del coronavirus responsable de la covid-19 no está claro. Probablemente un animal actuó como reservorio (quizá un murciélago) e infectó a otros (como pangolines, cerdos y roedores), que actuaron como hospedadores secundarios. Estos entraron en contacto con al menos una persona, puede que a través de su consumo, y la infectaron. Cuando la enfermedad pasa de un animal a un humano hablamos de una enfermedad zoonótica.

Aunque la primera infección se produjera de este modo, en la actualidad no existe evidencia suficiente para alarmar a la población sobre el riesgo de contagiarse por consumir alimentos contaminados. Al menos, no en nuestra sociedad. Los coronavirus necesitan un hospedador (animal o humano) para crecer y no se desarrollan en los alimentos. Efectivamente, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha indicado que actualmente no existen pruebas de que los alimentos planteen un riesgo para la salud pública en relación con la covid-19. Hasta la fecha, no se ha notificado transmisión de covid-19 a través del consumo de alimentos.

Por otra parte, la experiencia previa de brotes de otros coronavirus afines al SARS-CoV-2, como el responsable del SARS y el del MERS, nos muestra que no se produjo transmisión a través del consumo de alimentos.

Pese a ello, dado que el riesgo cero no existe, habría que tener en cuenta lo siguiente:

  1. Evitar la ingesta de animales exóticos o salvajes como los murciélagos, las civetas o los pangolines.

  2. Extremar las precauciones con carne de mamíferos o aves procedentes de instalaciones en las que haya habido focos de infección.

  3. Impedir la contaminación de los alimentos, o los envases en los que se encuentran, a través de las gotitas respiratorias de una persona infectada (al hablar, toser, estornudar).

  4. Evitar la contaminación cruzada de alimentos. Por ejemplo, por una limpieza no adecuada de los recipientes donde se han almacenado o de los utensilios previamente utilizados con los animales muertos/no cocinados.

Consejos prácticos:

En relación con la seguridad de los alimentos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado recomendaciones para la prevención, que también incluyen asesoramiento sobre el mantenimiento de buenas prácticas higiénicas durante la preparación y la manipulación de los alimentos.

  1. Limpieza frecuente de manos preferiblemente con agua y jabón, en su defecto con una solución hidroalcohólica.

  2. No tocarse la cara o el pelo y posteriormente, sin lavarse las manos, manipular alimentos.

  3. Los trabajadores que manipulen alimentos deberán utilizar mascarilla.

  4. Lavar la fruta y verdura con abundante agua, frotando los alimentos o bien sumergirlas durante 5 minutos en agua potable con 1 cucharita de postre de lejía (4,5 ml) por cada 3 litros de agua y acláralas después con abundante agua corriente.

  5. Cocinar los alimentos adecuadamente (evitar que estén crudos), ya que otras técnicas como la refrigeración o la congelación no solo no eliminan el virus sino que prolongan su supervivencia (el virus aguanta más tiempo en congelación que a temperatura ambiente). El cocinado de los alimentos sería suficiente para matar los virus. Un tratamiento con calor que suponga al menos 30 minutos a 60 °C es efectivo en el caso del SARS.The Conversation

Saioa Gómez Zorita, Investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberObn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea y Maria Puy Portillo, Catedrática de Nutrición, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Cómo afectó la pandemia de COVID-19 al precio de los alimentos



Shutterstock / Zorabc
Laura Martínez-Carrasco, Universidad Miguel Hernández y Margarita Brugarolas, Universidad Miguel Hernández

La incursión en nuestras vidas de la COVID-19 y el estado de alarma que se decretó en marzo de 2020 fue un varapalo que nos cogió a todos desprevenidos.

El sector primario (agricultores y ganaderos) se encontraba en aquel momento sumido en unas movilizaciones para reivindicar precios justos a lo largo de la cadena alimentaria. Sin embargo, de la noche a la mañana, retiraron sus tractores de las calles para responder a la mayor presión que había experimentado la cadena agroalimentaria en las últimas décadas.

Los consumidores, por su parte, respondieron al estado de alarma, primero con compras de pánico, haciendo acopio de alimentos básicos no perecederos. Pasaron después a adquirir productos más vinculados al ocio, como snacks, bebidas alcohólicas o productos de repostería (harina y levadura).

Algunos estudios, como el llevado a cabo por la consultora Kantar, pusieron de manifiesto que las compras de productos de gran consumo se incrementaron un 21 % en la semana de la declaración del estado de alarma.

Otros trabajos, como el de Pérez-Rodrigo et al. (2020) analizan estos y otros cambios en los hábitos alimentarios durante el confinamiento.

En todo este tiempo, la cadena alimentaria ha respondido de forma ejemplar. Ha demostrado un perfecto engranaje de todos sus actores, desde agricultores y ganaderos hasta el personal de venta de los supermercados, pasando por el sector industrial y la logística de la distribución.

Precios de los alimentos en el estado de alarma

Pero ¿qué ha pasado con los precios de los alimentos durante todo este tiempo? La teoría económica nos dice que la formación de precios se produce por interacción entre la oferta y la demanda, por lo que los movimientos antes descritos no han podido dejar indiferentes a los precios.

Así lo ponen de manifiesto los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística, que está estudiando en detalle la cesta de la compra de los españoles en esta situación. Para ello ha creado un grupo especial de bienes, a los que ha denominado Grupo especial bienes COVID-19, que incluye, entre otros, los productos de alimentación y bebidas.

Según estos datos, en abril, los precios de los alimentos frescos subieron un 2,6 % respecto a marzo y los alimentos envasados un 0,7 %. El mayor incremento de precios lo registraron las legumbres y hortalizas frescas, con una tasa de variación mensual del 10,4 %, seguido del marisco fresco (tasa mensual del 3,5 %), el pescado fresco (+2,7 %) y las patatas (+2,6 %).

Por el contrario, los precios de la carne de ovino descendieron en este período un 2,1 %. Entre los alimentos envasados, destacan las subidas de precios de la pizza (+3,6 %) y las pastas alimenticias y los zumos de frutas (+2,5 %).

Sin embargo, tanto en mayo como en junio, los precios de los alimentos frescos descendieron un 0,4 % y un 0,3 % respecto al mes anterior, lo que puede ser un indicio de la estabilización del mercado. Por su parte, el precio de los alimentos envasados siguió subiendo un 0,2 % en mayo respecto al mes anterior. Sin embargo, en junio se ha registrado un descenso de un 0,3 %.

Aunque es pronto para pronosticar lo que ocurrirá en los próximos meses, máxime ante la incertidumbre de la evolución de la COVID-19, parece que la mayor subida experimentada en abril tendería a estabilizarse.

Bienes y servicios consumidos en junio con mayor repercusión positiva en el IPC (Índice de Precios de Consumo). INE

¿Cuál es la causa de estos movimientos?

Algunas voces del sector primario achacan las causas de estas subidas de precios a movimientos especulativos, pero desde el sector de la distribución aseguran que se tratan de subidas puntuales, especialmente en las categorías de frutas y verduras. Descartan que haya cualquier tipo de especulación en la cadena alimentaria o que se esté jugando con los márgenes.

El descenso en la producción de algunos alimentos frescos como las frutas de hueso y/o la falta de mano de obra para la recogida de las cosechas también puede estar detrás de este encarecimiento de los precios.

La demanda de alimentos en los hogares

Diversos expertos apuntan a dos tendencias en cuanto a la demanda de alimentos, tendencias que tendrán su repercusión en la configuración de los precios.

  • Por un lado, se observa una creciente preocupación por la seguridad alimentaria que originará un segmento demandante de productos prémium. Según un informe de la Asociación de Fabricantes y Distribuidores (AECOC), el 59 % de los españoles comprará más productos de proximidad, el 51 % comerá más saludable y el 10 % adquirirá más productos prémium. Estos productos podrán alcanzar un precio elevado por el valor añadido que representan.

  • Por otro lado, la inminente crisis económica traerá consigo un sector demandante de ayuda alimentaria y de productos básicos a precios muy bajos. El informe de la AECOC revela que el 23,3 % de los consumidores ha aumentado la compra de productos de marca de distribuidor.

La realidad es que estamos ante un futuro incierto, en el que prever los escenarios futuros es muy complicado. Sin embargo, todo parece indicar que, en un hipotético caso de regreso al confinamiento, el sector alimentario estaría más y mejor preparado para responder a la crisis de lo que lo estuvo. Por otra parte, su buen funcionamiento ha mejorado la confianza de los consumidores, por lo que difícilmente se producirán situaciones de desabastecimiento.

En cualquier caso, la crisis económica a la que esta pandemia nos está conduciendo puede ser un factor determinante en la demanda de los productos, por lo que deberemos estar preparados para nuevos movimientos en los precios de los alimentos.The Conversation

Laura Martínez-Carrasco, Titular de Universidad. Economía, Sociología y Política Agraria. Marketing agroalimentario, Universidad Miguel Hernández y Margarita Brugarolas, Catedrática de Escuela Universitaria en el área de Economía Agroambiental, Universidad Miguel Hernández

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.